Opinión


No debemos bajar la guardia

No debemos bajar la guardia | La Crónica de Hoy

Hace muchos años vi en una de las tiras cómicas de Mafalda algo que me pareció cómico, pero real, como mucho de lo que presentaba Quino a través de sus adorables personajes. Felipito, el amigo de Mafalda, parado frente a una estatua de un héroe, leía que en la placa decía: “al héroe incansable que lucho……..” y entonces, Felipito reflexionó: esto no tiene chiste, si eres incansable, puedes seguir luchando indefinidamente. Lo que te hace héroe es que, aunque te canses, no dejes de luchar.

Traigo este relato por lo que está pasando en esta larga pandemia. Ya nos cansamos todos. Unos más y otros menos, pero todos estamos cansados de que el asunto sigue y sigue y no termina. Los mismos personajes en la novela de la tarde para decir cosas que se parecen mucho un día con otro. La misma información en el periódico, cuando vemos en los mismos que en otros países ya disminuyó considerablemente el asunto.

Nos podemos cansar, pero como dijo Felipito, que eso no sea el pretexto para dejar de luchar. No podemos bajar la guardia. La pandemia de COVID-19 sigue su curso y está lejos de empezar a ver el inicio del fin. Sigue creciendo el número de casos en el país. Cada cierto número de días se alcanza un nuevo pico. Llevamos semanas esperando que el pico de esa semana ya haya sido el último pico, para descubrir una semana después de que no lo era. Continuamos con alrededor de 2% de incremento diario y por eso es que se genera un pico a cada rato, porque mientras más casos ha habido, el 2% en números reales cada vez es mayor. La parte buena, quizá, es que al menos no se ha incrementado ese porcentaje. El país es tan grande que en parte esto obedece a que, mientras en algunos lugares los datos sugieren que ya va de bajada, en otros va de subida. Nos vamos a tardar mucho tiempo más en ver una disminución real en el número de casos.

Por estos motivos quiero reforzar que por lo pronto, lo único que podemos hacer es seguir luchando. Los boxeadores pierden cuando bajan la guardia. Debemos seguir con la guardia arriba y redoblar las medidas preventivas, que sabemos que son útiles y que por lo pronto es lo único que tenemos, hasta que llegue una solución más contundente, como una vacuna. El problema, que lo vemos con muchas enfermedades crónicas como la obesidad, la diabetes, el tabaquismo, la hipertensión, etc. es que la población se puede tomar cualquier pastilla o ponerse las inyecciones que uno indique, pero lo que no puede hacer es cambiar de hábitos y de estilo de vida, que a largo plazo son más eficientes que las medicinas.

La sana distancia. Es fácil entender que mientras más lejos de uno esté la persona que tiene COVID, la probabilidad de contagio es menor. Por eso, aunque ya nos cansamos de estar encerrados, hay que seguir así. En particular, es deseable que la población evite ir a lugares concurridos y menos, si no tiene nada urgente que hacer ahí. Es de llamar la atención que los diarios publican fotografías del centro histórico en los fines de semana con mucha gente en la calle. Si no hay una razón de verdadero peso para asistir a un lugar concurrido, debemos evitarlo todavía por varios meses más. Y, a los lugares a los que tenemos que ir (supermercados, bancos, farmacias, etc.), tratar de ir en los horarios que hay menos personas y mantener una distancia de cuando menos dos metros de cualquier otra persona.

El uso correcto de cubrebocas. Los cubrebocas claramente sirven para disminuir la tasa de contagio, lo cual queda claro por lo que se ha observado en los países asiáticos en donde todos lo utilizan. Hay que entender que la razón principal para utilizarlo es evitar contaminar el lugar si uno tiene COVID. Hay muchos casos asintomáticos y aun en los que desarrollan síntomas, pasan de uno a cinco días antes de hacerlo. Entonces, ponerse el cubreboca es principalmente un acto de civilidad, porque lo hacemos para proteger a los demás. Pero, hay que utilizarlo bien. El cubreboca debe cubrir por completo la nariz y la boca. No es un adorno que va abajo del cuello, como si fuera barba. Es tan sencilla la instrucción de cómo utilizarlo, que cuando veo en las fotografías del centro histórico como trae la mayoría puesto el cubrebocas (los que lo traen), entiendo porqué no funcionan, como deberían, los anticonceptivos.

Lavarse las manos lo más seguido que se pueda, en forma compulsiva. Además de las partículas virales en el ambiente, la otra fuente de infección es tocar personas o cosas que tienen el virus y luego, tocarnos la cara. Así mismo, lavar o limpiar con cloro cualquier mercancía que llegue o traigamos a casa.

Aislarnos en caso de enfermedad, inclusive de la familia y hacer la prueba para SARS-CoV-2 en todos los contactos de los últimos cinco días, para detectar aquellos positivos y asilarlos. Además, considerar a todos los contactos como potencialmente enfermos asintomáticos y, por lo tanto, permanecer aislados también por quince días a partir del último contacto con el enfermo.

Si todos siguiéramos estas simples indicaciones, necesariamente el número de casos tendrá que bajar. Además, esto nos podría traer una ventaja adicional. Ya viene el final del año con el consabido aumento en el número de casos de gripa estacional y de influenza, que sin tanto ruido como el COVID, pero también cobran un número importante de vidas, particularmente en la población de la tercera edad. Estas medidas para disminuir el COVID también son útiles para estas otras infecciones. De hacerlo todos, podríamos lograr que al llegar el fin de año tengamos una época con bastante menos COVID y libre de gripa e influenza.

*Instituto Nacional de Ciencias
Médicas y Nutrición Salvador
Zubirán e Instituto de
Investigaciones Biomédicas, UNAM.

 

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