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“No habría tanto feminicida suelto si no estuvieran protegidos por sus familias”

ENTREVISTA. Lo que ellos hacen es borrarlas, callarlas, quitarles literalmente el aire. Este libro es un esfuerzo de desborrar y despejar el terreno para que Liliana ocupe un lugar en el que siempre debió de haber estado, dice Cristina Rivera Garza/ Foto: La Tempestad

 “No habría tanto feminicida suelto si no estuvieran protegidos por sus familias” | La Crónica de Hoy

No habría tanto feminicida suelto si éstos no estuvieran protegidos por sus familias, allegados, conocidos y amigos, quienes todavía no pueden creer lo que hizo o lo creen, pero simplemente no les parece importante, expresó la escritora Cristina Rivera Garza, a propósito de su reciente libro El invencible verano de Liliana, donde relata el feminicidio de su hermana a manos del presunto feminicida Ángel González Ramos.

“Los feminicidios, entre otras cosas, lo que hacen es volver más radical una situación que ya es normal: la invisibilización de la mujer. Lo que ellos hacen es borrarlas, callarlas, quitarles literalmente el aire. Este libro es un esfuerzo de desborrar y despejar el terreno para que Liliana ocupe un lugar en el que siempre debió de haber estado”.

Ante esto, ¿por qué la madre esconde al feminicida?, ¿por qué la hermana decide que es más importante la vida del feminicida a la de la mujer que conoció?, cuestionó la autora en entrevista. “Este libro lo que se propone es exigir justicia y ahí está la foto del presunto asesino. Los feminicidas logran escapar y se escabullen porque hay gente que los protege por una definición muy perversa del amor”.

“No obstante, mientras no haya justicia, las nuevas generaciones en las familias de los asesinos tienen una cuenta por pagar, la cual se hereda a hijos y nietos. Ojalá que los asesinos se den cuenta de esto y se entreguen, porque esa es una maldición que están propagando en sus propias familias y si éstas los encubren, que sepan que se están enterrando a sí mismos”.

 SILENCIO. El problema de la muerte es que no sucede sólo por un momento, sino que un proceso muy largo en el que los familiares de las personas cuyas vidas han sido arrebatadas con violencia viven de forma “intrincada, perversa, cabrona” y callan, terminando el trabajo que inició el asesino, explicó Rivera Garza. 

“La sociedad conservadora, todos los vericuetos patriarcales y del estado están diseñados para callarnos la boca, desde los que culpan directamente a la víctima sin ningún tipo de vergüenza, hasta los bien intencionados que dicen cosas dolorosas que culpan a la víctima ‘de forma ligera’, diciendo cosas como: ¡qué equivocación de la chica!, ¡cómo la dejaron ir sola a la Ciudad de México!”

Es este tipo de respuesta, “de lenguaje hegemónico”, provoca una reacción protección a uno mismo y los suyos, de retirarse de la mirada voraz y morbosa del entorno, compartió. “Eso es lo que personalmente ha sido muy difícil navegar, lo que me di cuenta, cuando pasaron los años, es que ese silencio que habíamos vuelto un duelo privado estaba completando la tarea del asesino en lugar de luchar contra él”.

Por ello, Rivera Garza decidió interrumpir la labor del asesino, “que ha seguido asesinando todos estos años”, y abrir las cajas intactas en las que guardaron por 30 años todas las pertenencias del departamento donde vivía su hermana en 1990, cuando tenía 20 años y estudiaba la carrera de arquitectura en la Universidad Autónoma Metropolitana. 

“Lo que estaba en esas cajas era el centro de nuestras vidas como familia y no las abríamos por el miedo de encontrar algo terrible, todavía más terrible que su muerte, pero se juntaron una serie de factores que me hicieron abrirlas, como la pandemia en que hemos estado muy conscientes de nuestra mortalidad y nuestra finitud, además de que uno se está preparando para la edad adulta y sabe que restan cada vez menos años y que entonces existe la posibilidad de que una memoria así se pierda”.

Gracias a estas cajas donde había diversos escritos y alguna de la correspondencia que intercambiaba con sus amigos, la autora pudo darle la voz cantante a su hermana, Liliana Rivera Garza. “Intenté escribir muchas veces y de múltiples maneras su historia, hasta que, literalmente, me encontré su voz en las cajas, donde ella la había dejado cuando se encargó de crear un archivo de sí misma”.

“El hecho de que sea su voz la que se abre camino, la que nos va dejando ver cómo estructura una carta, de qué manera jocosa lidia con el lenguaje, cómo cambia los lugares del cuerpo de la carta, sus ideas, todo fue como volverla a encontrarla en la tinta de la pluma que ella tocó, en la mano que estuvo sobre ese papel… ahí hay una presencia física que siempre ha estado, que ahora ocupa el lugar digno que merece”.

Desde la editorial, cuenta, se ha creado el correo elinvencibleveranodeliliana@gmail.com en el que se recibirá cualquier pista o información de Ángel González Ramos

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