Opinión


¿Noticias falsas?

¿Noticias falsas? | La Crónica de Hoy

Más allá de la irritación que produce en ciertos círculos intelectuales el modo de comunicar del Presidente, no creo que ninguno de ellos sea capaz de sostener que la libertad de expresión es menor con respecto a sexenios anteriores. A muchos les irrita que el Presidente dé su opinión con respecto a algunos medios en los que su gobierno recibe críticas constantes. Les molesta que él o algún integrante de su gabinete recurran a expresiones que le dan un matiz diferente a un trabajo periodístico como «se portaron mal con nosotros», «ese medio ya  casi no lo leo», «existe una prensa conservadora». Hay quienes llegan al exceso de advertir que estas expresiones inhiben el libre ejercicio de la crítica que nunca, y menos ahora, ha sido tan intensa, aunque la misma no goce de la simpatía de amplios sectores de la sociedad a quienes muchos periodistas empiezan a descalificar.

También les pone de malas que se le dé un adecuado contexto a la información, como cuando se dio a conocer que la detención del periodista Humberto Padgett, actual colaborador de Ciro Gómez Leyva (aferrado defensor del NAIM Texcoco) obedeció a que Padgett y las dos escoltas que tiene desde hace un par de años por un trabajo sobre narcomenudeo en C.U., ingresaron con mentiras a las instalaciones resguardadas por el ejército en Santa Lucía para grabar imágenes sin permiso. Es decir, la momentánea detención del periodista se dio porque sus escoltas mintieron para acceder al sitio donde será construido el nuevo aeropuerto, grabaron sin permiso en las inmediaciones y cuando se les pidió identificarse tras detectárseles armas de fuego, pretendieron fugarse. Un nuevo fenómeno es el grado de enmascaramiento de las fake news. Entre la hilarante «Trama rusa», cocinada en un búnker en la calle de Berlín, Coyoacán, y que con tanto desparpajo difundieron varios articulistas, entre ellos algunos connotados especialistas en temas internacionales, y lo que ahora sucede, hubo mucho aprendizaje de por medio. Aunque en algunos casos se sigan cometiendo las mismas torpezas. Como esa incesante necedad de comparar a AMLO con Chávez o Nicolás Maduro y una supuesta y perversa tendencia a reelegirse.

Muchas noticias falsas emplean métodos de elaboración o propagación más refinados. Es decir, aprendieron la lección y siguen trabajando para minar la credibilidad presidencial. Por ejemplo, los periodistas o los medios que recurren involuntaria o acaso voluntariamente a ciertas fake news, gozan de menos desprestigio que los comentócratas al servicio casi exclusivo de los anteriores regímenes que, tiene razón el Presidente, criticaban con tibieza o se guardaban información relevante que uno no entiende por qué diablos no la difundían a ocho columnas. ¿Acaso —y si formulo la pregunta es porque mantengo un grado de duda razonable— es porque efectivamente se la guardaban para chantajear?

De este comportamiento también es corresponsable el gobierno. Y no me refiero a las conferencias en las que AMLO da su visión de las noticias, da a conocer noticias nuevas, aprovecha noticias de días anteriores para hacer compromisos públicos como el de no reelegirse, lanza al ruedo a sus colaboradores para que enfrenten a la prensa y de paso marca la agenda política. Eso para mí está bien. El grado de corresponsabilidad en el que el gobierno incurre para abundar en el fenómeno de la falsa información, no proviene de las mañaneras, sino del ejercicio de las secretarías de Estado y organismos descentralizados para combatir este fenómeno con eficacia.

El caso más reciente fue el que, con base en un supuesto documento de la SEP denominado Hacia una Nueva Escuela Mexicana, se estaría instruyendo a docentes para que tras ser leído un documento, en teoría firmado por AMLO al inicio de clases, éstos estarían obligados a aplaudir. La información fue difundida por Proceso y el material, que tuve oportunidad de ver, lo decía claramente. El punto es que, de acuerdo con la SEP: “[La secretaría] no ha emitido instrumentos de capacitación para inicio del ciclo escolar 2019-20. Los materiales se encuentran en proceso de elaboración por un grupo amplio de supervisores escolares reunidos para ello. La SEP publicará documentos oficiales el 2 de agosto de 2019.”

Es oportuno reflexionar si este desmentido vuelve apócrifa la información en la que se basó Proceso para cabecear su nota de la siguiente manera: «En inicio de ciclo escolar, se leerá carta de AMLO a docentes; les piden aplaudir»; nota que sirvió para que se dieran tiempo otros espacios noticiosos para armar revuelo. La reflexión es necesaria porque se afirmó que el material se estuvo repartiendo en Acapulco, y el contenido editorial del manual de marras, aunque no sea oficial, sí parece ser el resultado de un trabajo al interior de la SEP, quizá sujeto a revisión de otras instancias, de lo contrario el grado de refinamiento de las Fake News para golpear a la 4T nos tendría que obligar a un ejercicio serio de verificación de la noticia. Y por verificación no se entienda simplemente reproducir el desmentido de la SEP. Sino ir más allá. ¿Quién produjo el documento si no provino de la SEP? ¿Si, como dije, forma parte de un proceso con tendencia a la emisión de documentación oficial, por qué no se aclara con todas sus letras?

No se vale que un medio no aclare su fuente cuando se cuestiona una nota, pero tampoco es correcto que a través de un desmentido oficial, se dé como falso un documento bien armado que pudo provenir de la propia SEP. Darle seguimiento al contexto de estas inconsistencias nos puede revelar quién está haciendo mal su trabajo.

 

 

 

dgfuentes@gmail.com

 

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