Opinión


Notre Dame como metáfora de la Iglesia, hoy

Notre Dame como metáfora de la Iglesia, hoy | La Crónica de Hoy

El lunes de la semana que recién terminó, la prensa católica francesa y en otras lenguas daba a conocer los resultados de un estudio que analiza uno de los fenómenos que, tristemente, marcan a la Iglesia católica en la actualidad, el de las apostasías o desbautismos en Francia. Se compara el número de personas que habían pedido no ser considerados más como católicos en las arquidiócesis de París y de Lyon, así como a escala nacional francesa (ver http://bit.ly/apostasiaFr2019). 

Los números de Lyon, una ciudad ubicada en el sureste de Francia, cerca de la triple frontera entre Suiza, Italia y Francia, de París y otras ciudades dejaban ver una mayor intensidad en este fenómeno. El reporte vinculaba este aumento en el número de apostasías al escándalo que involucra al arzobispo y cardenal de Lyon, Philippe Barbarin quien, el 19 de marzo de este año, acudió a Roma a presentar la renuncia a sus cargos al papa Francisco.

La razón de su renuncia fue su condena en un tribunal de primera instancia por su papel en el encubrimiento de una serie de abusos sexuales perpetrados por sacerdotes de su diócesis. El papa no aceptó su renuncia, pero sí le sugirió que su vicario asuma la responsabilidad de la diócesis, por lo menos hasta que se resuelva la apelación que presentó luego de ser declarado culpable.

Unas horas más tarde, los mismos medios que daban cuenta de esta nueva realidad, empezaban la penosa crónica de las más de doce horas de quemazón que terminaron por destruir parte de la bóveda, la llamada aguja y otros elementos de la iglesia madre de Francia, la catedral de Notre Dame de París. Todos sabemos a estas alturas que, afortunadamente, la pronta intervención de los bomberos franceses impidió que se perdieran obras de arte, reliquias y mobiliario de la iglesia madre de Francia y ahora iniciará la reconstrucción.

Esa reconstrucción será muy cara, empezando por el hecho que ya no hay árboles suficientemente grandes para sustituir las vigas que durante más de ocho siglos sostuvieron la pesada, pero delicada estructura de la catedral. A pesar de ello, seguramente se podrá encontrar una solución que no implique usar madera.

El problema de fondo de la Iglesia francesa, sin embargo, no es el de la reconstrucción de Notre Dame. Es el de la reconstrucción de la confianza en las decisiones que toman figuras clave de la institución como el cardenal Barbarin. Para ello no hace falta dinero. Lo que falta es atender lo que ha dicho el papa Francisco acerca del profundo daño que le hace a la Iglesia el clericalismo.

Sin la disposición a atacar el núcleo del problema, la idea más bien estúpida de que obispos, presbíteros y diáconos son tan especiales que se les debe proteger y encubrir sus delitos, seguirá siendo el motor que alimente la fuga de los católicos a otras denominaciones cristianas, a la apostasía y a la descreencia. Frente a ello, la Iglesia debería reconocer sus propios errores en lugar de insistir en culpar a otros de lo que su jerarquía hace, como ha ocurrido recientemente con un texto atribuido al papa emérito Benedicto XVI, que sigue una lógica perversa de avestruz que explica el enojo de muchos de los que deciden apostatar.

En las cenizas de Notre Dame, la Iglesia ha encontrado una metáfora casi perfecta de su presente, que es más relevante cuando pensamos que esto ha ocurrido en las últimas horas de la cuaresma y una semana antes de que celebremos hoy la resurrección de Jesús.

Felices pascuas.

 

manuelggranados@gmail.com

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