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Novelan la vida de Carlos Denegri, el periodista que industrializó el chayote

Relato. “Era un hombre intoxicado de poder en el ejercicio de la profesión periodística y en la vida íntima, en el trato con sus mujeres, a las que humillaba de una manera terrible, pero al mismo tiempo tenía una debilidad de carácter que lo arrastraba hacia el despeñadero con más fuerza”, dice Enrique Serna

Novelan la vida de Carlos Denegri, el periodista que industrializó el chayote | La Crónica de Hoy

Carlos Denegri fue el hombre que industrializó el chayote periodístico, fue un mocho depravado que obtuvo fama tras la cobertura de la Segunda Guerra Mundial, que hizo desde Londres para el periódico Excélsior. La vida de este periodista y líder de opinión de mediados del siglo XX es retratada por Enrique Serna en su reciente novela El vendedor de silencio.

“Fue el hombre que industrializó el chayote en su época. Todas las menciones de su columna de los domingos eran pagadas y la Presidencia lo utilizaba para repartir coscorrones entre miembros de la familia revolucionaria y para dar premios y castigos”, señala el autor.

— ¿La novela también es un recorrido por la historia contemporánea del país?

—Para ubicar a Denegri tenía que narrar el proceso degenerativo de un régimen que llegó al poder a balazos, que creó un monolito invencible y a pesar de un paréntesis de liderazgo ético que fue el sexenio de Lázaro Cárdenas, nunca pudo renunciar a su ADN autoritario.

“Ésa es una historia que corre paralela como telón de fondo y que es determinante porque un personaje así no podría existir en la actualidad porque hoy los mejores periodistas son quienes tienen independencia y libertad para decir lo que piensan”, responde.

El interés de Enrique Serna por los últimos dos años de vida de Carlos Denegri fue por la contradicción del personaje: un hombre soberbio y vulnerable.

“Era un hombre intoxicado de poder en el ejercicio de la profesión periodística y en la vida íntima, en el trato con sus mujeres, a las que humillaba de una manera terrible, pero al mismo tiempo tenía una debilidad de carácter que lo arrastraba hacia el despeñadero con más fuerza. Me pareció interesante escribir una novela sobre un personaje así porque la novela es el teatro donde los hombres luchan contra sus demonios”, indica.

Denegri consiguió la fama en el periodismo por una serie de reportajes que escribió durante la Segunda Guerra Mundial ya que viajó a Londres cuando sucedieron los bombardeos nazis y desde la travesía mandó entregas que aparecían en la primera plana de Excélsior.

“Le daban cinco columnas, crearon una gran expectación y fue el único periodista mexicano que cubrió directamente la Segunda Guerra Mundial. En esos reportajes se retrató como una especie de James Bond que seducía a la recepcionista del hotel o a una aristócrata inglesa”, detalla.

Cuando Denegri regresó de Londres era una celebridad y se convirtió en un periodista codiciado por el sistema político.

“Le daba prestigio ilustre a los hombres del poder. Fue en el sexenio de Miguel Alemán cuando alcanzó el apogeo de su fama porque al ser hijastro de un prominente político sonorense, Ramón P. Denegri, encajó perfectamente en esa camada de cachorros de la Revolución quienes regentearon la industrialización del país y se enriquecieron mediante la rapiña a costa del erario público”, señala Serna.

— ¿Sus hazañas más placenteras era conquistar mujeres y los espaldarazos?

— Es un hombre que vio las relaciones amorosas como relaciones de poder, es decir, la característica del machismo.

“Además, creo que hay una clara correspondencia entre esa misma misoginia y el carácter autoritario del régimen al que servía porque al gozar de una impunidad absoluta sentía que podía tratar a patadas a sus mujeres y nunca le iba a pasar nada porque por la vía legal no había manera de vencer a un hombre tan influyente y poderoso”, responde.

Sobre la doble moral de Denegri, Serna describe las donaciones que el periodista hacía a una congregación de religiosas.

“Hasta cierto punto era un mocho, pero al mismo tiempo, un mocho depravado. No creo que fuera un hipócrita. Pienso que fue un creyente sincero pero oscilaba todo el tiempo entre el pecado y el arrepentimiento. En sus excesos de borrachera hacía grandes atrocidades y al día siguiente sentía la necesidad de expiar sus culpas. Que al final de cuentas es la mecánica de nuestros creyentes sinceros: peca ahora y paga después”.

— ¿Sentir vergüenza fue su único freno?

— Dice Freud que el impulso que mueve al ser humano durante la mayor parte de su vida es el principio del placer pero a partir de cierta época predomina el instinto de muerte, eso hace que inconscientemente el ser humano esté buscando cosas que lo van a destruir.

“Ésa es una cosa que empieza a ganar terreno más y más en la vida de Denegri hasta que lo lleva a una especie de suicidio asistido que fue su trágico final”, externa.

 

 

►  El vendedor de silencio se presentará el 27 de septiembre a las 19:00 horas en la Biblioteca Vasconcelos (Eje 1 Norte s/n, Buenavista, CDMX)

 

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