Opinión


Nunca un destino como el boliviano

Nunca un destino como el boliviano | La Crónica de Hoy

PRESIDENTE LÓPEZ OBRADOR:

+A buen entendedor, pocas palabras

Refrán popular

 

CIUDAD DE MÉXICO.- Por fortuna o por desgracia, nuestra historia tiene ejemplos para casi toda circunstancia política latinoamericana, sobre todo; y a usted le puede ir mejor si acepta la petición que le mando:

No vaya a cometer el error de asesinar las glorias que, si cambia ya lo que está ocurriendo en su presidencia, pueda acumular, y tenga la seguridad de que todos le reconoceremos y le agradeceremos su herencia. Desista, presidente, de su deseo de construir su propio destino como el primer presidente que se reelige en México luego de las casi últimas 12 décadas y permita que su gente  le aplauda todo lo que haga por su país, sin mancharse como los dos ejemplos que enseguida le recuerdo; el primero y principal pertenece a nuestra propia historia y usted lo conoce bien: 

Porfirio Díaz fue un gran soldado, incluso heroico, que por sus servicios a la Patria mereció la Presidencia de México, el 17 de febrero de 1876; pero le gustó tanto que logró ¡siete reelecciones en un total de 31 años de poder..!, hasta que Washington decidió que ya no le era útil y apoyó a Francisco I. Madero para derrocarlo.

En Washington jamás han sido tontos; por ello han manipulado a Latinoamérica —y al resto del mundo— cuanto han querido. Lo triste es que en nuestros lares se le han abierto tantas puertas que ya hasta usted, como varios de sus antecesores —pues el poder es una enfermedad contagiosa—, podría intentarlo también…

Evo Morales, su actual invitado a radicar aquí, es el segundo ejemplo que tenemos en nuestra actual noticia histórica latinoamericana, que cargaría con el peligro de hacer volver a nuestro subcontinente a la mitad del siglo anterior, con su lista de estados fallidos y golpes de Estado casi semanales…

… Sólo que en este caso es muy claro que ni aunque Washington se haya entrometido quizá también para hacerle presidente de Bolivia, el propio Evo es la más clara prueba en su propia contra.

Evo era un liberal cuando ganó la Presidencia en el año 2005 y Bolivia era el país más pobre de América entera; pero él llegó con un paquete de reformas que sin duda destrozó esa situación.

En 2008 Evo impulsó una nueva Constitución que incluyó una reelección presidencial y para el 6 de diciembre de 2009 su éxito había sido tan claro que logró mes y medio después, el 22 de enero de 2010, reasumir el liderazgo de su país.

La recuperación de Bolivia fue como el capítulo blanco del nuevo siglo latinoamericano, cuando en otros países los cazos hervían. Pero Evo seguramente se convenció de que se había quedado corto con solo un segundo periodo presidencial; en consecuencia, dejó que se le alborotara la ambición para que, junto con el patriotismo, le permitieran entregar su vida entera a la lucha por la gloria boliviana…

Sólo que así brotó el autócrata que don Evo Morales traía quizá como herencia de sus genes uru-aimaras; y en 2014 gana de nuevo la Presidencia y en 2016 convoca a oootro referéndum para gobernar lo que él considera el tercero, no el cuarto que las matemáticas se entercan corregir, pero el voto le fue contrario en un 51 por ciento…

En 2017 este boliviano que hoy comparte cielos mexicanos con nosotros, acude a tribunales para argumentar que le fueron violentados sus derechos electorales y gana el caso, pero deja sin atender a la gente que ya elevaba sus críticas contra la evidente corrupción entre miembros del equipo presidencial.

Llega octubre de 2019 y el día 20 Evo Morales se enfrenta con Carlos Mesa, candidato de la derechista Alianza Ciudadana. Los resultados preliminares indican la necesidad de una segunda vuelta porque Evo no alcanzó la mayoría absoluta ni 10 puntos por encima de su contrincante. Se suspende el conteo. La oposición denuncia un “fraude escandaloso”. Surgen las manifestaciones callejeras. El día 22 el conteo se reanuda con la sorpresa de que Evo gana otra vez, con el 47 por ciento de la votación contra 36 de Mesa y el resto de la historia ya la conocemos todos.

Todo por la ambición de un poder que pisotea toda clase de dignidad política y de respeto a la Nación cuya sangre circula en las venas de quienes así la traicionan.

Presidente  López Obrador, en ningún momento y de ninguna manera los mexicanos queremos vernos involucrados en una situación similar. Queremos, sí, apoyarle a que su Presidencia sea un grupo de pilares que aseguren un destino nuevo y afortunado para México. Cuente usted con la Nación entera, que le hará feliz a usted cuando sienta la plenitud del futuro  que usted le haya construido…

 

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