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Oaxaca lo tiene todo

Oaxaca es un estado dotado integralmente para el turismo. Tiene para todos los gustos y para cualquier presupuesto.

Oaxaca lo tiene todo | La Crónica de Hoy

Oaxaca es un estado dotado integralmente para el turismo. Tiene para todos los gustos y para cualquier presupuesto. Están ahí sitios arqueológicos que cortan la respiración, joyas del virreinato de fama mundial, multitud de lugares para practicar ecoturismo en sus diferentes modalidades y una muy amplia gama de playas, desde las que tienen algunos de los hoteles más hermosos y caros del país, hasta otras donde por casi nada tienen una cabaña frente al mar y varias playas en las que ni siquiera se tiene que gastar en traje de baño.

Cuenta, por si fuera poco, con una gastronomía alucinante y una variedad de artesanías que harán las delicias de los coleccionistas. El recorrido puede ser tan corto o tan largo como el tiempo disponible que cada viajero. Está la ciudad capital, Puerto Escondido, Bahías de Huatulco, Monte Albán, Hierve el agua, el popular Árbol del Tule.

La Ciudad Patrimonio de la Humanidad llamada la Verde Antequera por sus hermosas construcciones de cantera verde de estilo colonial. Desde tiempos remotos, su capital ha sido el corazón de reunión de innumerables culturas que existen vigentes en el estado. Es una ciudad de gente noble y amigable, que tiene grandes talentos, que invitan al viajero, tanto nacional como extranjero, a conocerla y vivir una experiencia cultural inolvidable.

Bahías de Huatulco. Al sur del estado de Oaxaca, a lo largo de una franja costera de 35 kilómetros, las nueve bahías despliegan su hermosura: Cacaluta, Chachacual, Chahué, Conejos, Órgano, Maguey, San Agustín, Santa Cruz y Tangolunda, conformando un paraíso de 36 hermosas playas de suave arena, cuya blancura enmarca bellamente los tonos celeste y esmeralda de sus aguas, cálidas y transparentes como la propia gente costeña. En estas playas pueden realizarse actividades de turismo de naturaleza como buceo, pesca recreativa, kayak y cabalgata, así como algunas otras actividades recreativas no menos emocionantes, que encuentran aquí un escenario adecuado.

Monte Albán. La zona arqueológica de Monte Albán, perteneciente a la cultura zapoteca, es la más importante en el área oaxaqueña. Su desarrollo cultural y su arquitectura monumental la han hecho representativa de la región, en el ámbito mesoamericano. El conjunto prehispánico se asienta en la cumbre de una colina que sobresale al sudoeste de la ciudad de Oaxaca a 1948 m.s.n.m.

El nombre prehispánico de Monte Albán no se ha identificado con precisión. Descendientes cercanos a los zapotecos mencionan que el cerro era conocido como Dhauya quch o Dauyacach “Cerro de Piedras Preciosas”. Por su parte, los mixtecos lo identificaron como Yucucui “Cerro Verde”. A partir del siglo XVII, el lugar se conoce con el nombre de Monte Albán, debido a que los terrenos pertenecieron a un español de apellido Monte Albán o Montalbán.

El arqueólogo mexicano Alfonso Caso estuvo a cargo de las primeras exploraciones y restauraciones de la zona arqueológica. Su proyecto inició en 1931 y terminó en 1958. Con base en estudios de la arquitectura de los edificios, tumbas, cerámica y joyería, determinó que la historia de Monte Albán se dividiera en épocas muy diferenciadas unas de otras, en cuanto a su organización social, densidad de población y actividad de intercambio.

La Guelaguetza. También conocida como Los Lunes del Cerro, es la fiesta más representativa de la entidad. Los indígenas del lugar mantenían con recelo sus propias tradiciones, dando especial atención a la conmemoración de Centéotl, diosa del maíz tierno o elote.

Es la ofrenda que hacen los grupos representativos de las siete regiones tradicionales hacia la ciudad de Oaxaca. Dichas regiones son las de los Valles Centrales, la Sierra Juárez, La Cañada, Tuxtepec, La Mixteca, La Costa y el Istmo de Tehuantepec, quienes forman delegaciones representativas que muestran su patrimonio cultural a través de bailes ejecutados al son de alegre música, con cantos propios, ataviados con la indumentaria de gala distintiva de sus respectivos pueblos.

 

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