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Ok, boomer, la batalla generacional de los jóvenes contra la desidia ante el cambio climático

Fractura. La desesperación de millennials y, sobre todo, centennials, por la desidia de la clase política, generalmente compuesta por baby boomers, ante la emergencia climática, ha propiciado la aparición de un fenómeno viral que prueba que los jóvenes no temen enfrentarse a los mayores para lograr un cambio, también social

Ok, boomer, la batalla generacional de los jóvenes contra la desidia ante el cambio climático | La Crónica de Hoy

Tazas. Playeras. Sudaderas. Stickers. Memes; muchos memes en las redes sociales. La frase Ok, Boomer está inundando internet desde hace alrededor de un mes, y la eclosión de la misma, que pretende ser una burla simbólica ante la generación que reina en los lugares de poder en todo el planeta, no podría ser más relevante.

“Ustedes morirán de viejos, nosotros moriremos por el cambio climático”, reza una pancarta que sostiene una joven en una de las cientos y ciento, si no miles, de manifestaciones contra la inacción y desidia general de la clase política mundial ante el cambio climático. Puede ser en Nueva York, en Sidney o en París: Lo mismo da. Lo que vemos alrededor del mundo es una generación, los centennials (o generación Z), nacidos entre 1996 y 2015, aproximadamente, que ve como las personas que podrían evitar que su futuro quede completamente destruido por la emergencia climática optan por no hacer nada y limitarse a hablar de un crecimiento económico que para ellos resulta irrelevante en estos momentos.

Algunos artículos indican que la frase, dedicada a los baby boomers, aquellos nacidos entre 1946 y 1965, aproximadamente, circula en foros de internet desde hace cuatro años, pero todo el mundo concuerda en que su uso se popularizó a raíz, precisamente, de las cada vez más populares movilizaciones estudiantiles contra la inacción ante el cambio climático, que exigen que los políticos hagan caso de una vez a las alertas que los científicos llevan décadas lanzando, pero que son cada vez más frecuentes y más insistentes. “Nos quedan pocos años, hagan algo, por lo que más quieran”, es en resumen lo que dice la comunidad científica.

El éxito de la expresión no es una sorpresa para nadie que siga de cerca estas movilizaciones. Frases como “No hay planeta B” se han extendido como una manera de hacer entender a los mandatarios y empresarios del mundo que no hay alternativa, que combatir la emergencia climática es la única manera de salvar a la humanidad. Y no es una exageración retórica. Ante este grito desesperado de los más jóvenes, que estarán perfectamente vivos cuando llegue el momento de la amenaza de los científicos de que “dentro de 50 años” viviremos tal o cual situación de sequía o inundaciones extremas, etcétera, el silencio absoluto en los centros de poder genera una frustración cada vez mayor. O, ¿cómo se sentiría usted si sintiera que le niegan el futuro con absoluta pasividad?

Pero la clave de este estallido, de esta aparente fractura generacional, la encontramos en el colmo de los despropósitos: una actitud paternalista, indulgente, respecto a las reivindicaciones de los adolescentes y jóvenes en las marchas. Un video en el que un hombre mayor aseguraba que millennials y centennials sufren del síndrome de Peter Pan, que no quieren crecer, seguido de una reacción de “Ok, boomer” triunfó desde inicios de noviembre en la aplicación de videos china Tik Tok. Por si la desidia y la pasividad ante un futuro negro fueran poco, el paternalismo enfureció aún más a los jóvenes.

Sólo en la semana entre el 14 y el 21 de noviembre, la etiqueta #OkBoomer se ha usado 732 millones de veces en redes sociales alrededor del mundo, según un artículo de la BBC.

Quizás, el mejor resumen lo da la definición de la expresión en el famoso portal Urban Dictionary: “Cuando un baby boomer dice alguna estupidez y ni sabes por dónde empezar a explicar por qué está equivocado, porque eso implica deconstruir décadas de desinformación e ignorancia, así que sólo te lo sacudes y dices ‘okay’”.

EL ROL DE GRETA THUNBERG. Seguramente la jovencísima activista sueca Greta Thunberg es el ejemplo perfecto de cómo todo esto está sucediendo. Cuando aún no cumple los 17 años (nació en enero de 2003), la ambientalista ha contribuido a popularizar las huelgas estudiantiles por el clima, que ella empezó hace más de un año con apenas un puñado de amigos. Su discurso:

“Todo esto está mal, yo no debería estar aquí. Llegan a nosotros los jóvenes buscando esperanza, ¿cómo se atreven? Han robado mis sueños y mi niñez con sus palabras vacías. Y aún así, yo soy de las afortunadas, porque hay gente sufriendo y muriendo; ecosistemas enteros están colapsando. Estamos iniciando una extinción masiva y sólo pueden hablar de dinero y de cuentos de hadas de crecimiento económico eterno. ¿Cómo se atreven a seguir mirando para otro lado y venir aquí diciendo que hacen lo suficiente?”.

Las durísimas palabras de Thunberg justo hoy hace dos meses ante la Asamblea General de Naciones Unidas ponen de relieve esta frustración y esta desazón generacional, esta fractura ante unos adultos, ya sean boomers o miembros de la generación X, que no parecen preocupados, o no demasiado, por unas alarmas que plantean escenarios que ven demasiado lejanas en el tiempo.

FRACTURA, TAMBIÉN SOCIAL. La realidad es que el triunfo de la etiqueta Ok, boomer no se limita al asunto climático. Precisamente, el video en TikTok lo pone de relieve: Los jóvenes usan este mensaje como una forma de expresar un hartazgo que se extiende a múltiples aspectos de la vida. Mientras los adultos que han disfrutado de las mejores condiciones de vida conocidas en la humanidad insisten en criticar a las nuevas generaciones, éstas ven cómo la codicia capitalista y las políticas cada vez menos sociales en países alrededor del mundo las convierten irremediablemente en las primeras que vivirán peor que sus padres, algo inaudito. “Ok, boomer” es también un grito desesperado por una mejor calidad de vida que se puede palpar en las calles de ciudades alrededor del mundo desde hace meses: desde Ecuador hasta Irán; desde Líbano hasta Chile, desde Haití hasta Hong Kong.

 

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