Metrópoli


Olvidada y muy insegura, la Unidad Lomas de Plateros

El conjunto habitacional, protegido por el INBA ya que fue diseñado en 1964 por el arquitecto mexicano Mario Pani (autor también de las UH de Tlatelolco y el Conservatorio Nacional), y que fuera codiciado, está en completo abandono

Olvidada y muy insegura, la Unidad Lomas de Plateros | La Crónica de Hoy

En 1964, la Unidad Lomas de Plateros, en la alcaldía de Álvaro Obregón, estaba de moda. Muchos querían vivir ahí, debido a que fue diseñada por el arquitecto mexicano Mario Pani (planeó las UH de Tlatelolco y el Conservatorio Nacional), además de que fue considerada por el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) como inmueble con valor artístico, por la aportación de varios arquitectos en su construcción.

55 años después, todo cambió. La unidad sensación, que contaba en ese tiempo con gas natural por tubería, cisternas de agua propias, equipos de suministro subterráneo; escuelas y comercios cerca, conectividad vial, áreas verdes… está abandonada, descuidada y “todo lo artístico está muerto”.

Además, los edificios y la escultura del alemán Mathias Goeritz (diseñó las Torres de Satélite, la Corona del Pedregal y las Torres de la FES Aragón), una de las atracciones de los 60, están vandalizados,  sin que ninguna autoridad federal, local o de la alcaldía haga algo para conservarla.

“Se murió y nadie le lanzó una soga para salvarla”, dice José Luis, vecino de la Unidad, que en la época de Porfirio Díaz era un manicomio (inaugurado como parte de los 100 años de la Independencia), y que actualmente sufre problemas de inseguridad y de fugas de agua.

Crónica recorrió el lugar y confirmó que hoy en día quedan muy pocos habitantes nativos, que llegaron al sitio en los años 60.

Y los que aún viven ahí, tratan de mantener el legado de los arquitectos mexicanos de aquella época que diseñaron el lugar.

Los vecinos que se autonombran integrantes de la Recuperación Plateros, piden al resto de los condóminos —la mayoría hijos o nietos de los primeros habitantes— mantener el lugar tal y como lo encontraron cuando llegaron.

 “Este lugar fue único; para muchos era la sensación… era muy seguro y teníamos el apoyo de las autoridades”, dice Enrique Toral, habitante de la sección F del lugar.

Y lamenta: “Ahora vean lo que tenemos, un lugar olvidado, usan los pasillos como estacionamientos para motos, los juegos descuidados, dejan basura y las cacas de sus perros por donde sea, nada que ver con lo que teníamos hace 50 años”.

Recién inaugurado el sitio, la administración corrió a cargo de la Asociación Hipotecaria Mexicana y luego por el Banco Mexicano Somex. En 1980 fue entregada a los residentes para su autoadministración. Fue entonces cuando comenzó el deterioro.

“Mario Pani, junto a su equipo, con Abraham Zabludovski (otro arquitecto famoso de la época), y especialmente Mathias Goeritz, arquitecto alemán naturalizado mexicano, artista de importancia mundial, junto con Luis Barragán, quien creo las Torres de Satélite, diseñaron el lugar como algo novedoso, pero cuando los vecinos se hicieron cargo del lugar lo abandonaron, comenzaron a pintar nuestras paredes, la escultura y se descuidaron muchas áreas verdes”, explica Ramón García, integrante del grupo Recuperación Plateros.

Cabe recordar que el diseño de la unidad se basó en las ciudades prehispánicas, tanto en la combinación de cuerpos masivos con grandes espacios abiertos, como en la fórmula de colocar los edificios sobre taludes y terrazas (lo que se conoce como bardas y explanadas).

Incluso los vecinos nativos de la zona señalaron a Crónica que en una ocasión se buscó que la Unidad Lomas de Plateros fuese Patrimonio Arquitectónico de la Ciudad de México, pero no se logró por trámites administrativos.

Ahora, con la falta de organización entre vecinos y el nulo apoyo de las autoridades, tanto locales como federales, los residentes no ven que el descuido del sitio pueda encontrar una solución. Además, la inseguridad y las fugas de agua son problemas principales para el resto de vecinos.

Claudia Mireles, residente del edificio 1-F, comenta que más que recuperar la escultura ubicada en el centro o las áreas verdes, deben organizarse para combatir la inseguridad.

“Necesitamos más vigilancia, tuvimos que contratar nosotros, y además ya es común que nos asalten adentro de la unidad, y las fugas ni se diga, hace poco una inundó varias casas y apenas ayer otra y tardaron media hora en arreglarla”, señala la vecina.

La lucha por conservar el lado cultural y artístico de la época sigue por los pocos habitantes del lugar que les interesa recuperarlo y esperan en un futuro vuelva a ser la sensación entre las personas, tal y como en los años 60.

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