Opinión


Ordeña de ductos, cosecha de posverdades

Ordeña de ductos, cosecha de posverdades | La Crónica de Hoy

Según los analistas, México es el segundo país del mundo que más noticias falsas recibe, sólo detrás de Turquía. No hay datos que nos digan qué tanto nos las creemos. Lo que es seguro es que, en cualquier coyuntura crítica, las noticias falsas tienden a multiplicarse, a menudo acompañadas por teorías de la conspiración. Ha sucedido así con el asunto del abasto de gasolinas.

Una parte del problema de que las noticias falsas prosperen es porque aparentan ser novedosas y porque tienen impacto emocional. Este impacto es mayor ante audiencias predispuestas, y las audiencias suelen estar más predispuestas en sociedades divididas, y la noticia falsa, la posverdad, suele correr más rápido entre quienes, de entrada, están más prejuiciados a creerla.

Otra parte del problema deriva de la menor credibilidad de las fuentes tradicionales. Ya sean los medios o las autoridades. Si estas fuentes no abonan a su credibilidad mediante la presentación de hechos, contexto y datos, terminan por competir en condiciones de desigualdad.

Ése ha sido el principal problema de comunicación del gobierno federal con el asunto de las gasolinas. Pasó de la negación del desabasto a la explicación de que era resultado de la lucha contra el huachicoleo, a la admisión de que se habían cerrado ductos como parte de la estrategia, a la incapacidad de dar fechas creíbles de restablecimiento del abasto normal, y un largo etcétera.

El asunto quedó entonces a merced del juicio anterior (el pre-juicio) que se tuviera acerca de las intenciones y la capacidad del gobierno de Andrés Manuel López Obrador, y el resultado, en términos de flujo de información, es el previsible: por una parte hay un hilo con datos, elementos de análisis, los números que se consiguen, los intentos de explicación; por la otra, un torrente de exageraciones, noticias inventadas, acusaciones sin sustento y atrincheramiento mental en ambos lados de la barricada imaginaria.

En términos de apoyo de la opinión pública, mediciones recientes dejan claro que el bono político con el que cuenta AMLO es muy grande. No sólo hay apoyo masivo al propósito de luchar contra las mafias de robo de combustibles, sino también un amplio apoyo mayoritario a la estrategia escogida, a pesar de las molestias y los costos. A pesar, incluso, de las dudas justificadas que ha generado.

Esto debiera significar, si López Obrador fuera capaz de abandonar el discurso maniqueo que lo caracteriza, un esfuerzo por explicar con más claridad, no sólo las medidas que su gobierno está tomando, sino también y sobre todo, el tamaño del problema al que se ha decidido enfrentar. Cuenta con el espacio político para hacerlo, porque el asedio del otro lado de la trinchera no ha sido capaz de permear entre la población.

Esta explicación que necesitamos pasa por señalar la magnitud de los problemas logísticos y de infraestructura que tiene Pemex. Van saliendo a la luz problemas como la incapacidad de almacenamiento de largo plazo, las dificultades que tienen las refinerías para producir más gasolina cuando se necesita, el control sindical de una parte de las pipas de la empresa y la corrupción rampante que la recorre en muchas de sus áreas.

Este deterioro de seguro está ligado a la concepción que tenían de la empresa las anteriores administraciones, pero no basta con señalarlo con dedo flamígero. Si AMLO de verdad quiere volver a utilizar a Pemex como ariete para dar paso al desarrollo, va a tener que meter mano, y muy fuerte. No se ve cómo pueda hacerlo sin cambiar las relaciones entre gobierno y sindicato.

Al mismo tiempo, no se ve cómo pueda hacerlo con un equipo que no se ha mostrado capaz durante la contingencia. Un equipo que tiene dificultades hasta para dar datos elementales. Particularmente preocupante resulta el fracaso de las negociaciones de los bonos de Pemex en Nueva York. El plan de negocios presentado a la comunidad financiera fue rechazado por los inversionistas. El Chief Financial Officer, Alberto Velázquez, habría hecho un papelón, de acuerdo con las filtraciones (interesadas, obviamente) de distintas corredurías. El resultado, que la deuda de Pemex será más cara en los próximos meses.

En otras palabras, Pemex requiere cirugía mayor para limpiarlo y recuperar su capacidad operativa y logística. Y requiere de personas preparadas para hacerlo.

Tampoco estaría mal que el gobierno aceptara que cometió errores de previsión, al suponer ya sea que el combate al huachicol sería una suerte de ­blitzkrieg exitosa, por lo que se podían reducir las importaciones de crudo ligero, ya sea que las alternativas de distribución de combustibles iban a funcionar al dedillo, y no lo hicieron. Lo sé, es pedirle peras al olmo.

Habrá, con este problema y con otros que vendrán, quienes quieran dirimir lo que pasa a partir de consignas y descalificaciones, quienes quieran ver un ataque maligno a la Gesta Histórica del Señor Presidente o, por el contrario, el acabose y la desintegración del país y de las libertades de parte de un perverso. Lo ideal sería ponerles coto con información, con datos oportunos y, sobre todo, con voluntad para resolver las dudas y las preguntas pertinentes.

 

 


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