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Pagan operadores moche por transporte de combustible en Pemex

Las cuotas impuestas por los ingenieros de la paraestatal van de 500 a 3 mil pesos, según el viaje y tipo de producto. En los últimos años el presupuesto para este rubro pasó de 800 a mil 500 mdp

Pagan operadores moche por transporte de combustible en Pemex | La Crónica de Hoy

Foto: Cuartoscuro

Aquí todo se ofrece y se compra. En el ámbito de la transportación terrestre de combustible de Petróleos Mexicanos (Pemex), todo tiene un precio, como ocurre en muchos otros rubros al interior de la empresa…

Pero esta vez nos concentramos en el trabajo de traspaso de las refinerías a las llamadas Terminales de Almacenamiento y Reparto (TAR), realizado por autotanques propiedad de empresas privadas –la mayoría agrupadas en la Cámara Nacional del Autotransporte de Carga, CANACAR-, y por las conocidas como “Pejepipas”, cuya compra fue ordenada por el presidente Andrés Manuel López Obrador al inicio del sexenio, como parte de su estrategia contra el robo de combustible en la red nacional de poliductos.

“En los ductos sí había mucho huachicol, sigue habiendo, aunque menos. Pero lo que el presidente no sabe es que es mucho mayor la ordeña en las propias instalaciones de Pemex”, dice José Luis González, conductor de una unidad doble remolque al servicio de la paraestatal.

Un grupo de operadores de fulles particulares y de “pejepipas”, coordinadas por la Secretaría de la Defensa Nacional, cansados de tantas transas, se convierten en nuestros ojos, en acompañantes por esta travesía desbordada de sobornos y corrupción, lejos de la realidad añorada por el Ejecutivo Federal.

Nos encontramos con ellos muy de mañana, en las inmediaciones de la Puerta 8 del Campo Militar 1 A, donde son citados por el Ejército para comenzar labores. Se han unido también un par de representantes empresariales, dispuestos a denunciar cochupos constantes, en especial en la distribución de viajes. Se trasladaron a la Ciudad de México para presentar escritos en Presidencia de la República.

-¿Viajes? -se pregunta a Ernesto B., quien enseña identificaciones y facturas emitidas por la compañía en la cual labora, en un intento por aclarar su procedencia y móvil. Tiene miedo, como los otros, a padecer represalias, “pero ya basta de que en este país sigan los moches. El presidente habla de luchar contra la corrupción, pero su discurso no se ve en Pemex, donde muchos petroleros están acostumbrados a las mordidas desde hace muchos años”.

Apunta a los especialistas técnicos encargados de repartir los viajes desde las refinerías y complejos petroquímicos hasta las 73 TAR en territorio nacional, actividad realizada en la empresa productiva subsidiaria Pemex Logística (PL) y, de manera específica, en la Gerencia de Transportación Terrestre de la Subdirección de Transporte.

En la actual administración fue nombrado en la dirección general de PL Javier Emiliano González del Villar, hijo del ex procurador Samuel del Villar, “pero los de abajo se lo están comiendo”, dice Fernanda, otra portavoz empresarial.

El abasto de combustóleo y combustibles (gasolina, diésel, turbosina) a las TAR implica a diario cientos de viajes: al menos el 35% de esta actividad es realizado por más de 3 mil 500 fulles con capacidad de 60 mil litros, las cuales pertenecen a unas 150 empresas transportistas en el país, conforme a datos de Pemex. Se les conoce como PR, RP o PP, según el tipo de permiso y de producto a transportar.

De 2015 a 2021 la dependencia gastó en este servicio entre 800 millones y mil 500 millones de pesos al año. Es el monto del creciente botín. 

Todos los viajes de traspaso son asignados a nivel central, desde la sede de Marina Nacional. El reparto recae principalmente en ingenieros cuyo puesto nominal es de especialista técnico, y en algunos gerentes y subgerentes de transportación terrestre.

-Hacen un negociazo –denuncia Fernanda.

-¿Cómo?

-Por medio de los representantes legales de las líneas de transporte: Cantú Barragán, OLDT, Alanis, Guajardo y todas las demás. Ellos son los encargados de coordinar los viajes para  operadores, pero hay que darle lana a los de Pemex.

-¿Cuánto?

-De 500 a 800 por los de gasolina y diésel, y de 3 mil a 5 mil pesos por turbosina. Son cantidades fuertes: más de 50 mil pesos mensuales por una flota de 20 unidades; y para las empresas de 50 o 70 autotanques, mucho más.

-¿Y el dinero se entrega directamente a ellos?

-A sus cómplices: algunas veces en efectivo y otras veces en cuentas bancarias de los prestanombres. 

¿Y para qué sirve pagar por los viajes?..

“Por el huachicoleo: quieres uno que te conviene, hay que comprarlo, es un mundo muy amafiado. A quienes no pagan, no les dan viajes buenos”, responde Ernesto, quien trabaja para una transportadora en el norte del país.

-¿Cuál es la diferencia entre un viaje bueno y uno malo?

-Los buenos son los de diésel y turbosina, que van a la Ciudad de México: Azcapotzalco, Añil, San Juanico, a Puebla, Pachuca, Guadalajara…

-¿Qué los hace buenos?

-Que son fletes caros. Un viaje de Cadereyta a Durango, por ejemplo, representa para la compañía unos 35 o 37 mil pesos; y un viaje a la Ciudad de México o de Cadereyta a Ciudad Juárez, alrededor de 60 mil pesos. No es lo mismo. 

-¿Y malos?

-Que les hace falta producto, no representan tanto dinero, son de productos más volátiles y tardados para cargar.

“Al menos dos días para la carga –interrumpe la charla Marino, operador desde hace 15 años y con travesías constantes desde la refinería de Ciudad Madero, Tamaulipas, a las terminales de Ciudad Victoria, Saltillo, Nuevo Laredo, Reynosa, Durango, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis, Matehuala, Monclova y Sabinas-. Y son gastos para uno, porque hay que bañarse, comer, para todo se gasta. Y eso no es lo peor”.

-¿Qué es entonces lo peor?

-Que los representantes legales nos quitan a nosotros el dinero para dárselo a los ingenieros. Hay que entrarle, te dicen, y eso significa que debemos mocharnos con un quinientón para obtener un viaje bueno. 

-A mí me dan puros viajes que nadie quiere: sólo de Reynosa a Nuevo Laredo, y es porque no hay regalitos ni billetes –se queja Rogelio, también con una experiencia mayor a una década en la conducción de autotanques.

“Antes trabajaba en una empresa donde se le daba el 10 por ciento de facturación a funcionarios de Pemex Logística y Transportación Terrestre. Se tenía que entregar el dinero en efectivo, en la Ciudad de México. En la transportista nos daban 300 pesos de viáticos, pero hasta eso nos quitaron, porque en Marina Nacional subieron la tarifa. Se supo que a uno de los ingenieros le regalaron un camaro nuevecito, por los favores prestados”.

Todos los operadores tienen un sueldo base estándar (de entre 500 y 700 pesos diarios), pero su principal fuente de ingresos es un porcentaje por cada flete, el cual fluctúa entre el 10 y el 15 por ciento. De ahí el interés por los más costosos. 

“Mi hermano –cuenta Rogelio- trabaja para la empresa Javier Cantú Barragán, y a él ni parecer le toman, le sacan los viajes y le descuentan sus 500, 800 pesos. Ha reclamado: ´yo ni quiero comprar el viaje´, pero el representante le contesta: ´aquí no es de que quieras, yo tengo que reportarme allá arriba”… 

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LOS RESPONSABLES DE ÁREA

*Javier Emiliano González del Villar, director general de Pemex Logística e hijo del ex procurador Samuel del Villar.

*Juan Francisco Rivera Cavazos, subdirección de Transporte.

*Gabriel Pérez Alcántara, gerente de Transportación Terrestre.

ENTRE LOS SEÑALADOS

Alfredo Gallardo Soto: Especialista Técnico B

Benito Javier González Camero, Especialista Técnico C 

Antonio Camalich Rosas: Especialista Técnico B

Belinda Aguirre Sánchez: Coordinador Especialista B 

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INQUIETUD

Entre operadores se dice que Pemex da una ayuda para alimentación, “pero las empresas se lo clavan y no dan nada”. También tienen incertidumbre respecto a cuántos litros de faltante en cada descarga están permitidos por la paraestatal, lo cual se presta a abusos y sobornos.

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