Opinión


Pandemias y falsos cisnes negros

La gran mayoría de los líderes carece de la disciplina requerida para rutinariamente hacer análisis prospectivos basados en riesgos, aún más escasos son aquellos que se preocupan de ordenar los planes de contingencia necesarios para minimizar los impactos.

Pandemias y falsos cisnes negros | La Crónica de Hoy

Los efectos disruptivos que la pandemia de COVID-19 tendrá sobre la salud, economía y seguridad a nivel mundial derivan de errores de política pública, no de los procesos de inteligencia como se ha querido asegurar recientemente. Falló el decisor, no el analista. 

La gran mayoría de los líderes carece de la disciplina requerida para rutinariamente hacer análisis prospectivos basados en riesgos, aún más escasos son aquellos que se preocupan de ordenar los planes de contingencia necesarios para minimizar los impactos.

Esas son funciones principales de un servicio de Inteligencia: advertir riesgos y amenazas con base en su probabilidad e impacto y; brindar información elevada al grado de certeza para la correcta toma de decisiones que garanticen la permanencia del Estado y el bienestar de sus ciudadanos. El aparato de inteligencia ofrece opciones, pero no decide.

El producto de inteligencia más acabado, elaborado con el más estricto control metodológico y la más amplia recolección de información posible, no tendrá ninguna relevancia positiva si es entregado a un tomador de decisiones que, por principio no acepta la retroalimentación y la crítica, mantiene una mente cerrada y es incapaz de corregir sus posicionamientos originales, sin importar el cúmulo de información que se le presente.

Una búsqueda sencilla permite corroborar que la posibilidad de una pandemia relacionada con una enfermedad respiratoria se ha mantenido constante en las agendas de riesgos de servicios de inteligencia estatales, organismos internacionales y consultorías especializa-das, de manera ininterrumpida por lo menos desde 2017.

Tal afirmación puede corroborarse en las evaluaciones anuales que la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos entrega a su Congreso; el reporte clasificado sobre el Ejercicio Cisne que la inteligencia británica presentó sobre la simulación de una pandemia de influenza y filtrado hace algunos días por The Guardian; o el informe conjunto de la OMS y el Banco Mundial de septiembre de 2019 advirtiendo que “el espectro de una emergencia sanitaria mundial se vislumbra peligrosamente en el horizonte”.

Más recientemente destacan las evaluaciones de corto plazo que se entregaron a Donald Trump en enero de este año, mismas que fueron minimizadas o simplemente desatendidas.

A la par del desdén de Trump, se encuentran declaraciones de los mandatarios de Brasil, Bielorrusia, Indonesia o Reino Unido, lo que permite extrapolar la posibilidad de que, aún siendo advertidos por sus aparatos de inteligencia sobre la gravedad de la nueva enferme-dad, hayan ignorado tales estimaciones.

La evaluación de los aparatos de inteligencia fue correcta desde la vertiente estratégica (advirtieron el riesgo con años de anticipación) como desde la táctica (una vez que la propagación del virus se desató incrementaron las alarmas sobre las consecuencias en el corto y mediano plazo).

Por tanto, no es válido esgrimir el argumento empleado por algunos mandatarios, que bus-can justificar sus erróneas decisiones de política pública por falta de advertencia.

Con tal cumulo de evidencia, queda desacreditado también el intento de etiquetar esta pandemia como un “cisne negro”, ese cliché fácil con el que pretendemos justificar cada sucesión de eventos desafortunados que nos toma por sorpresa.

La propagación del COVID-19 no reúne los tres requisitos que Nassim Nicholas Taleb propone para los verdaderos “cisnes negros”: no fue un hecho impredecible, se alertó de algo parecido desde hace años; no fue raro, ha habido brotes de enfermedades similares desde 2002 con el SARS; y pudo evitarse que tuviera consecuencias catastróficas.

Desatender las evaluaciones de inteligencia que se entregaron con oportunidad y rehusar-se a actuar con la urgencia requerida, innecesariamente ha hecho más vulnerables a mu-chas sociedades. El reclamo y el costo de esas actuaciones debe dirigirse a los tomadores de decisiones que las ordenaron, no a los aparatos de inteligencia que cumplieron con su misión.

Buzón muerto

La consultoría global Control Risk colocó dentro de los cinco riesgos más importantes para 2020 a “los líderes sin estrategias”, advirtiendo que las tácticas triunfan sobre la estrategia para algunos de los líderes mundiales. Ya sea una guerra comercial global o una escara-muza fronteriza regional, los eventos están en manos de protagonistas nerviosos y ansiosos.

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