Opinión


PEMEX, ¿el sueño guajiro?

PEMEX, ¿el sueño guajiro? | La Crónica de Hoy

DR. ROGELIO RAMÍREZ DE LA O,

PRÓXIMO SECRETARIO DE HACIENDA:   

                                       +Decimos una necedad y a fuerza

de repetirla acabamos creyéndola

Voltaire

                Me dirijo a usted, don Rogelio, porque como secretario de Hacienda tendrá que ser quien lidie durante el resto del sexenio con lo que antes era la gallina de los huevos de oro y ahora es un  kraken: Petróleos Mexicanos.       

Cierto es que PEMEX fue exprimido durante décadas por los distintos gobiernos y su sindicato, como si todos sus yacimienos hubiesen sido infinitos y hoy su historia reciente pudiese considerarse esperanzadora.

PEMEX tiene severos problemas en los indicadores ESG -medioambiente, sostenibilidad y gobernanza-, tomados muy en cuenta por los mercados financieros y calificadoras, según reporta México Evalúa.

La variable más evidente es la deuda de PEMEX: 105 mil millones de dólares, la más alta de todas las petroleras del mundo. No es de extrañar que las calificadoras Moody’s y Fitch hayan degradado su deuda a nivel de bono basura.

Hay otros problemas igualmente serios:

El Sindicato de Trabajadores Petroleros de la República Mexicana cuenta con 126,800 agremiados, siendo que otras petroleras  operan con mucho menos personal. Según la Auditoría Superior de la Federación, la productividad y generación de valor económico en 2019 fue 15 por ciento menor que 2018. O sea, son muchos, bien pagados y poco eficientes. No hablemos ya de los líderes, cuya vida de lujo exorbitante es tan conocida.

PEMEX es sumamente contaminante en un mundo que busca reducir a toda costa las emisiones de CO2. En los dos últimos años, la petrolera aumentó en 32 por ciento sus emisiones de dióxido de carbono y 69 por ciento las de óxidos de azufre. Usted sabe, don Rogelio, que la contaminación también impacta negativamente a los bonos de PEMEX, según los indicadores ESG.

Pese a las buenas intenciones, PEMEX no cumplió su meta de extraer 2 millones de barriles diarios, reduciéndola a 1.6 millones. Las refinerías operan a la mitad de su capacidad original; tal vez mejoren un poco con la manita de gato que les dieron. Entonces,  ¿para qué construir Dos Bocas?

La pandemia lo empeoró todo. 2020 fue “la peor crisis de su historia”, aseveró PEMEX en su reporte a la Bolsa Mexicana de Valores. La demanda de petróleo se desplomó en todo el mundo, con lo cual vio reducidos sus ingresos en 32 por ciento. El repunte de la demanda todavía tardará al menos hasta 2024.

Para dar a PEMEX un respiro, el gobierno actual redujo de 60 a 54 por ciento el derecho de utilidad y disminuyó el Impuesto Especial a Productos y Servicios aplicado a combustibles. Asimismo, ha  combatido el huachicoleo perpetrado durante años por cuatro cárteles, pues en un solo año significó pérdidas por 60 mil millones de pesos. A decir de las autoridades, ha disminuido a la fecha en 95 por ciento. Ojalá sea cierto que no más...

El plan gubernamental era que para este 2021 la empresa saliera tablas en sus balances financieros, pero al primer trimestre pasado las pérdidas alcanzaron 37 mil millones de pesos. Esta meta se posterga hasta el 2025. ¿Se cumplirá?

Con todo, la 4T tiene fe ciega en el rescate de la petrolera, inyectándole cientos de miles de millones de pesos. Un dato: el gobierno ha orientado más recursos en apoyar a PEMEX que a la pandemia (1.4 y 1.1 puntos del PIB, respectivamente). Ha sido como un kraken  aquel monstruoso pulpo de la mitología que todo lo devoraba.

Voces del mundo financiero y energético insisten en un cambio de estrategia en  PEMEX, que no se va a realizar, porque las decisiones se basan en un esquema ideológico y no en uno económico que genere riqueza y bienestar para todos.

Así pues, aquí seguiremos los ciudadanos  viendo -al menos hasta 2024- cómo nuestros impuestos se destinan a un sueño guajiro.

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