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Periodismo Musical en México: Frente a audiencias ¿críticas o criticonas?

“Para los periodistas la clave de nuestra labor continúa siendo la parte crítica: analizar al público y entender cómo se están formando, el fenómeno que los lleva a seguir a detalle a los artistas a través de las redes sociales” – Marisol Pacheco

Periodismo Musical en México:  Frente a audiencias ¿críticas o criticonas? | La Crónica de Hoy

“Ahora se tiene mucho más acceso a la información del auditorio, ahora ellos aprenden con rapidez si una nota es falsa o no”: Chava Rock.

Youtubers, influencers y cualquier persona que maneje una imagen pública atractiva para las audiencias, que genere contenidos musicales, representa una alternativa “distinta” de interacción con el artista, con un perfil más cercano al entretenimiento que al periodismo: “El periodismo musical tiene que reconocer que ya no volverá a ser masivo. No va a desaparecer porque siempre existirá la necesidad de compartir esos contenidos pero será para un público reducido”, sentenció a Crónica, Arturo J. Flores (Playboy México)

Dentro de la subjetividad que pueda caber en un comunicador, el periodista investiga, informa e intenta mitigar sus juicios de valor en la medida de lo posible, pero quien apoya la nota únicamente bajo la luz de su interpretación o percepción, sin abarcar el contexto y respaldo argumental, carece de criterio y ética.

“Para los periodistas la clave de nuestra labor continúa siendo la parte crítica: analizar al público y entender cómo se están formando, el fenómeno que los lleva a seguir a detalle a los artistas a través de las redes sociales y lo que está pasando en el concierto en vivo, cómo se están dando estos encuentros más allá del live streaming”, explica a Crónica, Marisol Pacheco (Sound:check).

“La música sigue pasando y deberá continuar existiendo en el acto en vivo, porque justo se están dando tendencias interesantes que tienen que ver con la melancolía, como las giras de ‘desencuentro’ como la que anunciaron de Soda Stereo y los 90s Pop Tour, o los aniversarios de bandas y discos que cumplen 20, 30 o 40 años; están marcando ciclos de cierre en la música que en este momento son muy interesantes de analizar a distancia, por cómo están conectando con las nuevas generaciones. Creo que por ahí hay una chamba muy interesante por abarcar”, señaló.

En ese sentido, los nuevos públicos juegan el papel más importante para el ejercicio del oficio, no sólo porque ahora comparten el mismo banco de datos al que tienen acceso los periodistas: la web. Sino porque además, pasaron de ser audiencias pasivas a activas, desarrollando –en el mejor de los casos– un perfil que indaga y cuestiona la veracidad los contenidos.

“Una discusión tan polémica como la del Latin Grammy, tiene que ver con el análisis que un periodista puede ofrecer al público, porque para mí el argumento de los reguetoneros fue ‘es que somos populares’, luego entonces ‘porque soy popular merezco una categoría aparte’, y pues no, en realidad los preceptos de la Academia —tanto de la gringa como de la latina— no son ésos, o no deberían ser ésos. Entonces ahí hay una discusión interesante, en la que es labor del periodista musical establecer dónde están los criterios que ayudan a decirle al público: ‘está bien que te entretengan, todo eso es válido pero la manera en la que tú lo consumas es una cosa y otra es la forma en que va a trascender como un legado’”, enfatizó  Pacheco.

Sin embargo, las redes sociales han marcado una delgada línea entre la ­de­sinformación y la especialización de un tema, en la que cada vez son más las audiencias las que terminan por evidenciar el escaso trabajo de investigación de las fuentes periodísticas.

“Ahora se tiene mucho más acceso a la información del auditorio, ahora ellos aprenden con rapidez si una nota es falsa o no. Es como una guerra de la comunicación, pero no sólo por buscar la noticia sino por levantar el escándalo, claro que es importante la polémica, pero ahora están trabajando en función de cómo se manejan las redes sociales”, denunció a Crónica, Chava Rock (Rolling Stone).

Cada vez son más comunes las publicaciones (notas) con títulos sensacionalistas que atraen la atención del lector sin ofrecer nada en el cuerpo de la nota, con la única finalidad de viralizar el sitio, más no la información. Otro aspecto que se ha popularizado entre el gremio es otorgarle el carácter noticioso a las tendencias en redes sociales: temas polémicos, discusiones y reacciones entre el público se convirtieron en la fuente primaria de cualquier noticia que —en la mayoría de las ocasiones— carece de contexto, criterio y análisis, lo cual no aporta en realidad nada al lector, ya que él mismo puede consultar desde sus cuentas personales los temas más sobresalientes en dichas plataformas.

Y en esa búsqueda por captar la atención del público y no verse cuestionado por fanáticos y adeptos de algún proyecto o artista, el periodismo musical se reduce a la emulación de flores verbales: “Una cosa es interactuar y otra es que los periodistas se conviertan en porristas de los artistas y de los músicos, hay mucha carencia de información, así como un gran vacío, existen géneros  musicales de gran riqueza pero no se abordan. La mayoría de redacciones de noticias que realizan crónicas sobre conciertos, parece que están hechas con machote, así que da igual que toque Marilyn Manson, Julieta Venegas o Fey, el típico: ‘Fue un concierto espectacular, la gente bailó todo el tiempo, todos coreando a una sola voz…’ ¡Vaya! Llenas de zonas comunes”, reclamó Chava Rock.

De modo que el periodismo musical debe ser capaz de entender y analizar a los nuevos públicos sin perder la visión de su función e importancia para la industria y la cultura, desde un perfil que privilegie la información sobre el entretenimiento y el alcance mediático.

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