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Periodismo Musical en México: Los retos profesionales ante la inmediatez

Especial 2 de 4. Las exigencias del oficio actualmente han engendrado reporteros y editores con aires de publicistas que generan contenidos carentes de sustancia

Periodismo Musical en México: Los retos profesionales ante la inmediatez  | La Crónica de Hoy

Los retos que presenta el periodismo digital actualmente, están estrechamente relacionados con las competencias y habilidades en el desarrollo y manejo de plataformas y herramientas que  en la última década han buscado profesionalizarse.

“Están pasando cosas muy interesantes en términos académicos, las carreras en el plano laboral ya contemplan al Content Manager dentro de sus planes de estudios, que hoy se convierte en alguien con quien tienes que convivir en el océano de personas que conforman la industria musical; que básicamente son los que hacen contenido para redes sociales”, explicó a Crónica, Marisol Pacheco, colaboradora de la revista Sound:check (de Musitech).

Sin embargo, algunos coinciden en que el periodismo mantiene su esencia como un oficio formativo de calle, fuera de las aulas, que si bien proporcionan lineamientos y estructuras profesionales, no son equiparables a su ejercicio laboral: “Confío mucho en los reporteros jóvenes, aunque no necesariamente hayan cursado la carrera, el periodismo es un oficio real, no un pasatiempo, no es conseguir una entrada para un concierto, y hay quienes llevan a cabo el oficio con ese nivel de profesionalismo”, expresó a Crónica, Javier Hernández Chelico, de La Jornada.

No obstante, el periodismo musical se enfrenta a una crisis que demanda su ejercicio de manera formal: “Hay que aprender esa formalidad, entender cómo funciona el lenguaje y los códigos que manejan las plataformas, sin dejar la chamba periodística, no convertirte en alguien que simplemente menciona cosas”, destacó Pacheco.

“Una crónica, un reportaje o cualquiera de estos materiales extensos, deben encontrar una manera atractiva para poder ganar a estos nuevos públicos que tienen una manera muy particular de consumir, lo hacen más rápido y eso es lo que te piden tanto los editores como dueños de los medios”, añade la periodista.

Las páginas digitales buscan ágilmente destacar a partir de contenidos interactivos con los usuarios, cada vez más sintetizados e inmediatos que se conviertan en virales a partir de las redes sociales, un respaldo que hoy significa el mayor medio para captar audiencias. Uno de los casos que más sonaron en ese sentido, fue el del sitio Buzzfeed.com, que en 2014 consiguió atraer el 75% de sus visitas, a partir de las redes sociales.

“La mayoría de los blogueros son fans de determinado género musical o grupo, lo que provoca que no sean objetivos y que sus notas vayan repletas de adjetivos, llenas de lugares comunes, por eso es muy difícil que su público crezca, porque no ofrecen nota, ofrecen opinión o un punto de vista para quedar bien con el artista o promotor. Lo que auguro es que va haber una selección darwiniana, en la que van a sobrevivir los mejores”, sentenció Chelico.

De ese modo, los contenidos interactivos que hoy invaden las redes sociales de distintos medios no necesariamente responden a un ejercicio periodístico ya que su principal objetivo es la rentabilidad del sitio, no la difusión de información propiamente. Este carácter de “venta”, viene a contrarrestar el impacto del periodismo musical, lo cual desemboca en periodistas buscando, además, ser publicistas.

De acuerdo con el conteo arrojado por el sitio Hootsuite el pasado 25 de abril, de los 131.5 millones de personas que habitan en México, el 67% de la población son usuarios activos de redes sociales, siendo YouTube: 95%, Facebook: 93% y WhatsApp: 87 %, las tres más utilizadas. Mientras que en cuanto a publicidad, Facebook (86 millones de usuarios), Instagram (22 millones) y Twitter (7.22 millones) son las que tienen mayor alcance.

Por ello, algunos editores y dueños de los medios replantean sus prioridades informativas, exigiendo a los periodistas el desarrollo y manejo de dichas plataformas, así como la captación de público a partir de las tendencias que éstas arrojan constantemente.

“Estamos en la parte intermedia del proceso de comunicación, aunque ahora las redes sociales pueden transmitir lo que el artista desea compartir con el público de manera directa, ¡ojo!, es la visión del artista y nosotros como público y periodistas, no nos podemos quedar únicamente con su verdad o su verdad a medias. Por ejemplo, si un músico dice que su último disco es el mejor que ha hecho en su carrera, tal vez lo sea para él, pero es ahí donde entramos nosotros a evaluar las bases, cuestionando al mismo artista y analizándolo bajo los criterios musicales, porque incluso ellos como artistas a veces lo necesitan, necesitan esa confrontación con lo que han hecho, y fungimos como el público objetivo”, destacó a Crónica, Chava Rock, de Rolling Stone.

“Finalmente quienes se encargan de las crónicas son los periodistas que te ofrecen todo el panorama del lugar, como Carlos Monsiváis, del tipo que te permitía ver cómo eran esos grandes conciertos de Rafael en Alameda Central, eso siempre va a ser necesario y eso no se va a limitar nunca a ser una crónica de 140 caracteres”, comentó el fotógrafo.

La ambigüedad de las notas periodísticas que saturan la web actualmente, ha contribuido a engendrar un público disperso que difícilmente lee contenidos con una amplia extensión de texto, reduciendo al periodista a trabajar prácticamente para la gente del gremio y aficionados.

“El periodismo musical en la actualidad está pasando por una crisis, hay mucha oferta tan pobre que pocos la leen, a lo mucho los promotores y algunos artistas. Para escribir y creerte comunicador debes asumir una responsabilidad. Pero para hablar de periodismo lo que debe importar es la información, pero ahorita lo que prevalece es la opinión”, aseguró Javier Hernández Chelico.

“Creo que hay un hambre por compartir opiniones. Hay gente que quiere hacer foto de conciertos por perfeccionar su trabajo o para compartir su experiencia, pero eso no significa necesariamente que exista un deseo del público por consumir esos contenidos, aunque haya una gran variedad de estos”, sentenció a Crónica, Arturo J. Flores, de Playboy México.

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