Escenario


Planos secuencias más icónicos de la historia: Los Clásicos

PRIMERA PARTE. Con el estreno de 1917, de Sam Mendes, Crónica recuerda los filmes donde mejor se ha utilizado esta técnica cinematográfica.

Planos secuencias más icónicos de la historia: Los Clásicos | La Crónica de Hoy

Montaje del plano secuencia de Sombras del mal, de Orson Welles. (Foto: Universal Pictures)

A lo largo de la historia del cine la técnica del plano secuencia, que se refiere a aquellas escenas largas en las que la cámara se mueve filmando la acción durante varios minutos sin incluir ni un solo corte, ha sido parte de verdaderos monumentos fílmicos inolvidables por su originalidad, belleza, virtuosismo tecnológico-expresivo o la visión ideológica de cada director, una mirada particular del hecho fílmico que proponen.

A propósito del estreno de 1917, de Sam Mendes, Crónica hace un recuento de grandes planos secuencia en la historia del cine. En esta primera parte nos enfocaremos desde los primeros hasta los años 80, mañana abordaremos los planos secuencias más representativos de la era moderna.

Los dos primeros grandes planos secuencias de la historia se dieron en los años 20. El primero se dio en 1927 cuando el gran Friedrich Wilhelm Murnau utilizó la técnica en su filme Amanecer, una obra cumbre del expresionismo que hizo a su llegada a EU, en una escena en la que el marido se adelanta al encuentro de su esposa, por la noche. Un año después Frank Borzage también se lució en Street Angel, en la que su protagonista Charles Farrell, lidia con las miserias y la vida de los suburbios de la época.

En los años 30 tenemos a Ninotchka (1939), filme de Ernst Lubitsch, sobre una mujer enviada a París por el gobierno soviético para supervisar la venta de joyas robadas durante la Revolución Rusa. Ahí encuentra al Conde Léon d’Algout, quien con un chiste nos deja ver la sonrisa de ella después de una larga toma donde trata de hacerla reír.

Uno de los planos secuencias más famosos es el que realizó Alfred Hitchcock en La soga (1948), aunque aquí también surge el falso plano secuencia, pues utiliza ingeniosos trucos de continuidad para cortar la toma y hacer parecer que sigue. Si ya había filmado otros, fue en esta intriga criminal donde innovó porque tuvo fabricar bobinas especiales para poder filmar las escenas, pues en esa época  las habituales no permitían filmar por más de 10 minutos y él hizo un plano secuencia de toda la película.

En los años 50 llegaron varias propuestas memorables. Primero en Born Yesterday (1950), lo utiliza en una escena de una partida de cartas; luego Jacques Tati en Las vacaciones del Sr. Hulot (1953), usa la técnica mientras el protagonista examina los cuadros de la casa de una chica que le gusta. También tenemos The Earrings of Madame (1953), en la que Max Ophüls nos da en la secuencia inicial una presentación de la protagonista, una condesa frívola cuya existencia transcurre entre joyas y fiestas de la alta sociedad.

También destacan dos leyendas: Primero Orson Welles nos deja dos planos secuencias históricos, uno en Otelo, el moro de Venecia (1952), rodado en una playa simplemente con un jeep como único accesorio y el otro en Sombras del mal (1958), que queda como uno de los mejores de la historia, pues en este thriller nos hace testigo del recorrido de una bomba desde que es activada hasta que hace explosión. La otra leyenda es Kubrick, que en esta década destaca con Paths of Glory (1957), con el majestuoso travelling tras un oficial (Kirk Douglas) que avanza y pasa revista a sus soldados antes del ataque.

En los años 60 destaca la propuesta de The Longest Day (1962), en la que a partir del segundo 17 inicia una toma continua de una escena de guerra en un puerto en la que literalmente la cámara vuela para capturar la batalla. También tenemos Soy Cuba (1964), de Mikhail Kalatozov, que tiene varios planos secuencias, entre ellos el de un funeral en el que la cámara vuela por una ventana y atraviesa la bandera cubana.

No hay que olvidar el de Jean-Luc Godard en Week-End (1967), que tiene una escena de siete minutos en la que se ilustra el tráfico y nos presenta la personalidad de los conductores, a veces de forma cómica y otras de maneras más extrañas. De esos años también destacamos al húngaro Miklós Jancsó, quien compone su obra explotando esta técnica, pero nos quedamos con los largos travellings de un grupo de milicianos del Ejército Rojo en prisión, en Los rojos y los blancos (1968).

En los años 70 recordamos la maestría con la que utilizó esta técnica Andréi Tarkovsky en El espejo (1974), sobre un hombre que revisita los recuerdos que han marcado su infancia a través de los ojos de su mujer, su madre, su hijo y él mismo siendo todos y ninguno a la vez. También está Chinese Roulette (1976), de Rainer Werner Fassbinder y su escena de la adolescente discapacitada que le tiende una trampa a sus padres, para que un fin de semana coincidan en su casa de campo con sus respectivos amantes. Finalmente está El reportero (1975), de Michelangelo Antonioni con su hipnótica escena que sigue primero Jack Nicholson por la habitación del hotel y después se aventura al patio exterior, dejándonos expectantes sobre lo que pasa fuera de cuadro.

Finalmente en los años 80 vuelve Kubrick con el paseo en triciclo para El resplandor (1980), pero también está Víctor Erice con El sur (1983) y el plano secuencia circular que empieza y acaba con una corona de flores, pero que pasa por el baile de una chica con su padre, construyendo un hermoso recuerdo.

También destaca Ven y mira (1984), de Elem Klímov, otro filme bélico que destaca con varias tomas pero, sobre todo, con la escena donde el pueblo es quemado con sus habitantes. También regresa Tarkovsky con El sacrificio (1986) y también destaca Bela Tarr en Damnation (1988), con su lento travelling que nos desvela a los parroquianos del Titanik Bar sumergidos en la penumbra, inmóviles como figuras de cera, mientras una hermosa mujer canta una triste canción.

 

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