Opinión


¿Plásticos compostables? Sí, pero…

¿Plásticos compostables? Sí, pero… | La Crónica de Hoy

*Alethia Vázquez Morillas

 

Dos temas ambientales han llamado la atención de los habitantes de la Ciudad de México en la última semana: por un lado, la contaminación atmosférica que aqueja a toda la Zona Metropolitana, y por otro, las modificaciones a la Ley de residuos que limitan el uso de plásticos convencionales en aplicaciones como las bolsas y los desechables, promoviendo en su lugar el uso de plásticos compostables. Esta última medida, aprobada por unanimidad por los legisladores locales el 9 de mayo, es similar a las emitidas por otros gobiernos locales, aunque la CDMX amplió los alcances incluyendo artículos como los globos y cápsulas de café.

La idea de que los plásticos puedan biodegradarse, de forma que sus átomos se reintegren a los ciclos biológicos y químicos que ocurren en el planeta, de entrada parece buena. Sin embargo, todos, y especialmente las autoridades locales, debemos tener claro que para que el uso de bolsas compostables se vea reflejado en beneficios económicos debe reunirse un conjunto de condiciones que tienen que ver con la regulación, la gestión y la educación.

Quizá lo primero que es necesario es que tanto autoridades como ciudadanos tengamos claro que el hecho de que un plástico sea biodegradable no depende del recurso natural a partir del cual se generó. Es común la creencia, que incluso se menciona en la legislación de distintos municipios y estados, de que si un plástico se fabrica a partir de alguna planta, algas o residuos provenientes de animales, automáticamente será biodegradable, pero no es así. La química permite obtener, a partir de recursos naturales renovables, plásticos no biodegradables, como el polietileno o el PET que hace algunos años anunciaba como “30% a partir de plantas” una importante compañía de bebidas. Por otro lado, la tecnología también puede generar plásticos perfectamente biodegradables a partir de petróleo o gas natural.

La nueva legislación de la CDMX promueve un tipo específico de plásticos biodegradables: los compostables, que como su nombre lo indica, han sido diseñados para biodegradarse en un proceso de composteo, en el que hay suficiente oxígeno, agua y nutrientes para que los microorganismos descompongan y asimilen los residuos que se desea biodegradar. 

Los plásticos compostables tienen, en la gran mayoría de los casos, la misma apariencia que los plásticos que utilizamos actualmente todos los días; no huelen, se sienten o se ven diferentes. Esto genera un reto importante, pues implica la necesidad de crear mecanismos que permitan evaluar si un material en realidad es compostable, certificarlo como tal e identificarlo con algún sello o etiqueta que lo distinga de los otros materiales. Aunque esto pueda parecer simple, en realidad no es un tema sencillo. Las pruebas para evaluar la biodegradabilidad de los plásticos aceptadas internacionalmente se desarrollan mediante análisis que duran meses, para cada muestra que se desee evaluar, a través de un proceso que requiere un seguimiento muy cuidadoso. Debido a ello, no existe hasta el momento un laboratorio en el país que se encuentre certificado ante la Entidad Mexicana de Acreditación —la instancia que respalda a los laboratorios que realizan análisis en nuestro país— para realizarla. Si no se logra todo esto, corremos el gran riesgo de que al entrar en vigor la medida nos veamos rodeados de plásticos que presumen ser compostables y no lo son en realidad.

El siguiente eslabón que se requiere articular en la cadena es el manejo que debemos darles a los plásticos compostables cuando los desechamos. Muchas personas consideran que si un material es biodegradable, el proceso ocurrirá sin importar lo que hagamos con él, lo cual, si lo pensamos con detenimiento, contradice por completo nuestra experiencia cotidiana. ¿El papel es biodegradable? por supuesto, contestaría la mayoría. ¿Se están biodegradando los libros que tenemos en casa? Lo más probable es que no, a pesar de estar formados de un material considerado como muy biodegradable, pues no están en un entorno que promueva su biodegradación. Esto nos lleva a una conclusión importante: para que las bolsas compostables se biodegraden tenemos que llevarlas a un entorno propicio, es decir, a una planta de composta.

¿Cómo garantizar que las bolsas lleguen al composteo? De inicio se tendría que modificar la norma ambiental NADF-024-AMBT-2013, que establece la forma en que se deben separar los residuos en la CDMX, para indicar que los plásticos compostables deben agruparse con los residuos orgánicos. Hecho esto, sería indispensable que el ciudadano realizara efectivamente la separación, distinguiendo los plásticos compostables de los que no lo son a través de algún sistema simple y confiable, establecido por las autoridades. La separación tendría que mantenerse durante la recolección, lo que sólo podría lograrse a través de acuerdos con los recolectores que permitan elevar el 42% de eficiencia que actualmente reportan las autoridades. Finalmente, los residuos orgánicos y las bolsas compostables tendrían que llegar a las plantas de composteo actuales o a nuevas instalaciones, que permitiesen dar tratamiento al considerable volumen generado.

El Gobierno de la CDMX tendrá que enfrentar estos retos a contrarreloj para que todo esto esté listo en 2020, cuando entre en vigor la obligatoriedad de que las bolsas sean compostables. Se tienen, por tanto, unos cuantos meses para generar una norma que indique cómo se evaluarán los plásticos compostables, equipar y acreditar los laboratorios que realicen la prueba, generar un mecanismo de certificación y ecoetiquetado, modificar la norma de separación, llegar a acuerdos con los recolectores y ampliar la capacidad de composteo de la ciudad. Esperemos, por el bien de todos, que se tenga clara la ruta y la forma en que se afrontarán estas tareas, para que estas medidas realmente generen un beneficio ambiental.

¿Qué podemos hacer mientras tanto los ciudadanos? Por un lado, presionar para que las autoridades cumplan con su función y generen marcos regulatorios completos y coherentes. Por el otro, asumir un rol de responsabilidad como consumidores, y recordar que, más allá que discutir si las bolsas deben ser compostables, deberíamos considerar la posibilidad de la reutilización. 

 

* Profesora-investigadora del Departamento de Energía de la Unidad Azcapotzalco de la Universidad Autónoma Metropolitana.

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