Opinión


Polkos y migración

Polkos y migración | La Crónica de Hoy

Parece mentira. En medio de los forcejeos diplomáticos y comerciales con el gobierno gringo hay mexicanos que le creen más al prepotente y despreciable Donald Trump que a nuestro Jefe de Estado.

Cual modernos polkos, esos escépticos desoyen los llamados de López Obrador a la unidad y por cálculos político-electorales —¿o franca empatía con Trump y lo que representa?— le regatean solidaridad en una hora crítica.

El tabasqueño ya reprochó que, en la coyuntura de negociación con el poderoso vecino, hay quienes en vez de cerrar filas y ayudar desean que al gobierno le vaya mal, y hasta apuestan a que así será. Es cierto.

En el colmo de la ruindad, escatiman apoyo y atribuyen entreguismo algunos de quienes durante años han contribuido a configurar la desventajosa relación de nuestro país con la potencia hemisférica.

Por ejemplo, aquellos que, dóciles, aceptaron certificaciones en los más diversos campos, de las drogas y los derechos humanos a la aeronáutica y el medio ambiente, pasando por la migración y el terrorismo.

Aquellos que, por un puñado de dólares, acataron la Iniciativa Mérida e impusieron la guerra contra el narcotráfico dictada por el Pentágono.

Los que prometieron hablarle de tú a tú al arbitrario socio y acabaron por consentir abusos y maltrato a mexicanos indocumentados, cuando fue denegada la famosa enchilada de la migración.

Y quienes hace tres décadas pusieron oídos de artillero a la sensata y clamorosa recomendación de no colocar todos los huevos en la misma canasta, y, a chaleco, adosaron los destinos de México a los de su verdugo histórico.

¿Cómo? Mediante un tratado comercial que les extendió acta de defunción a sectores industriales completos y sacrificó el campo, hasta el punto de tener que comprar millones de toneladas de básico maíz a los subsidiados agricultores de allende el Bravo.

Algunos de esos personajes creen llegado el momento de la recuperación de terreno político-ideológico y —trasnochados— propalan el supuesto retorno del neoliberalismo y con éste su propia reivindicación histórica.

Celebran tal retorno cuando el mundo —jalonado por Trump— ya anda en otra cosa: en el proteccionismo, el nacionalismo, el unilateralismo y el uso del comercio exterior como arma ya no para la prosperidad colectiva sino para fines geopolíticos y electorales.

Entre ilusos y perversos, brincan de alegría porque también creen llegado el tiempo de resurrección de las reformas estructurales. Comenzando, ¡claro está!, por la energética.

Avizoran el renacimiento en su creencia de que en la negociación con Washington el de Macuspana se alineó no con la autarquía y el abominable castro-chavismo-madurismo, sino el libre comercio, la globalización, la anorexia del Estado, la soberanía como entelequia.

Son legión los políticos cuyo comportamiento encaja en alguna de las categorías referidas.

Por principio de cuentas, Felipe Calderón y Vicente Fox. Ex mandatarios frente a los cuales Echeverría, Salinas, Zedillo y Peña aparecen —ver para creer— como verdaderos estadistas. Así sea sólo por su prudente silencio y la actitud de quien comprende que ya pasó su turno y lo que procede es cerrar el pico.

Hay, además, una pléyade de legisladores, gobernadores, líderes partidistas y dirigentes empresariales empecinados en que Marcelo Ebrard, Graciela Márquez y el Presidente, ocultan acuerdos y actúan punto menos que como traidores a la Patria.

Duros de convencer, no los ha sosegado ni siquiera la balconeada al mentiroso huésped de la Casa Banca, exhibió tratando de vender como información de primera agua, acerca de un arreglo ultrasecreto, ¡la misma que Ebrard ya había difundido a los cuatro vientos!

Tampoco les restó pugnacidad el espaldarazo de la iniciativa privada, que por voz de los dirigentes del CCE, Carlos Salazar y el CMH, Antonio del Valle, anunció inversiones por 623 mil millones de pesos, en un encuentro en que El Peje dijo que, unidos, a los mexicanos “nos hacen lo que el viento a Juárez”.

La información pretendidamente secreta ciertamente es alarmante. Pero por razones distintas de las que esgrimen los obcecados y sistemáticos críticos de la 4T.

Revela que 70 por ciento de los 144,278 detenidos por Estados Unidos en mayo son niños y adolescentes no acompañados. Lo cual indica que estamos ante una real crisis humanitaria.

La cosa es clara. La divisa de los nuevos polkos es oponerse por oponerse, si no, ¿qué chiste?

“¡La soberanía y la dignidad de México han sido lastimadas!”, dijo el panista Marko Cortés. “No fue negociación, ¡fue rendición!”, expresó el perredista Ángel Avila.

“Nos preocupa la militarización de la frontera sur y que México sea tercer país seguro”, señaló el priista Miguel Osorio Chong. “México está pagando el muro”, sostuvo Damián Zepeda.

“Así como condenamos que Estados Unidos militariza la frontera sur de su país y nuestra frontera norte, México no debe caer en la misma prospectiva”, dijo Luis Raúl González Pérez, el ombudsman que no vio la militarización de todo el país en la guerra antinarco.

Acostumbrados a tener lo mejor de todos los mundos, representantes del comercio abanderados por José Manuel López Campos elogiaron la suspensión de aranceles, pero se dijeron preocupados por el costo de la estrategia migratoria.

Y Gustavo de Hoyos, de la Coparmex, también reconoció la importancia de haber frenado las tarifas; pero adelantó que los patrones vigilarán que, “a la par que se cumplen los compromisos con los gringos, de ninguna manera se vulnere o se traicione la seguridad del país”.

No hay modo de que los adversarios por sistema del gobierno depongan al menos de manera temporal su inquina. Ni siquiera ante el genuino peligro que representa un gobernante gringo mendaz, cínico, caprichoso, despótico y abusivo. Con quien sencillamente no hay modo de quedar si bien si las cosas no se hacen como él quiere.

Ahora que, bien mirado el asunto, tal vez no estamos ante una dudosa noción de la solidaridad y patriotismo, sino al contrario.

Quizá lo que estos furibundos malquerientes desean es que Amlo se hubiera fajado los pantalones y les hubiera declarado la guerra a los Estados Unidos por los mismo motivos que esta potencia invadió México hace 173 años.

En efecto. Desde 1846 nuestro arrogante vecino patentó el maltrato a inmigrantes —lo sufren a diario millones de compatriotas nuestros en ese país— como pretexto para la ocupación, la guerra y la apropiación territorial. Así se apoderó de California, Arizona, Nevada, Utah, Nuevo México, Colorado, Texas.

La invasión militar a México se produjo con el pretexto de que anglosajones asentados de manera ilegal y también legal en Texas —territorio entonces de México— se quejaban de abusos del gobierno mexicano.

¿Cuáles abusos? Pagar impuestos así fuesen mínimos, prohibición de tener esclavos, obligación de hablar español, la lengua nacional; exigencia de entregar las armas.

Si tal es la motivación de los nuevos polkos, no andan desencaminados.

Con una guerra a Estados Unidos quizá haríamos realidad la fake news que Kyle Pope, editor de la Revista de Periodismo de la Universidad de Columbia, plasmó en forma intencional en una portada, hace unas semanas, en pleno Manhattan, para medir la reacción de los lectores ante las noticias falsas:

“Texas ahora es reconocido como estado mexicano”.

Intentémoslo, con los polkos por delante.


aureramos@cronica.com.mx

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