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¿Por qué es tan importante el estrecho de Ormuz?

¿Por qué es tan importante el estrecho de Ormuz? | La Crónica de Hoy

A  falta de armamento nuclear, Irán cuenta con una poderosa arma con la que disuadir a Estados Unidos de cualquier intento de declararle la guerra: el estrecho de Ormuz. Se trata de una retorcida lengua de mar de 33 kilómetros de ancho, pero que en su punto navegable es de apenas tres kilómetros, lo que convierte a los barcos que por allí navegan en blancos muy fáciles de alcanzar, tanto si son atacados desde un barco como si lo son desde la orilla.

El problema (más bien, los dos problemas) con el estrecho de Ormuz es que no es un estrecho cualquiera, es por donde transita el 30 por ciento del petróleo mundial y es el embudo que se abre al golfo Pérsico y que separa a las dos potencias rivales musulmanas: al norte Irán, la patria de los chiitas, y al sur Arabia Saudí, patria de los sunitas y guardiana de los dos lugares más sagrados del Islam: La Meca y Medina (el tercero es Jerusalén).

La región del golfo Pérsico es, además, una cuenca en cuyo subsuelo se encuentran las mayores reservas de crudo y gas del planeta, una riqueza que ha convertido a sus países en territorios codiciados —Kuwait fue invadido por Irak en 1990—; en parques temáticos de lujo para millonarios —Emiratos Árabes Unidos, con Dubái como joya de la corona—; en potencia armamentista —Arabia Saudí es el mayor comprador de armamento estadunidense—; en aspirante a potencia nuclear —Irán— o en potencia que financia grupos armados de la región —Irán de nuevo—.

Este protagonismo de Irán es el origen de la crisis que enfrenta al régimen de los ayatolás con Estados Unidos e Israel; no olvidemos que el antecesor del presidente Hasán Rohaní, el radical Mahmud Ahmadineyad, prometió “eliminar al Estado sionista de la faz de la Tierra (se entiende que cuando su país fuese capaz de fabricar sus propias bombas atómicas)”. Es también la causa del enfrentamiento de Estados Unidos y Arabia Saudí con Irán, al que acusan de financiar a grupos armados chiitas, como la organización libanesa Hizbolá, cuyos milicianos han sido decisivos para mantener en el poder al presidente sirio Bashar al Assad, un tirano chiita que subyuga a la mayoría sunita.

La retirada de EU del pacto nuclear con Irán, la amenaza de embargo al petróleo iraní y el envío al golfo Pérsico de su portaaviones Abraham Lincoln es parte del juego de Donald Trump para intimidar a los iraníes y que no logren la hegemonía en la región. Pero el gobierno de Teherán ya ha advertido que reanudará su programa atómico si Washington logra que nadie compre petróleo iraní y la economía de la República Islámica entra en bancarrota. Peor aún, advierte que si sus petroleros no pueden seguir cruzando Ormuz para vender crudo y gas iraní al mundo, ningún otro país de la región lo hará. Y esto es así porque los iraníes tienen el poder de cerrar el estrecho, ya que son los únicos con misiles desplegados y con el control militar de casi todas las islas que salpican el estrecho.

La amenaza de cierre de Ormuz es tan real que, ayer mismo, Trump advirtió que “no irá a la guerra contra Irán… a no ser que la provoque”. Y la provocación sería cerrar Ormuz y que el precio del petróleo se disparase por encima de los cien dólares. Entonces la guerra estaría más cerca que nunca.

 

fransink@outlook.com

 

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