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Por sí sola, la educación no logra la  movilidad social de los más pobres

Se requiere atacar problemas estructurales, como establecer igualdad de oportunidades para acceder a la educación, señala David Aké Uitz, cuyo estudio obtuvo el Premio de Economía Joaquín Xirau Icaza 2019

Por sí sola, la educación no logra la  movilidad social de los más pobres | La Crónica de Hoy

No obstante el imaginario popular, la educación por sí misma no otorga la movilidad social para salir de la pobreza o mejorar el desarrollo económico y laboral de las personas. Se requiere de otras características, como entornos propicios y habilidades socioemocionales estimuladas en la infancia. Ésta es la premisa del estudio Educación y movilidad social intergeneracional en México de David Aké Uitz, con el cual obtuvo el Premio de Economía Joaquín Xirau Icaza 2019, entregado a finales de 2019  por El Colegio de México y la Fundación Colmex.

En entrevista, el economista por la Universidad de Chapingo explica que la movilidad social a través de la educación es baja, principalmente en los sectores más desfavorecidos del país, por lo cual buscó analizar las variables que lo provocan. 

“La evidencia empírica en nuestro país ha demostrado que esa movilidad es baja, significa que si naces en un lugar pobre mueres pobre. La educación debería ser el instrumento que permita cambiar esa dinámica”, sin embargo, no es tan sencillo ni automático. El egresado del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) investigó cuáles son las variables que inciden en que las personas no logren alcanzar los niveles educativos de los que se esperaría un mayor beneficio. 

En su estudio analizó el papel que juegan los padres —así como su educación— en la transmisión de habilidades “blandas”, como responsabilidad, disciplina…, habilidades cognitivas y el papel que juega el entorno. Detectó que existen ventajas y desventajas que se transmiten de padres a hijos y que inciden en el logro escolar de las personas, lo que conduce a que no compitan en igualdad de oportunidades. 

“Para llegar a niveles educativos que pueden romper este vínculo de transmisión intergeneracional de la pobreza más alta se requiere igualdad de oportunidades. De inicio no existe igualdad para llegar a los niveles educativos de los cuales se espera un mayor retorno y que les vaya mejor. Ahí entra el contexto familiar, de los padres, la herencia de habilidades cognitivas así como socioemocionales, entre otras cosas”. 

A temprana edad, añade, el ambiente en el que se encuentran las personas permite tener una progresión escolar hacia los niveles avanzados; no obstante, puede sufrir rezago en los niveles básicos de educación. A lo largo de esta etapa, apunta, observó que las habilidades socioemocionales desarrolladas son igual de importantes que las cognitivas en la determinación del logro escolar de las personas. 

EDUCACIÓN ACTUAL. Por otra parte, el especialista destaca algunas características del actual sistema educativo que deberían de modificarse de acuerdo al tipo de evidencia que ofrecen estudios como el suyo. “Actualmente el sistema educativo, de forma general, pone mucha atención en el fomento de las actividades cognitivas y presta poca atención en el fomento de las habilidades socioemocionales, el carácter de las personas, la disciplina y la autorregulación de las emociones, que deben de promoverse desde los niveles más básicos. Esto se encuentra fuera de las política actuales”. 

Otra se refiere al sistema de admisión a los niveles medio-superior, el cual se vincula a su vez a la implementación que busca el actual gobierno de eliminar los exámenes de ingreso. Desde su punto de vista, en el contexto actual, el impacto de esta medida sería muy pequeño, a reserva de que se pueda medir empíricamente, si no se otorga igualdad de oportunidades. 

El especialista recuerda que existe un cuello de botella entre el número de mexicanos en el nivel medio superior que busca acceder al superior, donde sólo cuatro de cada 100 de los más pobres lo logran. “Eliminar el examen de admisión impactaría a quienes están actualmente en el sistema, no igualaría las oportunidades de aquellos que vienen de los niveles más bajos  en la educación básica, donde se dan los principales rezagos educativos en el contexto actual del país”. 

Por otra parte, el aumento de los espacios educativos tampoco resuelve por sí mismo el problema. Es decir, las nuevas universidades que planea poner en marcha el actual gobierno no serían ocupadas por las personas más pobres. 

“Históricamente, uno de los ejes de la política educativa es pensar en que el problema es de cobertura, si bien las instituciones de educación superior en el país son insuficientes, la expansión de éstas se ha dado desde los años 60 y 70”. David Aké Uitz señala que analizó esta expansión entre 1993 y 2005 para visualizar su impacto. “Los resultados refieren que al final del día no tuvo un efecto estadísticamente significativo en la movilidad social de las personas”. Observó por otra parte que se incrementó la brecha de participación escolar entre ricos y pobres, es decir, que quienes se apropiaron de estos nuevos espacios siguieron siendo las personas con menores desventajas. 

“Hasta que no se alcance la cobertura óptima donde se da acceso tanto a la población de los quintiles de riqueza más alta, como a los del quintil más bajo, abrir nuevas universidades no beneficiará a las personas más desfavorecidas. Por otra parte, abrir nueva instituciones educativas sin antes resolver problemas de los niveles educativos anteriores es una política costosa”.

El especialista —que actualmente se desempeña como subdirector de Información en Dirección adjunta de posgrado y becas de Conacyt— concluye que si bien actualmente se ha desarrollado una percepción de que estudiar no garantiza el éxito de las personas (entendiendo éxito como mejor expectativa laboral y de ingresos), sigue siendo el camino hacia una movilidad social. 

“Esta percepción puede desincentivar a las personas a estudiar si se transmite de manera equivocada. Lo cierto es que la educación sigue siendo un instrumento sólido que debe repensarse para promover esa movilidad social. El detalle está en el ‘cómo’, para que realmente cumpla con ese papel de igualador de oportunidades para las personas. Se requieren políticas integrales, un buen mercado laboral, salud, entornos familiares saludables, eliminar la violencia…, de lo contrario, pensar que la educación por sí sola es capaz de resolver el problema, es utópico”.

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