Opinión


Presbicia de la oposición

Presbicia de la oposición | La Crónica de Hoy

De acuerdo. El abusivo gobierno de los Estados Unidos chamaqueó al de la 4T en el trío formado por el presidente López Obrador, Marcelo Ebrard y Jesús Seade.

Y, como consecuencia, la administración de Donald Trump asumirá el control absoluto de nuestra legislación laboral y nombrará a cinco agregados diplomáticos para supervisar el cumplimiento de la misma.

Peor. En realidad esos agregados desarrollarán tareas de inspección en empresas, sindicatos y gobierno, provistos incluso de una línea telefónica especial para recoger denuncias sobre violaciones contractuales y a la libertad sindical.

Con lo cual esos señores zapatearán alegremente una polka sobre nuestra soberanía nacional, inhibirán inversiones y causarán colosal caos en las relaciones obrero-patronales y en nuestros vínculos trilaterales con la potencia hemisférica y Canadá.

Convengamos, sólo en gracia de discusión, que todas estas calamidades se abatirán sobre nuestro país debido a la impericia, arreglos inconfesables o frágil nacionalismo de los negociadores del T-MEC, encabezados por Seade.

Y porque así es de intemperante el Tío Sam, algo que ya está demostrado por la historia no sólo a escala bilateral con México, sino global.

Los tratados, convenios y cualesquiera otros instrumentos del derecho internacional son papel picado para el gobierno gringo cuando de sus intereses se trata. Hasta el punto de que suele aplicar de manera extraterritorial sus leyes internas, sean éstas sobre terrorismo, drogas, inversiones o confiscaciones.

Todo eso puede ser cierto. Sólo que, en ese caso, los legisladores, líderes de partidos, dirigentes empresariales y columnistas de prensa que han configurado un estridente coro de recriminaciones por la chamaqueada, les deben explicaciones a los mexicanos.

Por principio de cuentas, tienen que explicar la extemporaneidad en su descubrimiento acerca del verdadero papel que, según ellos, cumplen los agregados diplomáticos estadunidenses.

Y, luego, señalar dónde han estado en las últimas cuatro décadas, pues no se percataron de la llegada a muestro territorio de decenas de agregados para las materias más disímbolas.

En todo este tiempo la embajada norteamericana ha estado saturada de agregados militares, comerciales, de turismo, economía, agricultura y otros muchos asuntos, además de representantes de la CIA, el FBI, la DEA, Aduanas…

Acaban de darse cuenta de esta realidad, sin embargo, senadores como Damián Zepeda, Miguel Mancera, Xóchitl Gálvez y Gustavo Madero, diputados como Silvia Garza y Brasil Acosta, y dirigentes empresariales como Francisco Cervantes.

Eso, por sólo mencionar a unos cuantos de quienes han llenado la atmósfera con acusaciones de que el gobierno federal aceptó que inspectores estadunidenses supervisen el cumplimiento de nuestra legislación laboral.

Celosos guardianes de la soberanía nacional, no los ha convencido ni siquiera la carta del representante comercial Robert Lighthizer a Seade, en la que éste jura que los agregados no desempeñan tareas de supervisión en campo, sino que son únicamente agregados diplomáticos, burócratas de esos que hay en todas las embajadas del mundo.

Sorprende, por todo ello, la actitud de estos integrantes de la oposición; mexicanos, todos, de encomiable nacionalismo, a quienes sólo por descuido —en modo alguno por politiquería, ¡qué va!— les pasó de noche la imposición por el Pentágono de la guerra contra el narco, que aún de­sangra el país.

Y tampoco se dieron cuenta, en 2007, de la autorización por Felipe Calderón para la operación de agencias de inteligencia gringas, mediante espías desplegados en el territorio nacional, que se metieron hasta las recámaras de Los Pinos. Tal como, en julio pasado, lo reportó el periodista Jesús Esquivel, con base en documentos del calderonato.

Esos opositores, ahora tan atentos y perspicaces, sólo por inadvertencia —¡no vaya alguien a creer que por conveniencia!— dieron con su silencio, de manera tácita, vigoroso respaldo al consentimiento de Enrique Peña Nieto para el operativo Rápido y Furioso.

Sí, aquel operativo mediante el cual millares de armas de fuego fueron introducidas por el gobierno norteamericano dizque para seguirles la pista en suelo mexicano, pero acabaron en manos de la delincuencia con quién sabe que cruentos resultados.

Causa hilaridad que opositores con semejante hoja de servicios critiquen de modo tan peregrino al actual gobierno, si como asegura Lighthizer los supuestos inspectores no son tales.

Lo que, eventualmente, no impediría —con T-MEC y sin él— que la potencia haga lo que le venga en gana, hasta pretender aplicar sus leyes en nuestro territorio, como ha hecho en medio mundo. Pero ese es otro cantar.

En todo caso, quienes llegaron a la extrema arrogancia de exigir la comparecencia de Seade ante el Senado y hasta le atribuyeron indolencia porque supuestamente no leyó la letra menuda —algo que tampoco hicieron los atentos senadores de la oposición, afectados de aguda presbicia—, en modo alguno pueden eludir el imperativo de exponer las razones de su doble rasero. Omisos en el pasado y muy exigentes en el presente.

Un mínimo de decencia no les vendría mal a quienes desde diferentes trincheras pretenden hacer tiras con el pellejo de Seade. Mirado con honestidad intelectual el desempeño de este funcionario ha sido más que sobresaliente en el tira y afloja con gringos y canadienses, eficiente y ejemplarmente nacionalista.

Sólo desde la más ramplona politiquería puede negarse que la negociación fue exitosa, hasta donde puede serlo todo arreglo con la nación con la que México tiene 70 por ciento de sus vínculos comerciales.

 

 

Aurelio Ramos Méndez

aureramos@cronica.com.mx

 

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