Opinión


¿Presidente, Pence?

¿Presidente, Pence? | La Crónica de Hoy

Quitar a Donald Trump del poder no será fácil para los demócratas. Enjuiciarlo y sacarlo de la Casa Blanca sólo se lograría si dos tercios del Senado, controlado por republicanos, vota a favor; pero eso no va a suceder. Sin embargo, en el remoto caso de que se diera un milagro ¿qué obtendría Estados Unidos y el resto del mundo a cambio?  El premio sería un nuevo presidente, el número 46 en la historia de este país, de nombre Michael Richard Pence, con el que las cosas no van estar mejor sino mucho peor.

Si Trump se fuera, Pence, automáticamente y de acuerdo a la ley, asumiría el cargo, ya antes nueve vicepresidentes lo han hecho por muerte o renuncia del titular. La tercera en la línea al poder  es Nancy Pelosi, líder de la mayoría demócrata en la Cámara de Representantes.

Pero ¿quién es ése que podría ser el presidente? Mike Pence, como mejor se le conoce, es un politico retrógrado, ultraconservador, un personaje radical sin ningún carisma, ídolo de la derecha, con gran odio por los inmigrantes, los asilados y los homosexuales.

Está totalmente a favor de la construcción del muro en la frontera y de deportar a todos aquellos sin documentos. Aunque a simple vista parece muy calmado y un cero a la izquierda es, para muchos analistas, más peligroso que Trump.

Pence tiene 60 años y él mismo se define como cristiano, conservador y republicano. A diferencia de su jefe, que navega de acuerdo a como le conviene, éste tiene y es absolutamente fiel a su ideología derivada de la Biblia y en eso basa su vida y su política.

 Antes de que Trump lo invitara como compañero de fórmula, era  gobernador de Indiana y antes estuvo en Washington doce años como legislador. Período en el que pasó sin gloria, pero sí con bastante pena, ya que en su paso por el Congreso presentó 90 enmiendas y nuevos reglamentos, pero absolutamente ninguno se convirtió en ley. Todos fueron ignorados o rechazados. Entre ellos su propuesta en 2007 para hacer del inglés, el idioma oficial y único de los Estados Unidos.

En inmigración, Trump encontró su alma gemela. Por años Pence insistió, también sin éxito, en implementar una ley que prohibiera fondos federales para hospitales y centros médicos de urgencias, que brindan servicio a trabajadores que estan aquí sin visa y pretendía que se permitiera a las instituciones de salud públicas y privadas, negarles atención, reportarlos y, de ser posible, enviarlos de regreso a sus países para que los atendiera un doctor allá. También pretendió negar fondos públicos para ayudar a refugiados sirios, pero una Corte federal lo frenó.

El vicepresidente está en contra de que se legalice la situación de los jóvenes que fueron traídos aquí de niños y que no conocen más país que éste, así como la de los padres de hijos nacidos aquí y se opone a que se otorgue la ciudadanía en todos los casos.

Sostiene que el matrimonio es y debe ser, sólo entre un hombre y una mujer. Como gobernador intentó inútilmente que en Indiana se prohibiera el matrimonio homosexual o que se reconocieran casamientos de este  tipo realizados en otras entidades. En el 2015, atrajo la atención nacional al imponer una ley que permitía a los comercios negarse a dar servicio a parejas gay. La reacción fue inmediata y tan negativa, que ligas deportivas, compañías tecnológicas, artistas y empresarios cancelaron sus contratos en Indiana obligándolo a retractarse.

Entre sus posturas más controversiales está su total oposición al aborto, aun en casos de violación o malformaciones físicas o mentales. En política exterior es fanático de Israel y se opone terminantemente a que exista un Estado palestino.

Está también en contra de que gays y lesbianas se enlisten en las Fuerzas Armadas, dice que la homosexualidad debilita los rangos y la vida militar. No le gustan las fiestas, dice ser enemigo de la frivolidad y es totalmente abstemio. Asegura que para evitar tentaciones, no acude a ningun lado sin su mujer. Casado con Karen Sue Batten, desde que hace 33 años la conoció en una iglesia, públicamente la llama ‘madre’ y quienes lo conocen bien, aseguran que ella es la persona con más influencia y poder sobre él.

De Pence, un católico ferviente que luego se convirtió en evangélico, se dicen muchas cosas, pero la que más se escucha es que sus convicciones religiosas, por fuertes que sean, nunca serían un obstáculo para sus ambiciones políticas y que estaría muy contento si logran quitarle a Trump de enmedio. El problema es que no hay a cuál irle.

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