Opinión


Primeras consecuencias de la austeridad (Republicana)

Primeras consecuencias de la austeridad (Republicana) | La Crónica de Hoy

Desde hace varios años andamos hundidos en las recetas bizcas de las reformas estructurales y sus supuestos efectos esgrimidos por el presidente Peña y los suyos. Esas fórmulas tienen al país en un tobogán económico descendente y depresivo.

Muchos creímos que ése era el punto de partida ya no digamos de las campañas electorales, sino de cualquier gobierno que iniciara en diciembre del 2018: sabíamos que cada año veníamos creciendo menos.

Pero lo evidente y las tendencias demostrables no fueron atendidos y la elaboración y la decisiones pusieron a andar una política económica casi idéntica que la precedente, con un montón de palabras y discursos hinchados de oposición, pero que, en realidad, nunca pudieron ocultar lo mero esencial: seguimos metidos en la política económica a gusto del neoliberalismo. Veamos.

1.- Llamo su atención: vamos tan mal que la discusión ya no danza entre el 2 o el 2.5 por ciento de crecimiento económico (como en el sexenio pasado), sino en un círculo bastante más lúgubre: ¿estamos en un escenario real de estancamiento o creceremos, así sea unas décimas, un poquito más allá? Revisen los primeros trimestres de los sexenios anteriores y al único que superamos es al trimestre del peor año económico de México que registran las estadísticas (o sea, el de 1994-95).   

2.- Un ojo a los datos. En el año 2015 crecimos a una tasa de 3.3 por ciento (hoy nos parece una magnitud enorme), pero en 2016 ya moderamos a un 2.7 por ciento; 2.3 en 2017 y 2.0 en 2018. Fíjense bien: llevamos cuatro años creciendo menos que el año anterior, para llegar a 1.5 o 1.3 en 2019 (según pronósticos). Esto quiere decir que nuestro país lleva un viacrucis de un lustro decreciendo año tras año, en un síntoma inequívoco de lo que algunos sabios llaman “estancamiento secular”.

3.- Y no sólo eso: según el Consejo Nacional de Población, la tasa de crecimiento demográfico ronda el 1.3 por ciento (sin contar el retorno de los cientos de miles de paisanos que de un tiempo para acá regresan cada año de Estados Unidos). Esto quiere decir que, por primera vez desde hace diez años, el ritmo de crecimiento económico será menor que el del crecimiento poblacional. Irremediablemente, en conjunto y si seguimos en las mismas, seremos más pobres en diciembre de 2019.  

4.- ¿Esto es culpa del presidente López Obrador? La tendencia de mediano plazo ya perfilaba una caída sucesiva y prolongada, así que la maquinaria económica nacional, desde el peñismo, ya se resbalaba hacia el estancamiento. El problema es que esto, ya se sabía y el actual Gobierno decidió prolongar la misma política económica que nos conducía hacia ese túnel. Con Peña se le bautizó “disciplina fiscal”; en estos tiempos se le denomina “austeridad republicana”.

5.- Omitan los membretes y fíjense en las grandes columnas que sostuvieron a unas y otras. En un elocuente video emitido el primero de noviembre de 2018, nuestro Presidente afirmó muy orondo: “Se mantendrán los equilibrios macroeconómicos… no gastaremos más de lo que ingresa… no vamos a endeudar al país… no vamos a aumentar impuestos ni a crear otros nuevos… y vamos a respetar la autonomía plena del Banco de México” (o sea, privilegiar la lucha frente a las expectativas de inflación en vez del crecimiento), etcétera… En otras palabras, repitió la receta canónica utilizada para garantizar tranquilidad en los mercados (https://youtu.be/sfWzKGI7SQc).

6.- En castellano, lo que dijo el Presidente fue que el esquema de política económica se mantendrá prácticamente inalterado (salvo en el crucial tema salarial) por lo que, desde entonces, nadie con dos dedos de frente podía esperar un resultado distinto al del cuatrienio previo. Ya se sabe: no pidas un resultado distinto si haces y repites las mismas acciones. En esas estamos, sólo que ahora ya en linderos propios del estancamiento y, si no se articulan medidas emergentes, de una cruda recesión (como con Fox, por cierto).

7.- Y no obstante, hace tres días, desde el Congreso, las voces más rutilantes de la mayoría se ufanaban de haber aprobado la “Ley de Austeridad Republicana” para continuar alegremente con los recortes a discreción y la merma de uno de los pocos instrumentos que le quedan a este país para navegar en su mar de los sargazos económico: el gasto público.

Si un Estado gasta menos, hace menos. Si hay menor actividad (por ejemplo, menor inversión pública) la economía no se anima. Si hay menos dinero circulando con más personas que lo necesitan, quizás controlarás la inflación, pero no habrá quién compre lo que antes se compraba y así, enaniza al conjunto de las empresas (¿para qué inviertes, arriesgas, ofreces más cosas si lo obvio es que no habrá quién lo demande).

¿Lo ven? La austeridad (con el apellido que se quiera) es recesiva, es regresiva (la padecen más los de menos ingresos) es mala idea y produce lo que ahora vemos venir: una sociedad más y más empobrecida.

 

Presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática
ricbec@prodigy.net.mx
Twitter: @ricbecverdadero

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