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Pueblo, datos, plan

Pueblo, datos, plan | La Crónica de Hoy

Somos 125 millones de seres humanos quienes habitamos México, los que vivíamos en su territorio hasta el año pasado. En la última década esta ha sido la progresión demográfica: 112.3 millones en 2010 y 119.5 millones, en 2015. Lo que quiere decir que en menos de una década sumamos 12.7 millones de almas (casi una Ciudad de México y media).

Una buena noticia es que la fuente recientísima (la Encuesta Nacional sobre Dinámica Demográfica, ENADID-2018 del INEGI) cuyos resultados conocimos la semana pasada (https://tinyurl.com/y2woqvsq), coincide bastante bien con los pronósticos que CONAPO había hecho casi un año antes (https://tinyurl.com/y4sq8m6b). Es decir: las cifras cuadran, nadie puede salir con el consabido “otros datos tengo yo”.

Y lo que confirman ambas fuentes es el panorama que tendría que estar en la base de las prioridades nacionales. Veamos.

Uno. Los pobres siguen teniendo más hijos que el resto, lo que refuerza la miseria y la desigualdad. No hay educación sexual adecuada (a veces ni educación a secas), están fuera de los programas de planificación familiar y casi no usan anticonceptivos. El 42.2 por ciento de las mujeres indígenas viven con esas carencias y son el 27.4 de las que radican en zonas rurales. Prioridad uno: igual que en otros tiempos, es urgente una poderosa política de educación y de generalización de métodos anticonceptivos en zonas rurales e indígenas, desplegadas por el aparato educativo y de salud del Estado. Asociada a esta tragedia diaria (embarazos no deseados o no previstos y que determina el destino de millones de mujeres) hay que desarrollar esa política entre las muchachas jóvenes: el 22 por ciento de ellas presentan esa misma problemática. Ojo: esto fue una prioridad en el cruce de entre siglos pero la tendencia a reducir el embarazo no deseado se estancó y se ensañó entre las más pobres y las más jóvenes: todo un fracaso social.

Dos. Y como los jóvenes son cada vez más precoces con su actividad sexual, sostienen relaciones a edad cada vez más temprana (17 años entre las mujeres). No estudiar ni trabajar es —a menudo— el contexto de embarazos que tienen un objetivo que no es el bebé mismo sino “escapar de casa”, lo que condena —sobre todo a ellas— a dedicarse a la crianza y no al desarrollo personal propio. Reducir el embarazo adolescente y juvenil (por no hablar del criminal embarazo infantil) debería ser la segunda gran prioridad de nuestro pueblo.

Tres. En el otro extremo está el envejecimiento y todos los cambios que exige, desde el sistema de salud (pensado para la atención de menores) hasta las pensiones. El año pasado eran 13.4 millones los mexicanos mayores de 60 años. En 2030 seremos 20.5 millones, lo que quiere decir que mientras la población total ha crecido a una tasa de 1.2 por ciento hasta ahora, la población mayor lo ha hecho a un ritmo de 3.5 por ciento ¡tres veces mayor! Seremos viejos, pero sobre todo, serán mujeres mayores que suelen no tener acceso a las pensiones ni a los servicios porque se dedicaron a la crianza y a los cuidados. El tipo de vivienda será cada vez más importante y las personas solas más y más numerosas. La infraestructura, el cuidado y el tipo de servicios sanitarios deberán prepararse para ese vuelco que ya es posible reconocer en las urbes más pobladas. Es la prioridad tres, íntimamente vinculada al cambio financiero y a la concepción misma del sistema de pensiones.

Cuatro. La dispersión seguirá siendo el enemigo de la planeación: 31 millones de compatriotas todavía viven aquí y allá, en cientos de miles de pequeñas localidades aldeanas de difícil acceso para casi todo. Poco más de 79 mil localidades rurales se encuentran aisladas pero habitadas por 7 millones de personas. Y es allí donde se escenifica la pobreza más extrema de todas.

La pobreza de masas, en cambio, está en otra parte: en las ciudades que hacinan por millones a los pobres de distinta gravedad pero que protagonizan el envejecimiento nacional real: en los siguientes doce años, la población de 65 años o más aumentará allí en 88 porciento, muy especialmente en la Ciudad de México y las Zonas Metropolitanas de Guadalajara y Monterrey. El elemento clave de la cuarta prioridad: la vejez será asunto crítico en las grandes urbes.

Cinco. El pueblo mexicano ya padece una insuficiencia crónica de agua y vive, cada vez más, en zonas propensas a las amenazas y los riesgos. Casi no hay ciudad mayor al millón de personas que no tengan problemas severos con su red hidráulica y no sólo eso: para el 2030 el 14 por ciento de la población vivirá bajo riesgo sísmico, el 24 expuesto a ciclones, el 18 a ondas cálidas y el 17 porciento a sequías severas. Las amenazas “naturales” son una constante para más de las tres cuartas partes de la población y no parece haber una prioridad en las decisiones de ordenamiento territorial, gestión de riesgos ni de inversión en la infraestructura pública a escala nacional.

Sexto. La migración, es otro cambio espectacular del que Trump ha caído en cuenta: ya no somos un país expulsor, sin un territorio de tránsito, destino y de refugio. Los números: la cantidad de mexicanos que se van y se quedan en el otro lado es de medio millón de personas anuales (con papeles o no), pero la migración de retorno desde Estados Unidos es la mitad (495 mil personas por lustro) y gran parte se ha vuelto a alojar en el occidente: Jalisco, Michoacán y Baja California. Se va un millón: regresa la mitad, y esta parte tiende a crecer.

Por otro lado, el flujo de centroamericanos que se arriesgan a pasar por México en su ruta al norte se multiplicó de 165 mil en 2012 a 342 mil en 2015. Somos una olla de presión que tiende a contener más y más seres humanos y por contra, a ser menos hospitalarios (por falta de recursos, ya se sabe), con las consecuencias geopolíticas del caso y los cambios necesariamente articulados, en política interior y exterior.

Si creemos en Amartya Sen (“Para la política económica las noticias de la ciencia demográfica deberían preceder las decisiones de todo lo demás”), estas seis verdades inmensas y fuera del alcance de cualquier voluntarismo, tendrían que ser la base de nuestra visión y plan: el fundamento de cualquier proyecto.

Pero resulta que no, no las vemos en el Plan Nacional de Desarrollo… (continuará).

 

Ricardo Becerra Laguna
Presidente del Instituto de Estudios para la Transición Democrática
ricbec@prodigy.net.mx
Twitter: @ricbecverdadero

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