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Putin y Biden: Una cumbre entre “asesinos”

El presidente de EU acusó a su homólogo ruso de ser un homicida y éste respondió: “Hace falta ser uno para reconocer al otro”. Hoy se ven a solas ¿Habrá milagro en Ginebra?

Putin y Biden: Una cumbre entre “asesinos” | La Crónica de Hoy

En 2011, el presidente Putin recibió en el Kremlin al entonces vicepresidente de EU, Joe Biden.

La palabra asesino a algunos les produce la risa nerviosa. Cuando Joe Biden, ya como presidente de Estados Unidos, llamó “asesino” a Vladimir Putin, el pasado 17 de marzo, la primera respuesta de su homólogo ruso fue soltar una risa y luego pronunciar de forma un tanto enigmática: “Mantente saludable. Te deseo buena salud”, que días más tarde completó con un “Hace falta ser uno para reconocer al otro”. Por otro lado, cuando hace dos días un periodista le recordó al mandatario demócrata si seguía pensando lo mismo respondió: “Yo también me río” y remató con un “de todas maneras él cree que esto no importa tanto”.

Pero, ¿qué pasó para que el (aparentemente) comedido Biden usara uno de los peores calificativos que se le puede dar a otra persona, y peor aún, si se trata de un líder político? Básicamente que Biden se la tiene guardada a Putin desde hace mucho tiempo.

El 17 de marzo de 2021, apenas dos meses después de que Biden jurase ante un Capitolio aún humeante por el asalto de trumpistas, el mandatario demócrata concedió una entrevista a la NBC, donde se le preguntó su opinión sobre el reciente informe del servicio de inteligencia que sugiere que Putin autorizó una campaña para interferir en las elecciones, para que el republicano Donald Trump volviera a ganar las elecciones, como ocurrió cuatro años antes cuando derrotó a Hillary Clinton.

“Pagará un precio. Lo verán pronto”

La respuesta del mandatario demócrata a la pregunta del entrevistador sorprendió por su dureza: “Putin es un asesino”. Y lo remató con un enigmático: “Putin pagará un precio. Lo verán pronto”. 

Ese “pronto” podría ser tan pronto como hoy, miércoles, cuando se reúnan este miércoles al más alto nivel en Ginebra (Suiza), en uno de los momentos más bajos de las relaciones entre dos viejas potencias adversarias: la que derrotó a la URSS en la guerra fría y teme más a China, y la que trata de vengarse de esa derrota, aunque sea mediante ciberataques y reconquistando partes del territorio perdido (Crimea, el este de Ucrania, Bielorrusia).

Señor Putin ¿Es usted un asesino?

Un día antes del esperado encuentro, le tocó el turno a Putin para ser entrevistado por la cadena NBC y el periodista Keir Simmons disparó sin contemplaciones:

“El fallecido John McCain le llamó asesino en el Congreso. Cuando al presidente Trump le dijeron que usted es un asesino, no lo negó. Cuando se le preguntó al presidente dijo: Sí, lo pienso... Señor presidente, ¿es usted un asesino?”, soltó Simmons a Putin.

La reacción del presidente ruso fue soltar una carcajada -otra vez- y después defenderse con un: “Me he acostumbrado a ataques de todo tipo bajo todo tipo de pretextos y de diferente calibre y ferocidad. Nada de eso me sorprende”. Y, sin tratar de rebatir semejante acusación en su contra, dijo que llamar “asesino” a alguien debe ser “una expresión de la cultura estadounidense en general”.

No contento con las evasivas de Putin a por qué le llama asesino el presidente de EU, el periodista atacó con otra pregunta que sí tuvo que incomodar mucho a Putin: “Déjeme darle algunos nombres. Anna Politkovskaya, muerta a tiros. Alexander Litvinenko, envenenado con polonio. Sergei Magnitsky, golpeado y muerto en prisión. (El excolaborador de Putin) Mijail Lesin murió de un traumatismo contundente en Washington... ¿Son todas estas una coincidencia, señor presidente?”.

Ante la imposibilidad de esquivar la acusación por más tiempo, Putin echó balones fuera diciendo que las personas mencionadas “perecieron por diversas razones a manos de diferentes razones”, y añadió que “algunos de los criminales que cometieron esos delitos están en prisión”.

Lo que Putin no explicó es que, casualidad o no, todos ellos eran periodistas que escribieron sobre crímenes de Estado, como los de las tropas rusas en Chechenia, o eran cercanos al Kremlin, hasta que empezaron a disentir en público de la campaña de terror contra los líderes que pueden desafiar su poder, como Boris Nemtsov, asesinado a tiros frente al Kremlin en 2015, o Alexander Navalni, encarcelado tras sobrevivir milagrosamente a un té con el agente nervioso Novichok.

¿Y el autor intelectual?

Y tampoco sirve de descargo señalar que los asesinos están en la cárcel. Puede que en algunos casos -muy sospechosos como en el caso de la periodista Politkovskaia- estén en la cárcel, pero otros, como los dos agentes del nuevo KGB que en 2018 intentaron envenenar al disidente Serguéi Skripal en Inglaterra, están protegidos por el Kremlin. 

Además, no hace falta ser un ex agente del antiguo KGB -como lo fue Putin- para saber que, ante lo que parecen crímenes de Estado, lo importante es que nunca se investigue al autor intelectual, que es, exactamente lo que ocurre en Rusia.

Llegados a este punto, recordar aquella frase enigmática de Putin, cuando Biden le llamó asesino, provoca cuando menos escalofrío: “Mantente saludable. Te deseo buena salud”.

El principio de la predictibilidad

Con este contexto llegan los dos mandatarios a su primera cumbre al más alto nivel. Con sanciones, la expulsión de una decena de diplomáticos, respectivamente, y con los embajadores en Washington y Moscú llamados a consultas desde mediados de marzo, cuando estalló la última crisis, tras el explosivo informe de los servicios de inteligencia estadounidenses que apuntaba directamente a Putin como la persona que autorizó que el parlamentario ucraniano prorruso, Andriy Derkach, reclutara a políticos estadounidenses “no identificados” y “haters” que inundaron internet con mensajes y noticias falsas para desprestigiar a Biden y a su hijo Hunter, quien hizo negocios en Ucrania.

Sin embargo, Biden y Putin poseen dos cualidades de las que carecía el intempestivo y rencoroso Donald Trump: veteranía y pragmatismo. 

De hecho, tras haberse llamado mutuamente asesinos, Biden no dudó en llamar a Putin para solicitar una cumbre bilateral, y Putin no dudó en aceptarla.

A todo esto, habría que añadir otra que posee Biden: la predictibilidad.

A diferencia del republicano, Biden se maneja por el principio de que cumple lo que anuncia, y si cambia de opinión no es por un capricho o un ataque de furia irracional, como habría hecho Trump, sino que trataría de dar una explicación de peso o dejaría que otros lo hagan por él, como el periodista de la NBC que entrevistó ayer a Putin.

Biden y Putin, previsiblemente, dejarán a un lado los insultos y se enfrentarán a una partida de ajedrez geopolítico donde cada uno defenderá los intereses de sus propios países, aunque todo apunta a que habrá muchas otras partidas y esta será, básicamente, una carta de presentación y cuáles son las quejas de cada uno.

Derechos humanos y Ucrania

Ayer, a pocas horas de la cumbre, el Kremlin confirmó que en la mesa están todos los temas que preocupan a Washington y a Moscú, lo que significa que Putin deberá escuchar lo que Biden le diga sobre su política en materia de derechos humanos, un ámbito en declive en Rusia, donde la sociedad civil y la prensa independiente enfrentan cada vez más restricciones y los llamados occidentales a que se respete el derecho a disentir son desoídos.

Aunque a Putin no le guste, Biden querrá abordar la situación del líder opositor Alexéi Navalni, y la represión de opositores en Bielorrusia, un régimen que ha pasado a ser una amenaza potencial para Europa después de que el mes pasado obligara a un avión a desviarse y aterrizar en el aeropuerto de Minsk para arrestar a un periodista opositor que vivía exiliado en Grecia.

Rusia ha respaldado al presidente bielorruso, Alexander Lukashenko, para mostrar a los países de su esfera de influencia que su alianza es sólida, algo que se espera transmita a Biden.

Ucrania será otro tema complicado en la agenda, pues mientras Biden ha prometido a Kiev que se mantendrá a su lado en la defensa de su soberanía e integridad territorial, Putin considera que todo esto es un asunto que concierne a Rusia, mientras los rebeldes prorrusos del este ucraniano siguen recibiendo armas rusas, que Rusia niega que esté entregando.

Es probable que Rusia deje (de verdad) de armar a los rebeldes y respete la soberanía de Ucrania (excepto Crimea), si Biden le firma por escrito que Ucrania no puede formar parte de la OTAN.

 

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