Cultura


Qué une al hotel oaxaqueño La Sorpresa con el gran poeta inglés D. H. Lawrence

HISTORIA. Adam Temple Sellen, investigador de la UNAM recuera la historia del mítico hotel de Mitla, que también tuvo como huéspedes a Ethel Tweedi, la biógrafa de Porfirio Díaz; la antropóloga Elsie Clews Parsons, y al famoso Billy Pearson

Qué une al hotel oaxaqueño La Sorpresa con el gran poeta inglés D. H. Lawrence | La Crónica de Hoy

El hotel La Sorpresa y su dueño Félix Quero. FOTO: Cortesía de Adam T. Sellen

La zona arqueológica de Mitla, ubicada en Oaxaca, fue uno de los sitios más visitados en el siglo XIX y, por tanto, un sinfín de personas se hospedaron en La Sorpresa, único hotel del sitio que daba posada a los turistas nacionales y extranjeros. Algunos de esos visitantes fueron: el escritor inglés D.H. Lawrence; Ethel Tweedi, la biógrafa de Porfirio Díaz, y la antropóloga Elsie Clews Parsons.

La historia del hotel La Sorpresa que se remonta a 1870 es recuperada, a través de fotografías y documentos, por Adam Temple Sellen, investigador del Centro Peninsular en Humanidades y Ciencias Sociales (CEPHCIS) Mérida de la UNAM.

“La principal actividad que hacían muchos en el siglo XIX era coleccionar objetos para llenar museos. He rescatado este tipo de información porque casi no existía nada de quiénes eran esos coleccionistas, conocíamos muchos extranjeros que han trabajado en México y se han llevado colecciones, pero muy poco sobre los coleccionistas mexicanos”, expresa el investigador.

Ahora, Adam Sellen continúa ese trabajo en el siglo XX cuando el aumentó el interés por coleccionar piezas prehispánicas en Estados Unidos.

“Me di cuenta que tenía muchas notas y referencias sobre Mitla pero casi todo se refería no tanto a los vestigios sino al hotel. Me impactó releer esas notas porque la gente que iba a Mitla hablaba más sobre el hotel que de las ruinas”, indica Sellen.

El investigador explica que La Sorpresa nació aproximadamente en 1870, cuando Félix Quero recibió como herencia la hacienda de su padre, espacio que estaba en medio del pueblo de Mitla y que era importante porque se dedicaba a la venta de grana cochinilla.

“Quero se alejó de eso e hizo un hotel porque sabía que mucha gente visitaba Mitla y necesitaba donde quedarse. La mayoría de las visitas eran extranjeros y él sabía cómo ofrecerles un establecimiento cómodo y justo, entonces tuvo mucho éxito, no había competencia porque fue el único hotel en Mitla hasta los años 20 del siglo XX”, narra.

Era, según los visitantes, “una joya” dentro de un pueblo de pobreza y miseria.

“Era un lugar muy especial donde se conjuntaban todo tipo de personas, no sólo hablo de turistas, todos los que visitaban Mitla iban con propósitos de antropología o de coleccionar objetos, buscar artefactos para sus museos y llevarlos a sus países” destaca.

Sellen afirma que le parece interesante usar el hotel como un espacio de memoria donde convergen distintos intereses.

      -¿Quiénes visitaron La Sorpresa?

     -Hubo una antropóloga muy famosa que se llamó Elsie Clews Parsons, que se hospedó en los años 30 y escribió la etnografía Mitla, town of the souls and other zapoteco speaking pueblos of Oaxaca, Mexico. Sin embargo, muchos de sus informantes vivían y trabajaban en el hotel, es decir, tuvo una visión de Mitla a través del hotel básicamente.

“Todo mundo pasaba por ahí. En la lista de registro del hotel aparece D.H. Lawrence, así como coleccionistas de Los Ángeles, es el caso de Billy Pearson que fue un jockey (jinete de carreras de caballos) muy famoso en Estados Unidos que tenía amistad con todos los importantes personajes del cine de Hollywood. Pearson se casó con una mexicana, su esposa fue hija de un ex presidente de México, y empezó a coleccionar objetos prehispánicos para venderlos a sus amigos en Hollywood”, responde.

Otra visita que detectó Sellen fue la señora inglesa Ethel Tweedi, biógrafa de Porfirio Díaz, que acudió al lugar en 1902. “La recibieron como realeza y estuvo ahí con otros arqueólogos que en su momento estaban excavando Mitla y ella explica su interacción con ellos”.

MUSEO. En 1950 el hotel decayó bastante, agrega el investigador. Félix Quero había muerto y sus familiares vendieron el inmueble al estadunidense Edwin Robert Frissell y a su mujer.

“Siguieron usándolo como hotel, pero también lo convirtieron en museo de arte zapoteca. Ellos coleccionaban artefactos y los exhibían en el hotel, además creo que traficaban con esos artefactos ahí, todo esto en las narices del Instituto Nacional de Antropología e Historia”, expresa.

 Después, Frissell murió, pero antes celebró un contrato de traspaso con México City College, en Puebla, actualmente la Universidad de las Américas. Es decir, museo y hotel pasaron a su poder y los nuevos dueños crearon un centro de investigación que durante 30 años se llamó Museo Frissell y que no abandonó su función de posada hasta 1992.

“Lo interesante es que nunca dejó de funcionar como hotel. La historia de la arqueología y antropología de México no es tanto la historia institucional de los hallazgos o de las grandes figuras, sino que es una historia social de cómo todas esas personas interactuaron”, indica Se

 

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