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Radiografía del feminicidio en el mundo

Ningún país ha logrado abatir la violencia de género, pero mientras algunos se lo toman muy en serio, otros perpetúan la cultura de la violencia machista y la impunidad. Un dato para alarmarse: 14 de los 25 países con más asesinatos de mujeres son latinoamericanos.

Radiografía del feminicidio en el mundo | La Crónica de Hoy

Manifestación en la Gran Vía de Madrid contra la sentencia de La Manada, el 5 de diciembre de 2018.

Ayer, mientras se enterraba en la Ciudad de México a la niña Fátima, torturada y asesinada, fallecía otra niña a miles de kilómetros de distancia, en India, tras haber sido violada durante tres años por 16 hombres. Ayer también, se conocía el último caso de feminicidio en España —11 en lo que va de 2020—, tras confesar un holandés que había arrojado el cadáver de su esposa al contenedor de basura. Y así se podrían seguir enumerando hasta el hartazgo casos de feminicidios ocurridos en los últimos días en cualquier punto del planeta.

Ésta es la primera mala noticia que muestra una radiografía de la violencia de género. Como si de un cáncer con metástasis se tratara, está presente en todo el mundo. Ahora bien, al igual que hay países con mayor esperanza de vida, porque invirtieron en sanidad, también hay países que han convertido la lucha contra la violencia de género en una cuestión de emergencia nacional.

La paradoja danesa. Si comparamos el mapa de la igualdad de género con el mapa de la violencia de género que elaboró la Unión Europea hace cuatro años, lo primero que resalta es una paradoja sangrante: los países más avanzados en igualdad de género —Dinamarca, Finlandia, Suecia y Francia—encabezan la lista de casos de violencia machista —Dinamarca (52%), Finlandia (47%), Suecia (46%), Francia y Reino Unido (ambos 44%)— mientras que en España y otros países del sur el porcentaje cae a la mitad (22%).

¿Cómo es posible esta anomalía? ¿Quiere esto decir que no funciona una legislación mucho más dura, ya que hasta los países a la vanguardia fracasan? La explicación es de una lógica aplastante: Cuanto más protegida se siente una mujer por el Estado y por las autoridades, más se atreve a denunciar a la víctima. No es que en Dinamarca haya el doble de mujeres maltratadas o asesinadas que en España, es que éstas denuncian más a sus agresores. Y así seguiríamos viendo este espejismo ibérico… hasta que se rompió en pedazos 5 de diciembre de 2018.

Rebelión en España. La madrugada del 7 de julio de 2016, un grupo de cinco hombres que se llamaban a sí mismos La Manada violó a una joven durante la fiesta de San Fermín en Pamplona. El 5 de diciembre de 2018, la sociedad española se quedó estupefacta tras escuchar la sentencia del Tribunal Supremo de Navarra, que rechazó el delito de violación grupal y lo rebajó a agresión sexual, lo que facilitó la excarcelación de los cinco condenados. Ese mismo día, una marea femenina inundó las calles de todas las ciudades y generó una ­inaudita rebelión contra las leyes patriarcales vigentes. La clase política y la judicial tomaron nota: se creó una Fiscalía especializada para casos de violencia de género y el Tribunal Supremo español enmendó al navarro al declarar que el caso de La Manada fue violación grupal, aunque no se pudiera probar que no hubo consentimiento de la víctima. En consecuencia, los violadores duermen de nuevo en la cárcel y las españolas tienen más herramientas para protegerse y denunciar… como en Dinamarca.

Impunidad latinoamericana. Las imágenes en internet de la manifestación masiva de mujeres en la Gran Vía de Madrid o en Barcelona tuvieron un impacto brutal en los sectores más progresistas y feministas de América Latina, como quedó patente a final de 2019 con el fenómeno viral “El violador eres tú” o la histórica elección como alcaldesa de Bogotá de una mujer lesbiana, pero no caló en el grueso de una sociedad profundamente machista y misógina, ni tampoco en unos gobiernos donde no existe la voluntad de cambiar las leyes.

Según datos de la CEPAL, de los 25 países con la tasa más alta de feminicidios del mundo, 14 están en América Latina, donde en sólo dos de cada 100 casos los agresores son encarcelados. México ocupa el puesto 23, por debajo de naciones como Sudáfrica (3), Rusia (6) o Brasil (13), pero sin ninguna intención de salir de esta lista de la vergüenza que encabezan El Salvador y Honduras.

Con 893 mujeres asesinadas en 2019, México debe hacer algo más que aprobar de urgencia leyes, al calor del crimen de Fátima. Al igual que en el resto de América Latina, la epidemia de feminicidios no bajará mientras los jueces sigan durmiendo tranquilos y bien pagados; los políticos consideren “natural” manosear a las meseras, legisladores como el diputado Juan Carlos Leal propongan eliminar las leyes de género “porque privilegian a las mujeres”, los presidentes prefieran atacar a los medios críticos; o la prensa basura y sus compinches sigan lucrándose publicando en portada y a todo color fotografías de mujeres desolladas por sus parejas.

fransink@outlook.com

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