Cultura


Raúl Barrera narra el esplendor de Tenochtitlan antes de la Conquista

Era una ciudad con 300 mil habitantes, 50 barrios y 78 templos delimitados por calzadas, explica. “Su destrucción no fue sencilla, llevó tiempo; estamos hablando de años”.

Raúl Barrera narra el esplendor de Tenochtitlan antes de la Conquista | La Crónica de Hoy

El mural La gran ciudad de Tenochtitlán, de Diego Rivera, pintado en 1945, se ubica en el Palacio Nacional.

¿Cómo era la ciudad de Tenochtitlan hace 500 años, es decir, antes de que llegaran los españoles a la Ciudad de México? y ¿qué vestigios de esa urbe se conservan? Son preguntas que se pueden responder gracias al trabajo de Raúl Barrera Rodríguez, director del Programa de Arqueología Urbana (PAU), fundado en 1991 por el arqueólogo Eduardo Matos Moctezuma.

En entrevista con Crónica, Barrera Rodríguez, investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), platica cómo estaba dividida la ciudad mexica, hoy Centro Histórico de la Ciudad de México, qué templos o edificios se han localizado y cómo fue el proceso de destrucción de las edificaciones prehispánicas.

“A ciencia cierta no se tienen bien los límites de la ciudad de Tenochtitlan pero podemos decir que la habitaban cerca de 300 mil personas y que se dividía en cuatro parcialidades llamadas campan, una especie de distritos. Éstos, a su vez se dividían en barrios que eran más de 50 en toda la ciudad”, explica.

Tanto los campan como los barrios tenían sus propios espacios ceremoniales: templos, juegos de pelota y escuelas; y todo delimitado por calzadas.

“Estaba la calzada que iba al Tepeyac y que partía desde el centro ceremonial, existe la conjetura de que pudiera ser la calle de Argentina. Otra calzada era Tlacopan o Tacuba que corría hacia el poniente, después hacia el sur estaba Iztapalapa, hoy llamada calzada Pino Suarez. Hacia el oriente partía una calzada en la parte posterior del recinto sagrado y otra era un embarcadero que iba hacia Circunvalación”, detalla el arqueólogo.

Al centro de esa traza se erigía el recinto sagrado de Tenochtitlan, actual zona arqueológica de Templo Mayor.

“El recinto sagrado tenía más de 400 metros, las medidas precisas las desconocemos pero era un cuadrángulo delimitado por una plataforma con un ancho variable, en algunos casos, de 16 o 24 metros.  No nos queda mucho de eso porque fue destruido pero fray Bernardino de Sahagún comenta que eran 78 templos aunque es probable que fueran más”, indica Barrera.

Toda esa área es la actual zona de trabajo del Proyecto de Arqueología Urbana (PAU) y es donde se han localizado importantes basamentos como: dos templos de Ehécatl, un juego de pelota, un zompantli, el Calmécac y un altar con elementos relacionados a Tláloc.

“Para tener una idea respecto a la zona urbana actual, la poligonal de Programa serían las calles de San Ildefonso y Luis González Obregón por el lado norte. Hacia el lado oeste las calles de Correo Mayor y El Carmen, hacia el sur una parte de Palacio Nacional, así como el arroyo vehicular que delimita el Zócalo. Hacia el poniente las calles de Monte de Piedad y República de Brasil”, indica.

Uno de los recientes hallazgos, comenta Barrera, fue el zompantli y un templo de Ehécatl.

“Anteriormente se creía que el templo de Ehécatl que mencionan las fuentes estaba debajo de la Catedral Metropolitana y sí, efectivamente hay un templo de Ehécatl pero no es el que mencionan Durán y Torquemada, ése al que se refieren es el que hallamos en la inmueble de Guatemala 16”, precisa.

Sobre el zompantli, los arqueólogos detectaron una torre de cráneos. “Uno de los hallazgos más sorprendentes ha sido el zompantli y nos gustaría mucho encontrar la otra torre de cráneos que debe de existir, de eso no tenemos duda”. 

DESTRUCCIÓN. Los hallazgos del Proyecto de Arqueología Urbana son producto de la investigación y no de la casualidad, asevera Raúl Barrera. Por ejemplo, aunque no han excavado saben que debajo del edificio de Seminario 8 se encuentra la Casa de los Jaguares o que cerca del Centro Cultural de España había un manantial sagrado.

Sin embargo, todas las estructuras encontradas están incompletas por la destrucción de los españoles a su llegada a la capital mexica hace 500 años.

“La destrucción no fue tan sencilla, llevó tiempo, estamos hablando de años, no fue el 13 de agosto de 1521, fecha de la consumación de la Conquista. Hubo una necesidad de los indígenas y mexicas por tratar de preservar su religión y costumbres a pesar de que las condiciones ya eran diferentes y lo hicieron de una manera oculta”, indica.

Eso, añade, a nivel arqueológico no es fácil apreciarlo. “Pienso que muchas cosas todavía continuaron y los españoles, al contrario, se tuvieron que acuartelar porque construyeron casas que eran verdaderas fortalezas ante el temor de que los indígenas fueran a atacarlos”.

Después de la destrucción de edificios y templos, inició la planeación de la Nueva España, la ciudad virreinal, y el experto del INAH señala que las primeras casas fueron hechas con manufactura prehispánica.

“Prácticamente todas están hechas con sillares de los templos unidos con lodo, escalinatas con estuco, pisos de lajas a pesar de corresponder al periodo virreinal. En ciertos casos, como los vestigios en Moneda 2, los españoles aprovecharon los aposentos mexicas para vivir”, precisa.

 

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