Opinión


Recuerdos agolpados

Recuerdos agolpados | La Crónica de Hoy

Segunda y última parte

 

 

…ciudadanos de París, Frollo ha perseguido a nuestro pueblo, ha

saqueado nuestra ciudad y ahora ha declarado la guerra a la

misma Notre Dame, ¿vamos a consentirlo?

Quasimodo Disney

Apoyemos por entero la reconstrucción de este

 Patrimonio de la Humanidad

 

Está visto que padezco jettatura cada vez que pretendo escribir un texto con continuación. No fallan situaciones que me impiden seguir, para la ocasión, con los recuerdos agolpados que hoy prematuramente concluyo, aunque con un tema amoroso, para seguir DM con lo que está pasando en el capitalino zoológico de San Juan de Aragón, con la vaquita, y también para comentar las iniciativas de ley, locales y federales, que se están presentando a favor de los animales. Unas extremadamente necesarias aunque poco viables, y otras impecables como la presentada por el senador Ricardo Monreal. Entonces, en conocimiento de lo anterior, permítaseme cerrar con la historia del CALLEJERO de José Alberto García Gallo, verdadero nombre del cantautor argentino-español Alberto Cortez, recientemente fallecido, que no sé si sepan, pero su amor y respeto hacia los animales no humanos lo llevó a desempeñarse también como Presidente de la (española) Asociación de Defensa del Derecho del Animal… ¡OJO!, me dijo, de esos derechos que fueron aceptados por Naciones Unidas pero a los que se les da muy poca importancia… “por eso siguen existiendo las corridas de toros y festivales paganos donde se utilizan animales como víctimas. Contra todo eso hemos luchado con nuestras mejores armas y conseguido logros fantásticos como la suspensión de corridas de toros en Las Canarias; que ya no se avienten cabras desde los campanarios de las iglesias; que no se cuelguen los mozos del cuello de un ganso para cruzar la Bahía de la Concha en San Sebastián, y que a los burros no se les enciendan petardos en el trasero para verlos correr desesperados, porque es necesario que entendamos de una puñetera vez, que los animales que habitan con nosotros este planeta tienen tanto derecho como nosotros de habitarlo… ellos, aunque sin raciocinio, están mucho más organizados que nosotros. Mucho más humanizados en el desarrollo de la vida”, y…

Sobre CALLEJERO me platicó, emocionado, que había sido un personaje utilizado para llevar por el mundo un canto de libertad, porque había sido el ser más libre que había conocido en toda su vida. “Lo conocí en el Edificio Avis recién terminado en Madrid y donde fui a vivir. De repente apareció un perro que diría yo… tipo mastín. Pelicorto, blanco, con algunas manchas negras sobre el lomo y en alguna oreja, que nos adoptó a mi esposa y a mí. Igualmente jugaba feliz con los niños en el baldío de enfrente. Un día lo enterraron, salvo la cabeza, y él, feliz, participaba del juego de apaches. Lo recogió el Viejo Pablo cuando era el guardián nocturno de la obra y se quedó con él cuando pasó a ser portero. El Moro o Palomo, como llamábamos al perro, fue fiel compañero de ese hombre. Como nosotros vivíamos en un cuarto piso no gustaba de subir por la escalera hasta que un día lo hizo, pero con la condición de que no cerráramos la puerta. Era totalmente libre. Tengo la sospecha de que hasta dormía en mi cama cuando yo no estaba”. En ocasión en que la esposa de don Alberto, a causa de un malestar motriz no pudo usar las escaleras, MORO-PALOMO-CALLEJERO aceptó subir por el elevador con tal de estar con el matrimonio, ya no importándole, incluso, que la puerta del departamento fuera cerrada. Aceptaba de buen agrado que lo llevaran en auto a encontrarse con una perra “de la que estaba totalmente enamorado”. Y es que le facilitaban el encuentro, más que nada para evitar que atravesara una peligrosa avenida, hasta que un día… como traía colgando del collar varias placas con números telefónicos distintos por si algo se ofrecía con ÉL… sonó el aparato del músico para recibir la fatal noticia de que el perro había muerto por atropellamiento. Se quedó dormido y ya no despertó. “Fue sepultado donde ahora existe un complejo habitacional de alta plusvalía que conocimos como El Mausoleo del Moro”. Llegada esta parte la voz del poeta se apagó; sus ojos se llenaron de lágrimas y nos fundimos en un abrazo cómplice…

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