Opinión


Refinerías y complejo de inferioridad

Refinerías y complejo de inferioridad | La Crónica de Hoy

La crisis del liberalismo y del capitalismo especulativo (también llamado salvaje) todavía no toca fondo. Hay mucha resistencia y ésta opera en función del país, su nivel de desarrollo y las relaciones geopolíticas con naciones poderosas que se disputan los recursos mundiales. El resurgimiento de algunos nacionalismos, hay que entenderlo a partir del fracaso de las economías “reguladas” por un libre mercado global controlado por grandes corporaciones que inciden en las políticas de Estado de los países más vulnerables donde operan. 

El grado de control que alcanzaron en México dichas intromisiones, debilitó nuestra soberanía de manera vergonzosa. Quien se atreviera a invocar el nacionalismo durante los gobiernos del PRI, PAN y ese muerto viviente que festejó su aniversario con ánimos fúnebres, se convertía en un apestado, o un objeto de museo, mientras que a lo largo de 30 años el gobierno federal, buena parte de los estatales y algunos organismos en teoría autónomos, formaron cortes de individuos sin escrúpulos que el Presidente ha definido con puntualidad como traficantes de influencias. Durante esos 30 años, la modernización del país generó riquezas para un puñado de empresarios con mentalidad de abarroteros, de la que se benefició la mencionada corte al amparo de la corrupción. El neoliberalismo en México creó un modelo de complicidades que pegó en el bolsillo de las clases medias y aumentó la desigualdad social.

En este contexto, el desmantelamiento e infiltración de Pemex por parte de personeros de la cleptocracia arribista que dilapidó los recursos de la empresa, sirvió para ponerla al servicio del crimen organizado, con la complicidad de funcionarios que cobraban dinero hasta por brindar una cita. La reforma energética, hundió más a la paraestatal.

Los nacionalismos adoptan muchas facetas, uno de los rostros menos deseados son los que cobran tintes xenófobos, racistas, retardatarios y entreguistas como el de Bolsonaro en Brasil. La polémica decisión de declarar desiertas las licitaciones para la construcción de la refinería en Dos Bocas y dejar el proyecto rector en manos de la Sener y Pemex, es una apuesta que tendría que ser evaluada en varios escenarios.

El primero de ellos es devolverle a la paraestatal capacidad productiva y en consecuencia al Estado capacidad reguladora. México cuenta con un gran potencial de talentosos especialistas con la suficiente preparación para asesorar a la Sener y a Pemex. En el Instituto Mexicano del Petróleo, brazo tecnológico de punta de Petróleos Mexicanos, trabaja gente de primer nivel y sin complejos de inferioridad, que sin estar inmersa en la grilla política puede ocupar puestos clave en el proyecto para que las licitaciones de todas la facetas por las que tendrá que pasar la refinería se hagan bien y no se le entreguen ni a vivales ni a vendedores de cuentas que hagan volver a quedar mal al gobierno federal.

La crisis del capitalismo desde luego que implica también un cambio en el paradigma energético. Pero ese cambio es de mediano plazo y puede y debe instrumentarse a la par.

El discurso nacionalista de la 4T no puede sostenerse si se le siguen cerrando los recursos a la educación y el desarrollo científico en niveles estratégicos. Ahí no se puede ser cicatero. Las universidades públicas, el Politécnico Nacional y desde luego el IMP, son instituciones con vocación social, en ellas se encuentran los profesionistas y las carreras que nos ayudarán a superar el retraso en el que nos sumió la tecnocracia cleptómana.

 

dgfuentes@gmail.com

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