Opinión


Refundación ciudadana de los partidos

Refundación ciudadana de los partidos  | La Crónica de Hoy

El proceso electoral admite muchas lecturas, pero quizá la más relevante se refiere al tipo de participación que desplegaron los ciudadanos respecto a las alternativas partidarias presentes en la boleta electoral. Mucho se ha dicho sobre la copiosa participación observada el día de las elecciones, pero la realidad es que ésta se mantuvo constante respecto a su tendencia histórica que pasó del 44.7% en las elecciones del 2009, al 47.7% en 2015 y al 52.6% en 2021. Basta recordar que en esta ocasión pudieron acudir por primera vez a las urnas 3.5 millones de jóvenes quienes cumplieron la mayoría de edad. En todo caso, la explicación de la movilidad en los porcentajes de votación se encuentra en la necesidad de los ciudadanos de participar para manifestar sus preocupaciones. En tal contexto, las preguntas que se imponen son: ¿cuáles fueron las razones del porqué 47.4 millones de ciudadanos inscritos en el Listado Nominal de Electores decidieron no acudir a las urnas?, y aún más, ¿porqué 1 millón 673 mil 322 ciudadanos se tomaron la molestia de acudir a las urnas simplemente para anular su voto?

Otro aspecto que llama la atención es que, a pesar de que el actual gobierno ha sido particularmente omiso en la atención de la violencia de género, en esta elección el 53% de las mujeres sufragaron por Morena. Se confirmó también el impacto que en la votación tuvieron los beneficiarios de los programas sociales del gobierno y el dato no menor, de que quienes tienen mayor escolaridad sufragaron contra ese partido. Lo mismo sucedió en la Ciudad de México, donde se incrementó el voto nulo un 14.6% respecto a la elección anterior y donde la suma de esas boletas anuladas superó los sufragios obtenidos por los partidos de reciente creación.

No obstante, se puede afirmar que el eclipse de la participación ciudadana encuentra su principal explicación en el desencanto respecto a los partidos políticos tradicionales. Es un síntoma de desilusión, de ausencia de alternativas y del limitado espacio con que cuentan los ciudadanos al interior de las estructuras de agregación y representación de los intereses sociales que son los partidos políticos. Desde siempre han sido una proyección representativa de la sociedad civil y actores relevantes de la política. A pesar de sus diferencias, ellos dan vida a un sistema competitivo que es la expresión más acabada de la democratización. No se olvide, además, que un sistema político sin oposiciones difícilmente es un sistema democrático. Por lo tanto, a la luz de los resultados electorales obtenidos por la coalición opositora “Va por México”, se impone una profunda revisión de tipo organizativo y programático que permita a sus integrantes mejorar su rendimiento y transformar la legitimidad democrática obtenida en las urnas en una opción ciudadana. Para ello, deben refundarse radicalmente promoviendo una autocrítica sobre sus errores del pasado, combatiendo la cerrazón oligárquica y la autorreferencialidad política. Deben homologar su organización interna con los principios democráticos, porque solamente así podrán actuar en nombre de los ciudadanos.

El desencanto político se expresa a través de la abstención, votando por formaciones que buscan desarticular al sistema democrático o desinteresándose de cualquier iniciativa partidaria. El desempeño de los partidos tiene consecuencias directas sobre el régimen político, permitiéndole incrementar su legitimidad a través de la participación ciudadana. Los partidos políticos son necesarios a condición de que respondan a las demandas sociales. Si la oposición política desea controvertir al gobierno y disputarle el consenso electoral en 2024, debe ponerse en sintonía con una sociedad civil demandante y políticamente sofisticada, interpretando los ideales democráticos y las aspiraciones de empoderamiento ciudadano.

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Twitter: @isidrohcisneros

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