Opinión


Refundar para excluir.

Refundar para excluir. | La Crónica de Hoy

La crisis sanitaria que padecemos y la consecuente profundización de nuestros problemas económicos y sociales que han sido ampliamente documentados por el INEGI y por el reciente informe de Coneval, deberían ser una ocasión propicia para estrechar la colaboración del gobierno con la comunidad científica. Estamos un momento crítico y el gobierno debería  aprovechar el conocimiento y la experiencia acumuladas por dicha masa crítica para enfrentar con mayores posibilidades de éxito los desafíos que tenemos enfrente. No parece ser el caso.

Desde el inicio del gobierno actual, las autoridades federales y las del CONACYT, en particular, han insistido en descalificar el trabajo de los científicos, a partir de un encasillamiento ideológico, y por ello dogmático, que sólo reconoce y quiere apoyar a la investigación y a la formación científica que está alineada a las directrices y los proyectos gubernamentales, excluyendo a cualquier pensamiento crítico. Nada más nocivo para el florecimiento de la ciencia que requiere de amplios márgenes de independencia para explorar innovadoras perspectivas de estudio y de análisis.

La iniciativa del CONACYT para refundar al Sistema Nacional de Investigadores (SNI), difundida en días pasados, más como una filtración que como una comunicación oficial, conlleva una visión cerrada e ideologizada de lo que es la investigación científica y tecnológica. Hay que recordar que el SNI fue creado en los años ochenta, para impulsar la investigación científica en las diversas disciplinas, otorgando un incentivo económico a los académicos en función de la calidad de sus trabajos y a partir de una evaluación entre pares.

El objetivo expreso de la iniciativa de refundación del Sistema es promover el avance y la generación del conocimiento para fortalecer la capacidad científica y la independencia tecnológica del país y, con ello, la soberanía nacional. Sería difícil no estar de acuerdo con dicho objetivo, sin embargo, al analizar los cambios generales que se propone el proyecto que no se contenta con reformar, sino que quiere volver a fundar, se observa que existe un afán excluyente, ya que constriñe los campos del conocimiento que pueden ser beneficiados por el programa, deja fuera a una parte esencial de la comunidad de científicos, ni más ni menos que a los más jóvenes, además de que le cierra la puerta a aquellos que combinan la investigación con alguna actividad profesional remunerada, lo cual enriquece a ambas actividades.  

Se trata de una visión limitada y excluyente que esconde detrás una concepción dogmática de cómo se concibe la ciencia y la tecnología que, por naturaleza son abiertas a las más diversas líneas de pensamiento y los más variados enfoques y perspectivas.

La propuesta de refundación establece que existirán tres únicos perfiles de investigador en los que cada integrante o aspirante al SNI deberá inscribirse: 1) de ciencia de frontera, 2) de incidencia socio-ambiental y 3) de desarrollo tecnológico. El gran problema con esta clasificación es que es limitativa y deja fuera a la ciencia básica que no está orientada a incidir en la realidad de manera directa, o a la reflexión teórica que discurre básicamente sobre cómo abordar los diferentes problemas, además de que ignora a disciplinas como la filosofía, la historia, la psicología, los estudios culturales, entre otras, que son esenciales para el desarrollo de una sociedad.

La propuesta pretende limitar también las distinciones económicas, manteniendo sólo los tres niveles existentes, junto con los eméritos, pero eliminando la figura de “candidato” que premiaba a los más jóvenes, ya doctorados, pero en una fase inicial de su carrera como investigador. El estímulo a los “candidatos” es esencial, desde la perspectiva de la formación de los cuadros de investigación, para contribuir tanto a fortalecer las vocaciones académicas en lo personal, como para darle continuidad a la renovación generacional de la comunidad académica y científica,   

Al anunciar unas semanas antes el mencionado proyecto de refundación, Elena Alvarez Buylla, directora de CONACYT, señaló que se trataba de cambiar al SNI porque es individualista, meritocrático y competitivo y debe fomentarse el trabajo colaborativo y científico de muy alto rigor. Las descalificaciones no son nuevas; han caracterizado al discurso del gobierno actual al referirse a la comunidad científica de nuestro país que ha sido crítica no sólo con las políticas de recortes a la investigación científica, o con la cancelación de fideicomisos para fomentarla, sino con diversas políticas públicas como, por ejemplo, la que busca cancelar las energías renovables.  

Es un contrasentido dejar sin estímulos a los más jóvenes si lo que se quiere estimular la investigación colegiada, tal como se ha hecho desde hace años, apoyando equipos de investigación que incorporan a las nuevas generaciones. Es muy grave que se tiña de ideología al criterio del mérito que es un resorte esencial en el desarrollo del conocimiento.

La propuesta de reforma refundacional no ha sido discutida, ni consultada con las comunidades académicas y científicas, lo cual muestra una vez más el desprecio que tiene el gobierno actual por su trabajo y da cuenta también de sus fuertes pulsiones autoritarias.

 

 

  

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