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Reportear, investigar, explicar: así se transmitió en México la llegada del hombre a la Luna

Entrevista. Hace medio siglo, Miguel Alemán Velasco, Premio Crónica 2013, fue uno de los narradores privilegiados, desde Cabo Kennedy, de aquellos días, cuando el hombre viajó a la Luna. Éstos son sus recuerdos.

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“Los que narramos el viaje del hombre a la Luna experimentamos muchos sentimientos a la vez: estábamos agradecidos, emocionados, enamorados”, dice a Crónica Miguel Alemán Velasco, que hace 50 años fue uno de los narradores, junto con Jacobo Zabludovsky y

A Miguel Alemán Velasco se le ilumina la mirada al recordar aquel día, hace cincuenta años, cuando fue testigo de la historia, y le tocó narrar, para Telesistema Mexicano, y desde Cabo Kennedy, aquellos días del 16 al 24 de julio de 1969, cuando el ser humano llegó a la luna. En su voz resurge la misma emoción con la que transmitió el despegue del cohete Saturno 5, rumbo al espacio.

“A partir de entonces” —narra el Premio Crónica 2013— “se sabía que mejoraría la medicina, que vendrían muchos descubrimientos fantásticos, pero quién iba a decir, en ese momento, que existiría algo como internet o como los teléfonos que tenemos hoy. De haberlos tenido, nos habríamos comunicado con México con el puro teléfono. Pero en ese momento estábamos asombrados con lo que veíamos y con la manera en que estábamos comunicándolo: nuestra narración llegaba a México al mismo tiempo que la hacíamos. Había mucha emoción en saber que en nuestro país nos veían y nos escuchaban en el mismo instante en que narrábamos el despegue”.

Alguna vez, Alemán Velasco ha contado que entre sus sueños de juventud estuvo el de ser astronauta. Pocos mexicanos han seguido como él la evolución de la carrera espacial del siglo XX que culminó con la llegada a la Luna, y lo que ha ocurrido después. Ha visto cómo las proyecciones optimistas de 1969, que calculaban la creación de una estación espacial para 1972 quedaban superadas, y en cambio ha estado atento al desarrollo de las misiones espaciales y el establecimiento, en 1998, de la Estación Espacial Internacional. “Recordar es vivir”, asegura, y con sus recuerdos, también narra a Crónica una parte de la historia de las telecomunicaciones en México.

TRAS LA CARRERA ESPACIAL. Cabo Kennedy, 1969. Miguel Alemán Velasco está allí como parte del equipo mexicano enviado por Telesistema Mexicano. Junto con Jacobo Zabludovsky y Roberto Kenny, despliegan la cobertura. Están también en Houston. Es un diálogo alternado que en esos días de julio corona inquietudes que se remontan a cinco años atrás.

¿Cómo se determina que sean Miguel Alemán Velasco y Jacobo Zabludovsky quienes harán esa cobertura?

—“¡Éramos los únicos a los que les interesaba seguir a fondo esa carrera espacial!”, dice entre risas. “Aquel interés comenzó en los años 50, cuando la Unión Soviética lanzó el primer Sputnik. Yo estaba en la universidad. Mi tesis iba a ser sobre derecho aéreo internacional y me interesó mucho saber qué estaba haciendo la Unión Soviética, en que consistía el satélite Sputnik y por qué solamente podía ser utilizado cada 24 horas. Entonces, decidí que iría a la ­URSS. En la embajada soviética estuve preguntando, me dieron dos nombres de especialistas en el tema; uno estaba en Italia, otro en Moscú. En el viaje coincidí con Jacobo. Nos fuimos hablando del tema todo el viaje a Italia. “Tomemos notas y sigamos esto”, propuso él. Jacobo no siguió hasta la URSS porque no tenía visa, pero después viajamos juntos muchas veces, a enterarnos del avance de su programa espacial”.

“En la Unión Soviética, conocí el Cosmódromo de Baikonur, el Cabo Kennedy de allá. Fue impresionante ver los campos llenos de petróleo quemado, como chapopote y las torres enormes, y los cohetes bellísimos, como los de Flash Gordon en el cine. Los cohetes de Estados Unidos eran menos aerodinámicos: el estilo ruso exterior era impresionante. Pero por dentro eran como un Ford de 1917, y, en cambio el interior de los cohetes norteamericanos tenían sensores e instrumentos muy sofisticados”.

“Así fuimos siguiendo la carrera espacial entre Estados Unidos y la Unión Soviética. Me tocó estar abajito de la plataforma donde habló el presidente Kennedy, cuando prometió que en esa década el hombre llegaría a la luna y regresaría sano y salvo.”

Alemán y Zabludovsky iniciaron una gran tarea de convencimiento. “Nos reunimos con los señores O’Farrill y Azcárraga, y con el equipo de ingenieros que operaba los canales 4, 2 y 5. Guillermo González Camarena, que era un genio y operaba el canal 5, fue el primero en insistir que había que apoyar el proyecto. El problema era el costo, y el más ­caro era el 2, donde había programas fijos con patrocinadores que pagaban por horas enteras. De manera que tuvimos, en ocasiones, que transmitir a horas muy extrañas, de madrugada; nos pasábamos las noches avisando que entrábamos a las 5 de la mañana, y poco a poco, nos fuimos haciendo de un auditorio, especialmente entre los radioescuchas”.

Alemán Velasco, a esas alturas, se había convertido en un riguroso observador del proceso, de los ensayos y errores, de las modificaciones exitosas a los satélites, de la modificación de las órbitas de salida, de los cohetes, de redondas a elípticas —con lo que desaparecieron los accidentes fuera de la atmósfera—, de la modificación de los satélites para generar un funcionamiento constante. “Todo funcionó”, afirma, “a favor del avance de la humanidad”.

LA COBERTURA INOLVIDABLE. Fue en la radio mexicana donde Miguel Alemán Velasco inició una tarea insólita para la época: divulgar y hacer accesibles al gran público los secretos de esa carrera espacial: “Teníamos un programa diario que se llamaba La verdad en el espacio que, parece mentira, tenía auditorio. Todo comenzó en la XEW. Las primeras transmisiones las hicimos con ingenieros geniales de la W. Llegaban a Cabo Kennedy, y agarraban alambritos desde el motel donde estábamos hasta donde tuviéramos que transmitir, y así transmitíamos y así la señal llegaba a México. Y como la W era ya ‘La voz de América Latina desde México’, los programas se escucharon en muchas partes. Luego llegaron a Estados Unidos equipos de Argentina, de España, que iban a hacer sus propias coberturas. Hacíamos equipo con ellos, ayudándonos los unos a los otros, para lograr las entrevistas que tenían las grandes cadenas de televisión estadunidenses. De alguna manera nos apantallaban, pero los ingenieros de la W, sin equipo, pero con su inteligencia y su práctica lograron que pudiéramos transmitir al mismo tiempo”.

“En vísperas del lanzamiento del Apolo 5, nos asignaron sitios oficiales para la transmisión para radio y televisión. Las compañías televisoras mexicanas pudieron hacer su trabajo. Recuerdo que en el día del lanzamiento coincidimos con Abel Quezada que iba por Excelsior y que estaba dibujando el despegue y participó en nuestra transmisión. Nos encontramos a la periodista Oriana Fallaci, que odiaba a México, y que insultó a Abel. Él se quedó frío. Dentro de la emoción de aquel momento fue un disgusto, y no podíamos hacer nada ni contestar nada”.

Reconoce Miguel Alemán que fue un trabajo intenso poder explicar todo lo que había detrás del despegue del Saturno 5. Telesistema Mexicano había estado trabajando en el tema mucho tiempo. Incluso, trajeron a México una cápsula espacial, que se exhibió al público en plena avenida Chapultepec, a las puertas de Televicentro, mientras Alemán Velasco entrevistaba al astronauta Leroy Gordon Cooper, que en 1965 había comandado la misión Géminis 5, destinada a demostrar que los astronautas podían permanecer con vida, en el espacio, por espacio de ocho días, el tiempo calculado para viajar a la luna y regresar a la Tierra.

Hacer la transmisión de julio de 1969 necesitó no sólo del trabajo intenso de divulgación del conocimiento que en esos años ya se tenía en materia de viajes espaciales. También se necesitaban patrocinadores: “Aunque la empresa (Telesistema Mexicano) auspiciaba las transmisiones por radio y televisión, se necesitaban patrocinadores y las horas no eran las más comerciales. “ ¿Cómo va a ser?”, nos preguntaban. “No sabemos”, respondíamos. Era peor cuando nos preguntaban la duración del evento; aún más difícil que el beisbol. Había que hacer reseñas de lo que iba a suceder y cuando el proceso se retrasó, explicar por qué se había retrasado. Así se trabajó, ­especialmente por radio. Era como los capítulos de una serie de aquella época, Los Thunderbirds”.

Emprender el proyecto, convencer, conseguir patrocinadores estudiar, intentar explicar. La cobertura de la llegada del hombre a la luna es definida por el Premio Crónica 2013 como “un caso de puro amor a la camiseta”. “Fue mucho amor a lo que creíamos que iba a suceder. Teníamos que estudiar, reportear, llegar con los expertos, con los astronautas y los cosmonautas, traerlos a México, explicar cómo se entrenaban; traer trajes espaciales, una cápsula espacial, decirle a la gente ‘mira, aquí están y son reales’”.

“Con todo y aquel esfuerzo, vivir aquellos momentos nos despertaron, a todos los que estuvimos ahí, muchos sentimientos; estábamos impresionados, agradecidos, enamorados de lo que estábamos viendo, éramos testigos de la historia. Todos los críticos de los programas espaciales, que pensaban que eran un gasto inútil, guardaron silencio en cuanto vieron las mejoras en las matemáticas, en la medicina, en las telecomunicaciones, todo ello consecuencia de la misión a la Luna; guardaron silencio”.

LO QUE VINO DESPUÉS. Llama la atención que, en 1969, uno de los grandes éxitos de la carrera espacial fuese el desarrollo de comunicaciones vía satélite. Pero ni la llegada del hombre a la Luna hizo que el gobierno mexicano mirara hacia adelante. Tendrían que pasar más de 10 años para que se cambiara el modelo de comunicación por redes de microondas a la comunicación por satélite.

“Los interesados éramos los que estábamos en radio y televisión. El gobierno no tenía interés en el asunto ni lo seguía con atención. El gobierno del presidente Díaz Ordaz decidió dar preminencia a la comunicación por microondas, y eso continuó hasta los 80, cuando se creó el sistema satelital Morelos. En medio del terrible terremoto de 1985, el presidente De la Madrid vio que al aeropuerto llegaban los equipos de periodistas que venían a cubrir el desastre, y vio que traían camionetas que desplegaban antenitas y mandaban en vivo la información, mientras que nosotros teníamos que tomar la señal de la frontera norte para contar lo que estaba pasando, porque la gran antena de la Secretaría de Comunicaciones se había dañado”. El sistema satelital Morelos entró en operación en ese mismo 1985, pero había costado trabajo convencer a dos presidentes de la República.

LA MEMORIA A LA DISTANCIA. “No sé si logramos transmitir la emoción que sentíamos”, reflexiona Miguel Alemán Velasco. “Yo sí sentía que la gente estaba emocionada. Lo que no sabía yo es que iba estar, cincuenta años después, hablando de ello. Jacobo (Zabludovsky), mientras vivió, se emocionaba con el recuerdo, igual que yo. Lástima que no llegó a este cincuentenario. Pero en donde se encuentre, sé que está volando.”

Cronología

Despegue (PT=tiempo del Pacífico)

 

● 16 de julio de 1969, 1:15 a.m. PT:

Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins despiertan para desayunar jugo de naranja, bistec, huevos revueltos, pan y café, y se dirigen a la plataforma de lanzamiento de Cabo Cañaveral.

 

● 16 de julio de 1969, 6:32 a.m. PT:

El cohete Saturn V del Apolo XI se enciende e impulsa a la nave para que abandone la órbita terrestre 12 minutos después con los astronautas estadunidenses Neil Armstrong, Buzz Aldrin y Michael Collins.

 

● 16 de julio de 1969 11:54 a.m. PT:

La nave se encuentra a 40,744 km de la Tierra viajando a 3,936 metros por segundo.

● 17 de julio de 1969 4:31 p.m. PT:

Los astronautas comienzan la primera transmisión de TV a color desde el espacio y muestran la vista de la Tierra a 237,000 km. La transmisión dura 36 minutos.

 

● 18 de julio de 1969 1:40 p.m. PT:

Los astronautas realizan otra transmisión, una de las más nítidas realizadas desde el espacio, con la nave a 324,000 km de la Tierra y a 89,000 km de la Luna. Dura una hora y 36 minutos.

 

Llegada a la Luna (PT=tiempo del Pacífico)

 

● 19 de julio de 1969, 10:13 a.m. PT

El Apolo XI orbita la Luna. Pasa por el lado oscuro y los astronautas pierden contacto con la base por primera vez.

● 20 de julio de 1969, 10:46 a.m. PT:

El módulo lunar Águila se separa del módulo de comando, que se queda orbitando el satélite de la Tierra.

 

● 20 de julio de 1969, 12:47 p.m. PT:

Michael Collins informa a la base en la Tierra que el módulo lunar va camino a la Luna.

 

● 20 de julio de 1969, 1:18 p.m. PT:

“El Águila ha aterrizado”, los astronautas Neil Armstrong y Buzz Aldrin alunizan con el módulo lunar sobre la superficie del satélite de la Tierra, mientras Michael Collins sigue en la órbita lunar.

 

● 20 de julio de 1969, 7:56 p.m. PT:

Neil Armstrong se presta a pisar por primera vez la superficie de la Luna y declara: “Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”. Buzz Aldrin hace fotos desde el interior de la nave.

 

● 20 de julio de 1969, 8:41 p.m. PT:

De una extremidad de la nave, los astronautas sacan una bandera de nailon de Estados Unidos y la erigen sobre la superficie de la Luna.

 

● 20 de julio de 1969, 8:47 p.m. PT:

Los astronautas reciben una llamada del presidente Richard Nixon, quien les dice desde la Casa Blanca: “Por un momento invaluable, en toda la historia del hombre, toda la gente de la Tierra es verdaderamente una sola”. Neil Armstrong le responde: “Es un gran honor y privilegio representar no sólo a Estados Unidos, sino a la gente de paz de todas las naciones”.

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