Opinión


“No va más el partido católico”

“No va más el partido católico” | La Crónica de Hoy

Esta primera semana de marzo, el papa Francisco pronunció un discurso de una importancia fundamental para la Iglesia y para el futuro de Europa y América Latina. Al reunirse con un grupo de personas jóvenes de América Latina, el Papa señaló, con la mayor claridad posible: “no va más el partido católico”.

Dijo su santidad Francisco: “Los católicos sabemos bien que «en las situaciones concretas, y teniendo en cuenta las solidaridades que cada uno vive, es necesario reconocer una legítima variedad de opciones posibles. Una misma fe cristiana puede conducir a compromisos diferentes». Por eso, los invito a que vivan su fe con gran libertad. Sin creer jamás que existe una única forma de compromiso político para los católicos. Un partido católico. Quizá fue ésta una primera intuición en el despertar de la doctrina social de la Iglesia que con el pasar de los años se fue ajustando a lo que realmente tiene que ser la vocación del político hoy día en la sociedad, digo cristiano. No va más el partido católico. En política es mejor tener una polifonía inspirada en una misma fe y construida con múltiples sonidos e instrumentos, que una aburrida melodía monocorde aparentemente correcta pero homogeneizadora y neutralizante —y de yapa— quieta. No, no va”. El mensaje completo se puede leer en http://bit.ly/PCatolicoNoVaFco2019.

El mensaje no es nuevo. Ya León XIII y sus sucesores advirtieron desde finales del siglo XIX acerca de los riesgos de apostarle a partidos que se digan a sí mismos “católicos”. El experimento que ocurrió en México en los primeros 15 años del siglo XX no fue en modo alguno alentador. Todo lo contrario. Los dirigentes rápidamente se convirtieron en víctimas y victimarios en el sórdido ambiente político de México. Apoyaron al gobierno golpista de Victoriano Huerta y acabaron enfrentados con los obispos mexicanos de la época.

En otros casos, la situación ha sido similar. Quizás no han llegado al error de apoyar un golpe de Estado, pero las intervenciones de los partidos católicos han dejado casi siempre un mal sabor de boca. No en balde, a muchos nos preocupa la manera en que, en la actualidad, en Polonia, Hungría y otros países de Europa hay una suerte de nostalgia por los gobiernos autoritarios que ahora ya no apelan a las teorías de Marx y Engels, sino que apelan a un maridaje entre nacionalismo, racismo, etnocentrismo y las identidades religiosas. El resultado ha sido un mayor protagonismo de un cristianismo devaluado, que usa a Jesús como pretexto para “justificar”, casi siempre de manera pobre y banal, distintas formas de racismo, de machismo y, de manera más general, de un autoritarismo trasnochado que hace inevitable preguntarse si Europa y el mundo aprendimos algo de la Guerra Fría.

En Estados Unidos vemos cosas semejantes, sobre todo en el caso del Partido Republicano, que ha pasado de ser un partido en el que cabían distintas formas de conservadurismo, a ser un partido dominado por los pastores protestantes que han jurado lealtad a Trump a pesar de todas las cosas que hace y que contradicen todo lo que el cristianismo es. Algo similar ocurre en Brasil con Bolsonaro y sus incondicionales.

En México sería bueno que reconociéramos que no estamos exentos de riesgos. La virtual explosión del sistema de partidos que ocurrió en julio de 2018 nos hace especialmente vulnerables al surgimiento de partidos que quieran resolverlo todo invocando a la Biblia, el Nican Mopohua o algún otro libro religioso. Hagámosle caso al Papa: “el partido católico (o de alguna otra denominación religiosa) no va”.

 


manuelggranados@gmail.com

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