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Rubén Arellano, de Nezahualcóyotl, conquista el Kilimanjaro

El alpinista mexicano realizó una doble hazaña, ya que superó dos cirugías de corazón por estenosis aórtica e hizo cumbre en la montaña más alta de África.

Rubén Arellano, de Nezahualcóyotl, conquista el Kilimanjaro | La Crónica de Hoy

Foto: Especial

Una doble hazaña logró el montañista mexicano Rubén Arellano, quien luego de someterse a dos cirugías de corazón para corregir estenosis aórtica, mal que presentó desde niño, a los 38 años conquistó la cumbre del Kilimanjaro, la montaña más alta de África, ubicada en Tanzania, que alcanza los 5,895 metros de altura.

Luego de cinco días de recorrido extenuante con jornadas hasta de 12 horas de escalada que iniciaba a las cuatro de la madrugada hasta las cuatro de la tarde, hora en la que tomaba un descanso, para reiniciar el ascenso nuevamente a la medianoche y alcanzar la cima a las ocho de la mañana.

“Fue muy complicado, nunca había escalado una montaña tan alta, el recorrido fue de seis días, los primeros cinco sales en la madrugada y durante las horas finales de cada jornada es más difícil por el esfuerzo y el cansancio acumulado, además del desgaste mental”, indicó.

El recorrido inició el martes 18 de febrero en una ruta de 64 kilómetros en Tanzania, hasta el cuarto día arranca la etapa de ascenso, que inicia a las ocho de la mañana y culmina más allá de las cuatro de la tarde, donde tomó un receso para descanso y alimentación.

La escalada final al Kilimanjaro reinició a la medianoche para finalmente alcanzar la cumbre a las ocho de la mañana, además hay que hacer el descenso que dura entre cinco y seis horas, lo que constituye un esfuerzo demoledor en la montaña bajo frío extremo.

“El clima fue muy complicado, hacía mucho viento, el frío era tan extremo que me llegaba a congelar los dedos incluso con dos pares de guantes, me dolía tanto que el dolor me llegaba al codo, fue complicado y agotador”, relató el montañista oriundo de Ciudad Nezahualcóyotl, Estado de México.

La doble hazaña de Arellano consiste en que de niño presentó estenosis aórtica, un padecimiento incurable, que le fue detectado a los cuatro años y cuando tenía nueve, fue sometido a una primera intervención quirúrgica para reconstruir la válvula aórtica.

Después a los 21 años, fue intervenido nuevamente para colocarle una prótesis valvular mecánica, lo que también lo obligó a tomar medicamento de por vida. El pronóstico médico era que no podía realizar ejercicios de alta intensidad, ya que era una operación que serviría para mantenerse con vida.

No obstante, Rubén, comunicólogo, rapero y conferencista, practicó futbol, boxeo, artes marciales e incluso corrió maratones, previo a escalar las cimas más altas de México y el mundo, y ahora se sigue sometiendo a revisiones médicas y los resultados hasta ahora son normales.

Rubén se aficionó al montañismo desde la adolescencia con caminatas acompañado por un tío, después se aventuró en solitario a la conquista del Iztaccíhuatl, el Nevado de Toluca, el Nevado de Colima y el Pico de Orizaba, con más de 5,600 metros de altura.

También realizó la cumbre del Mont Blanc en Francia, la más alta de Europa, que incluyó gran riesgo, ya que tenía que saltar enormes y profundas grietas, en donde cualquier error le hubiera costado la vida.

Practicante de meditación, Rubén recordó en una entrevista:  “Bruce Lee decía que no existen límites, que existen fases, que lo que llaman límite son fases que vas superando, el límite se lo pone cada uno, es algo que tenemos en nuestras mentes y en la medida en que vayamos expandiendo nuestros límites serán cada vez más altos y las fases que rompamos serán cada vez más elevadas”.

“Metafóricamente no hay duda que es el mismo corazón el que me ayuda a salir adelante, porque cuando nosotros nos proponemos un objetivo, nos damos cuenta que los límites están en la mente, podemos realizar cualquier cosa que tengamos como proyecto”, acotó Arellano.

“Cuando estás en la cima, te das cuenta de lo pequeños que somos frente a las montañas”, expresó tras escalar los casi 4,800 metros de altura del Mont Blanc, la cima más alta del viejo continente.

 “Me gusta el contacto con la naturaleza, porque me sirve para reflexionar. Iba a la montaña no para hacer una cima, sino para platicar conmigo mismo y poco a poco me di cuenta de que llegaba más lejos, hasta que finalmente llegué”, recordó el alpinista aquella ocasión.

 “Lo único que necesitas es tener determinación y saber que pasito a pasito puedes llegar a la cima más alta del mundo, siempre seguir avanzando, no darte por vencido y tener una mentalidad positiva”, recomendó.

Una vez alcanzada la cima del Kilimanjaro, Rubén ahora tomará un lapso para descansar, antes de enfocar su próximo objetivo en la conquista del Aconcagua en Mendoza, Argentina. 

 

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