Opinión


Sabotaje legal y el neoconservadurismo

 Sabotaje legal y el neoconservadurismo | La Crónica de Hoy

La ley es una norma general, abstracta, impersonal y obligatoria emitida por un órgano representativo político y es la fuente primordial del derecho en los sistemas jurídicos basados en el modelo liberal-democrático que surgió en las revoluciones francesas y norteamericana.

En el Estado Constitucional de derecho, por la crisis del positivismo jurídico, los derechos humanos y los principios jurídicos se convirtieron en un freno al voluntarismo político expresado en la ley y acotaron la fuerza de ésta para anteponer a la persona y a la interpretación equitativa de los jueces en la aplicación del derecho.

En 2011, la reforma constitucional en favor de los derechos humanos y el reconocimiento del derecho convencional como fuente primordial de las obligaciones, las facultades y los límites de los Estados nacionales subordinaron a la Ley a un plano inferior a los tratados internacionales y constriñeron a las autoridades a la respeto, promoción, protección y garantía de los derechos humanos y otorgaron un papel preponderante a los jueces en la defensa amplia de las personas frente a las decisiones gubernamentales.

La denuncia presidencial al “sabotaje legal” que sufre la construcción del aeropuerto de Santa Lucía es la expresión de la frustración que deriva de la eficiencia y eficacia del régimen jurídico que hemos construido en los últimos doscientos cincuenta años en el mundo, que consiste, primordialmente, en un entramado de instituciones que buscan limitar el poder arbitrario y que las acciones del gobierno, aunque sea mayoritario, deban respetar los derechos de las personas y las minorías.

El poderoso suele moverse por impulsos, en ocasiones con base en un plan o estrategia definidos y divulgados, pero en la mayoría de las veces por obedecer a una visión personal o grupal o por los intereses que apoyan, mantienen o acrecientan su poder. Lo primero que pretende un gobernante es demostrar a sus seguidores y opositores que él es quien manda, que no es un mero florero, y lo segundo es conservar el estado de cosas que le favorecen y cambiar las que son contrarias a su proyecto.

La acusación presidencial de que los abogados recurren al juicio de amparo como una estrategia conservadora es cierta porque es la naturaleza de esa protección constitucional, dejar las cosas en el estado que estaban para evitar que se cometa una violación a los derechos de las personas que sea irreparable, pero es falsa si se pretenden compararla con el conservadurismo del siglo XIX.

El juicio de amparo es una institución eminentemente liberal que se forjó como parte de una lucha ciudadana contra las visiones cerradas de la vida, como la que hoy sostiene la 4T, que descalifica a cualquiera que no comparta sus valores políticos. La defensa de los derechos humanos que se pueden afectar por la construcción del aeropuerto de Santa Lucía y la cancelación del NAIM en Texcoco esta alineado profundamente con el pensamiento juarista y liberal del siglo XIX.

El neoconservadurismo, que tiene muchos representantes en el gobierno de la 4T, consiste en añorar el pasado autoritario en el que la voluntad del Presidente era la única expresión política válida. A este proyecto le estorba la ley que reconoce a los derechos humanos por encima de los actos de autoridad, el nuevo papel de los jueces y la extensa red de herramientas jurídicas a disposición de las personas para defenderse de las ocurrencias o caprichos de los gobernantes.

Parte de la estrategia que busca debilitar a la institucionalidad que limita el ejercicio del poder autoritario es vincular el “sabotaje legal” con personajes satanizados por el gobernante. Nada es más peligroso. Esto desmonta los esquemas de protección y respecto de los derechos humanos y el autoritarismo -que es el modelo de régimen político de los neoconservadores- tendrá el espacio abierto para imponerse.

El sabotaje legal es un medio no violento de oponerse a los gobiernos arbitrarios. La falta de estos medios de defensa eficientes o la baja disponibilidad abren las puertas a otro tipo de sabotajes como es la toma de carreteras o instalaciones estratégicas. En el pasado autoritario que el neoconservadurismo pretende restaurar, la represión era la normalidad y no había posibilidad alguna de que por medios institucionales las personas como individuos o colectividades se opusieran al gobierno.

En ese sentido, es bienvenido el sabotaje legal que es la expresión de la lucha contra los actos arbitrarios en términos pacíficos y racionales y quien defiende que la voluntad del gobierno no sea confrontable o confrontada es un auténtico neoconservador que busca el regreso del autoritarismo. A los neoconservadores les estorba el juicio de amparo y un poder judicial independiente, objetivo, profesional e imparcial.

 

 

Investigador y docente de la Universidad Anáhuac de México

Miembro del Sistema Nacional de Investigadores Nivel I

cmatutegonzalez@gmail.com

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