Opinión


Salvemos a los árboles de la CDMX

Salvemos a los árboles de la CDMX | La Crónica de Hoy

La escena de sesenta árboles derribados en Real de Mayorazgo fue dramática. Tras enrejarlos con láminas y dejar libre un carril para la circulación, presuntos contratistas de la empresa Mítikah derribaron en horas troncos de varios diámetros, algunos de los cuales luchaban por sobrevivir después de la muerte lenta a la que se ven sometidos buena parte de los árboles de la Ciudad de México.

La tala de Mítikah fue la que tuvo más foco porque su hogar era zona de paso y el aguerrido Pueblo de Xoco, que quedó aislado por el “concepto contemporáneo” de descomunales torres que integran “vivienda, comercio, servicios y áreas verdes en un solo espacio al sur de CDMX”, se encargó de visibilizar el asunto, junto con otros ciudadanos y organizaciones vecinales.

Sin embargo, por esos mismos días, una salvajada similar se cometió en Santa Úrsula Xitla, Tlalpan, como fue documentado con puntualidad en el primer boletín emitido por el Colectivo de Vecinos de la misma comunidad @cvsux.

Si eres amante de estos seres maravillosos que nos dan oxígeno, sombra; que nos ayudan a regular el clima y le brindan hospedaje a aves, roedores y otras especies, habrás notado que, de varios años hacia acá, se decidió condenarlos a morir lentamente y de varias maneras. Veamos algunas.

1) Reducción extrema de los espacios de captación de agua, a los intersticios que quedan entre un cuerpo cilíndrico y un cuadrado de hormigón.

2) Condenar al árbol, administrativamente, en un peligroso enemigo del “progreso” y en función de este discurso tolerar e incluso ser partícipe desde el gobierno de:

a) Podas que mutilan a los árboles de manera indigna. Una señora de Villa Coapa le reclamaba a un trabajador de la delegación con airada ironía: “es como si usted va a la peluquería y regresa a su casa sin un brazo, una oreja y un pie.” Y sí.

b) Podas “chiquitas” pero sistemáticas hasta eliminar el árbol; a veces, combinadas con el riego de venenos químicos para aniquilarlos de raíz del que se encuentran múltiples recetas en internet.

3) Aunque las talas salvajes son las más indignantes, quizá las más perniciosas, y en términos de pérdida cuantitativa de masa arbórea, quizá las más extendidas en la CDMX, son las talas quirúrgicas con las que nos amanecemos todos los días: el arquitecto que tiró un árbol porque la entrada al estacionamiento del nuevo edificio de condominios lo requería o el vecino que no quiere ver follaje en el balcón de su departamento y en un abrir y cerrar de ojos manda a tirar el árbol. Por citar dos ejemplos.

4) Los árboles también son víctimas de la noción arraigada en el gobierno de la CDMX y las alcaldías (antes delegaciones), de que los ciudadanos son los responsables de hacer la chamba de cuidado, denuncia y seguimiento ambiental. Por supuesto que uno participa, pero cuando no hay retroalimentación en esta actividad; cuando al vecino se le desprecia, se le divide, o se le utiliza para la foto, los árboles pierden aliados estratégicos y quienes participan en el “mercado” electoral, también.

Letras al pie

Ayer, algunos vecinos de la colonia Santa Úrsula Xitla nos dimos cita en la Casa Xitla (espacio maravilloso que está haciendo un trabajo ejemplar) para sembrar árboles. Sobraron algunos y surgieron algunas ideas para reforestar nuestra colonia. En una asamblea previa comentamos también algo que en cada cambio de gobierno parece repetirse. El problema es grave y abarca a toda la ciudad.

 

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Considero que los planes de recuperación de áreas verdes y mantos acuíferos del gobierno de la CDMX merecen mayor difusión, pero los espacios que se van quedando sin árboles debido al urbanismo salvaje, necesitan atención inmediata también. ¿Por qué no crear sinergia por ahí?

 

 


dgfuentes@gmail.com

 

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