Opinión


Santa lucía: acátese, pero no se cumpla

Santa lucía: acátese, pero no se cumpla | La Crónica de Hoy

Con cinco resoluciones del Poder Judicial que ordenan la suspensión temporal del aeropuerto de Santa Lucía, más las que se acumulen, se complica la posibilidad de hacer realidad el proyecto estrella de este gobierno, pero no ha sido la acción de la organización “No al derroche” el principal impedimento, sino la mala operación del propio gabinete y la encrucijada en la que AMLO ha puesto a los soldados en este tema, quienes ya acordaron no tener problemas con la ley ni con la justicia,

Sobre Santa Lucia, de aquí en adelante y en tanto no se resuelvan puntualmente los temas judiciales y de autorizaciones que le corresponden a las dependencias civiles, la respuesta será ¡“Acátese”! y en voz bajita. (pero no se cumpla).

O en palabras sabias de Alfonso Romo, asesor presidencial: “que no se mueva un pelo”.

Razones les sobran. Si un militar, independientemente del grado, viola la ley civil, desde pasarse un alto o no cumplir con sus obligaciones familiares, existe la facultad del fuero militar para sancionarlo por poner en mal el nombre y prestigio de la institución a la que pertenece.

Así que, con la ley militar bajo un brazo y los resultados que Wikipedia arroja sobre “El Encinazo de AMLO” en el otro brazo, los soldados, disciplinados como son, apenas tienen margen de maniobra.

¿Cómo podrían los soldados obedecer la instrucción de alcanzar la fase de obra en pleno agravio, violación y rebeldía al Poder Judicial ?

¿Cómo le hará Romo Garza, para obligar a los militares, responsables de hacer cumplir las leyes incluso por la vía del uso de la fuerza; a los soldados que son garantes del Estado de derecho para que incumplan las resoluciones del poder judicial? ¿Cómo obligará a los soldados a continuar sin los permisos requeridos y arriagarse a una sanción mayor? Obligará a las propias autoridades a autootorgarse los permisos ambientales; garantizar la seguridad aeronaútica y que se tenga autorización del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).

¿Y cómo le hará para que avance sin el terreno de los soldados, sin la mano de obra de los soldados, sin el presupuesto de la Sedena y sin la seguridad y sigilo de los soldados?

Porque una de las ventajosas razones de que Santa Lucía sea insistentemente el sitio preferido no tiene que ver con seguridad aeronáutica o hidrológica, sino porque ninguna oposición de las que alguna vez echaron abajo la construcción en San Mateo Atenco, podrían cruzar el arco de cemento que divide a la Base Militar 1-F del pueblo de Zumpango.

A pesar de la enjundia del Secretario de la Defensa Nacional, general Luis Cresencio Sandoval, en torno a la construcción del aeropuerto en sus terrenos del Estado de México, los problemas para la Sedena han venido aumentando y la cantidad de apoyo que recibe del gobierno federal ha ido en descenso.

En el más grande de los absurdos, las reuniones convocadas por autoridades, pobladores, expertos e interesados de los cuatro municipios que colindarían con la obra, sólo ha llegado personal militar y además técnico a escuchar las quejas de los habitantes sin poder resolver ni comprometerse.

El mando civil interesado en Santa Lucía ha dejado sólo a los militares ante la serie de conflictos que rodean el proyecto y hay temor fundado a que también sean solos como enfrenten los problemas contra el Poder Judicial si llegan a violentar la ley.

El pasado 30 de mayo, cuando soldados cumplieron la cita para reunirse con pobladores en Zumpango, Tecámac, Nextlango, Tonanitla, Atenco, Ecatapec, Coacalco, Nezahualcóyotl, Temascalapa, Tultepec, Tultitlán, Tizayuca y Venustiano Carranza, las respuestas acerca de la situación hidrológica provocaron risa al asegurar que el consumo de agua descenderá porque cada usuario del aeropuerto gastaría 27 litros de agua promedio diario contra los casi mil 200 que consumen los habitantes de la zona, donde resultaría muy extraño pensar que todos cuentan con alberca y la llenan y vacían diariamente. El tema correspondía a la Conagua y los dejó solos.

A la inquietud sobre la obligatoria protección a zonas arqueológicas que ahí existen, simplemente no hubo respuesta, el INAH nunca les aportó datos. A la denuncia por no contar con un permiso ambiental para la obra, el teniente a cargo mostró una sola paginita, donde asegura que ya está tramitado sin mayor información.

Sería de un riesgo enorme el hecho de que los soldados decidieran mover una sola hoja de árbol en estos momentos, más allá de la disciplina y obediencia que ha mostrado el Secretario de la defensa Nacional al proyecto de su comandante supremo...

Pero sería tremendamente absurdo para la Defensa Nacional, por llamar lo menos, que sabiendo el riesgo calculado, siguieran por ese camino, en oposición al Poder Judicial y a la mismísima población.

 

 

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