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Santa María la Ribera. El boom inmobiliario intenta superar al crimen callejero

El auge de inmuebles detonó en la administración de Ricardo Monreal w Hoy, los anuncios de venta y renta abundan ante la inseguridad. La colonia cerró 2018 con aproximadamente tres mil casos de robo a transeúnte, delito de mayor incidencia

Santa María la Ribera. El boom inmobiliario intenta superar al  crimen callejero | La Crónica de Hoy

Es un sábado del pasado diciembre, en la esquina de las calles Jaime Torres Bodet y Manuel Carpio, colonia Santa María la Ribera, se detiene una camioneta. De la puerta del conductor desciende un hombre maduro, aproximadamente de 43 años, viaja con una chica que lleva en brazos a su mascota (o, como han dado por llamar a estos canes mimados, con su perrhijo). Ella no baja, espera en el asiento del copiloto. Él se dirige a un edificio recién erigido en ese punto, su construcción concluyó hace unos meses, en googlemaps aún aparece un predio con una pizca de material de construcción, apenas unas mantas negras y enrejado. Hace unos años era una gasolinería.

Frente a la nueva construcción un letrero oferta los últimos departamentos cuyo valor es de entre dos millones y dos millones 300 mil pesos. Y un poco más allá, se impone el majestuoso Kiosko Morisco. En torno a esa estrucura emblemática de la Santa María se desarrolla un sábado familiar, de parejas tomadas de la mano, de jóvenes en patineta, de ancianos que ocupan bancas en lo que llega el atardecer. Hay fila para comprar helados. Esta imagen de pueblo citadino ha sido explotada para detonar el boom inmobiliario local.

La pareja de la camioneta ha llegado a esta colonia para imaginarse cómo sería su vida aquí. Quieren comprar, “pero está muy caro”, dice el conductor mientras desciende las escaleras del edificio.

“Está bonito el lugar, se antoja vivir aquí”. Se le pregunta si sabe que son constantes las noticias de que hay inseguridad, de que las noches no son tan apacibles como la tarde sabatina. Una patrulla pasa en ese momento por casualidad. “Pues no sabía, pero aquí dice que el edificio tendrá vigilancia las 24 horas”, responde. La vigilancia es en el inmueble. Las calles son otra cosa.

 

Las calles de la Santa

De acuerdo con datos proporcionados por Ana Villagrán, concejal del PAN en la alcaldía de Cuauhtémoc, la colonia Santa María la Ribera cerró 2018 con aproximadamente tres mil casos de robo a transeúnte denunciados; pero por cada delito denunciado, hay otros 8 o 9 sin denunciar.

Un desarrollo inmobiliario en la zona tiene más de tres años de ofertar departamentos. Aún tiene el letrero de que hay disponibles. Su venta ronda igualmente un millón de pesos.

En las proximidades de la avenida Ricardo Flores Magón se imponen construcciones con balcones de cristal. El precio por cada departamento es de aproximadamente dos millones de pesos.

Vecinos de estos gigantes que se están levantando en los últimos años son casas menos pretenciosas construidas en la década de los ochenta. O sobre Flores Magón, a un lado, bajo un puente, vecindades o unidades habitacionales que contrastan por los materiales de construcción.

El boom inmobiliario convive con la Santa María la Ribera que ha sido nota roja en el último año. Recientemente fue escenario de la ejecución de Melisa, una joven de aproximadamente 22 años que era buscada por las autoridades de la Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México. La justicia la reclamaba para testificar por ser la presunta responsable de la muerte violenta de una menor de edad, con quien supuestamente tenía una relación de pareja.

En noviembre pasado el cuerpo de la víctima apareció destazado dentro de una bolsa de plástico en un andador de la Unidad Tlatelolco, territorio cercano también de Santa María la Ribera.

Como en todo el mundo, los habitantes de Santa María hablan de que quienes cometen delitos son externos,  achacan a “las colonias vecinas” (la San Simón, la Atlampa, la Guerrero y Buenavista, entre otras) esos hechos. “Mucho de lo que pasa aquí lo hacen ellos”, dice la señora Margarita, “hay muchachos que vienen y buscan a algunos y los matan. Seguramente algo hicieron los otros, pero aquí vienen y disparan. He sido testigo, porque saco a mi perro a que haga sus necesidades, y me ha tocado ver, tanto de día como de noche. Una vez vi que bajaron de un carro, sacaron la pistola y rápido... Era en la mañana, allá afuera de la vecindad”.

Santa María comienza en Circuito Interior y Eje 1 José Antonio Alzate, a lo largo, hasta Insurgentes Norte.

En los últimos dos lustros, la colonia ha tenido mejor conectividad en cuanto a transporte. Cuenta con dos Líneas de Metrobús. La 1 de Indios Verdes hacia La Joya. Y la Línea 4, con sus dos rutas Sur y Norte, además de la Estación Buena Vista del Metro, que conecta con la Línea B, hacia el Estado de México, al municipio de Ecatepec.

Además, sus habitantes también disponen del Tren Suburbano, construido en la vieja terminal de trenes.

Complementan estas redes de buenos servicios de transporte las viejas unidades de microbuses que conducen hacia Sullivan y otros hacia Azcapotzalco, desde la parada que se encuentra en Mascarones, a unos pasos de la estación San Cosme del Metro.

Pero si de día se dispone de todos estos medios de transporte, en la noche profunda, el taxi tradicional o pedido mediente app de celular es lo más seguro.

En Insurgentes se ubica un sitio de taxis. Es frecuente ver que ahí mujeres jóvenes o adultas hacen uso del servicio.

Los choferes han compartido que muchos de los usuarios son vecinos de las colonia, porque sienten temor de caminar solos hasta su casa “prefieren pagar 20 o 30 pesos para llegar seguros”.

El boom inmobiliario se detonó en la última década, recuerdan los habitantes de la Santa María, que poco a poco iba dejando atrás el mote de Santa María la Ratera para convertirse en una alternativa para parejas jóvenes que buscan un buen departamento moderno, rodeado de un toque tradicional .

A otro complejo de departamentos en Dr. Atl llegan muchas personas a preguntar por el precio de los departamentos. “¡Ay, es mucho!”, exclaman cuando se les pregunta si lo comprarían.

“No es tan seguro por aquí”, dice Alberto que se acercó al lugar con sus hijos sólo por saber el precio y sí conoce la colonia. Es su interés se resume la lucha entre el delito callejero y el boom inmobiliario que continúa dándose en la Santa María.

Al interior de los nuevos complejos, departamentos dignos de jóvenes hipsters que están en la plenitud de su vida productiva; en las calles, el robo a transeúnte y los vestigios de esa vida bronca que le dio el mote de Santa María La Ratera.

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