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Seguimos contando las historias familiares porque narran nuestro origen: Christina Soto

La escritora y profesora de la Universidad de California Riverside dice que estos relatos pueden ser falsos. Presenta su libro Curaçao. Costa de cemento, pueblo de prisión.

Seguimos contando las historias familiares porque narran nuestro origen: Christina Soto | La Crónica de Hoy

Christina Soto cuestiona la subjetividad de las historias familiares.

Curazao es una isla cerca de costas venezolanas que Américo Vespucio llamó la Isla de los Gigantes y en donde el idioma oficial es el papiamento, a pesar de que fue colonia española y holandesa. En ese lugar es donde la autora Christina Soto Van Der Plas (Ciudad de México, 1989) cuestiona la subjetividad de las historias familiares que validan el origen de cada persona.

Dicha historia titulada Curaçao. Costa de cemento, pueblo de prisión es un libro editado por Tierra Adentro y que hizo que la joven autora mexicana recibiera el Premio Nacional de Crónica Joven Ricardo Garibay 2019.

“Llegó un punto en que me hartaron las novelas, los cuentos y ya no encontraba nada bueno, entonces empecé a leer cronistas latinoamericanos y me pareció excepcional lo que estaban haciendo. Me interesé en las crónicas de viajes, de historias urbanas y comencé a leer mucho. La crónica me parece un género muy flexible que permite de todo, un poco de ensayo, creación de novela…es un género que involucra mucho la primera persona y en eso está mi punto de vista”, comenta.

Soto Van Der Plas narra que el libro nació de una serie de conversaciones que tuvo con dos amigos: Geraldine Monterroso y Eduardo Lalo.

“En varias ocasiones coincidimos y conversábamos sobre historias familiares, empezamos a preguntarnos qué es lo que pasa con estas historias que seguimos contando, ¿son anécdotas verdaderas o no?, pero que son las historias de cómo narramos nuestro propio origen”, precisa la autora.

De esa serie de pláticas nació la idea de hacer un proyecto de conversar en un lugar incómodo para también hablar de la identidad latinoamericana como otro de esos orígenes falsos.

“En mi caso, mi abuela materna es holandesa. Mi abuela nació en Indonesia y estuvo en un campo de concentración japonés, acabando la guerra se fue a Egipto donde se reencontró con su papá que lo habían mandado a hacer trabajos forzados en los ferrocarriles. Después regresó a Holanda, ahí se casó, conoció a mi abuelo, llegaron a México porque no había trabajo en Europa al acabar la Guerra y aquí hicieron su vida”, comenta.

 La también profesora de la Universidad de California Riverside, expresa que su abuela siempre le contaba historias de la guerra, pero hacia al final de su vida cuando ya padecía Alzheimer, “era para mí una sospecha de si las historias eran verdaderas”.

El libro se inició en Curazao aunque la idea de la autora era ir a tres países distintos a sus orígenes, no obstante, fue imposible, entonces decidió visitar el Caribe.

“Curazao es una islita al norte de Venezuela que en principio fue española y pasó a manos de los holandeses en la colonia y hasta hace 50 años no era independiente, por eso tiene una historia extraña, de piratas, en donde los holandeses hicieron un centro de distribución de esclavos”, comenta.

Soto Van Der Plas señala que en esa isla hablan papiamento, un créole basado en el portugués y en algunas lenguas africanas. Es extraño porque no está el holandés ni el español en la mezcla del idioma; además, tienen una refinería de petróleo muy grande y el cementerio judío más antiguo de América.

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