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Seis paraísos para las mujeres… y el infierno saudí

LUCHA: Hoy 8 de marzo se conmemora el Día Internacional de la Mujer, con la alerta lanzada por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, sobre una “reacción preocupante del patriarcado” y de la desigualdad, por culpa del avance de las “agendas nacionalistas y populistas”.

Seis paraísos para las  mujeres… y el infierno saudí | La Crónica de Hoy

España convoca a una inaudita huelga general de mujeres.

Preocupante. Este ha sido el calificativo elegido por el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, para enmarcarlo en el Día Internacional de la Mujer —que se celebra hoy 8 de marzo— y para rebajar el optimismo instalado en los últimos años en la lucha contra la igualdad.

“Ha habido progresos notables en las últimas décadas”, reconoció Guterres, pero advirtió que “se han desencadenado una reacción preocupante del patriarcado más arraigado”.

Para el jefe de Naciones Unidas es especialmente peligroso el ascenso de los nacionalismos y populismos, defensores de la cultura machista y uniforme, alérgica a las minorías y a la multiculturalidad.

“Las agendas nacionalistas, populistas y de austeridad contribuyen a la desigualdad de género con políticas que restringen los derechos de las mujeres y recortan los servicios sociales”, denunció.

“CUESTIÓN DE PODER”. Según reflexionó, “la igualdad de género es, fundamentalmente, una cuestión de poder. Vivimos en un mundo dominado por los hombres, con una cultura dominada por los hombres. Solo cuando entendamos los derechos de las mujeres como un objetivo común, como una ruta hacia el cambio en beneficio de todos, comenzaremos a inclinar la balanza”.

Algunas naciones están muy cerca de ganar la batalla de la igualdad de género, otras, sin embargo, siguen hundidas en la edad media.

Según el Informe 2019 del Banco Mundial, sólo seis países de más de 160, han logrado sumar 100 puntos sobre la paridad de género en cuestiones como la igualdad salarial, oportunidades laborales y el combate a la violencia machista. Se trata de Bélgica, Dinamarca, Letonia, Luxemburgo, Suecia y Francia, país que logró el avance más importante, tras la llegada al poder de Emmanuel Macron, pero que habría sufrido un importante retroceso si, paradójicamente, hubiese ganado la elección una mujer, la candidata de extrema derecha y declarada antifeminista Marine Le Pen.

En el otro extremo de la tabla, dos países que claramente confunden modernidad con la frase “a ver quién la tiene más grande”. Se trata de Emiratos Árabes Unidos y en último lugar Arabia Saudí, que compiten actualmente en la construcción de la torre más alta del mundo, mientras degradan a sus mujeres a la condición de meros objetos al servicio de sus maridos, padres o hermanos.

Precisamente ayer, víspera del Día de la Mujer, 36 gobiernos emitieron una condena contra Arabia Saudí en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, por mantener en prisión a mujeres desde hace años, por pedir cosas tan elementales como poder manejar su propio carro y no tener que esperar que lo haga su tutor varón asignado.

Lo preocupante no es sólo que el reino petrolero mantenga esta política y ordene “desaparecer” a quien lo critique, como el periodista Jamal Khashoggi, sino que ha tenido que salirse abruptamente Estados Unidos de ese organismo (al que acusó de antiisraelí) para que una mayoría de naciones se haya atrevido, por primera vez, a condenar al mayor violador de los derechos humanos de la mujeres (por encima de otros campeones, como Irán).

Y mientras los países musulmanes se hunden en la tabla por cuestiones culturales y religiosas, otras naciones que van de potencias permanecen en puestos mediocres, como Estados Unidos (puesto 63) y Rusia (116), lideradas la primera por, Donald Trump, acusado de abuso sexual por varias mujeres y contrario a derechos como el aborto, opinión que comparte con su admirado Vladimir Putin.

EL EVANGELIO, SEGÚN BOLSONARO. Sin embargo, por cercanía cultural el retroceso es particularmente doloroso en América Latina, especialmente tras el ascenso al poder de presidentes de credo evangelista o dependientes de su voto en el parlamento.

El caso más sangrante, pero demasiado reciente como para aparecer reflejado en el informe del Banco Mundial, es el de Brasil, con la llegada al poder de un gobierno ultraconservador, dominado por la poderosa bancada evangelista y liderado por un presidente de extrema derecha sin pelos en la lengua: Jair Bolsonaro.

Nada más jurar el cargo, el pasado 31 de enero, la nueva ministra brasileña de la Mujer, la Familia y los Derechos Humanos, Damares Alves, festejó dando gritos ante las cámaras que “a partir de ahora, los niños de azul, y las niñas de rosa”. “Brasil entra en una nueva era. Vamos a acabar con el adoctrinamiento ideológico”, declaró.

Lejos de rectificar, en febrero fue el propio presidente Bolsonaro el que anunció que “la basura marxista” en los libros de texto va a desaparecer. Ante el escándalo, explicó a los medios lo que entiende por “basura marxista”: la izquierda y el feminismo.

Falta por ver qué hará otro mandatario que simpatiza con los evangelistas, Andrés Manuel López Obrador, y si empuja a México —en el puesto 54— hacia arriba, a los puestos de honor, o hacia abajo, donde se apelotonan populistas y fundamentalistas.

ESPAÑA, CAMPO DE BATALLA DEL FEMINISMO. Si hay un país donde se ha hecho muy visible la batalla de las mujeres por reivindicar sus derechos este es España, escenario de una inédita huelga de mujeres convocada para hoy viernes, un año después de las manifestaciones masivas celebradas al calor del fallo judicial que dejó en libertad a los integrantes de la Manada, al entender los jueces que no violaron a su víctima “porque no ofreció resistencia”.

Ayer, la directora ejecutiva de ONU Mujeres, Phumzile Mlambo-Ngcuka, animó a todas las mujeres a ir a la huelga feminista, con la mente puesta en las elecciones del 28 de abril, donde la irrupción de la extrema derecha y sus ataques a las “feminazis” ha puesto el tema de la mujer en el centro de la batalla electoral. El miedo a una involución en España es real, y como diría Guterres, preocupante.

 

fransink@outlook.com

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