Opinión


Semanas de perros... y osos

Semanas de perros... y osos | La Crónica de Hoy

La tremenda sequía, y por lo tanto el hambre de los osos negros, está provocando más introducciones de estos úrsidos a las zonas urbanizadas que otrora fueran su territorio, allá en Nuevo León, y ello, sin que realmente ninguna autoridad competente aplique eficaz y eficientemente alguno de los diversos protocolos que se supone tienen obligados para estos casos. No se les percibe, incluso, la intención de trabajar un método para contener este problema que, ¡OJO!, va escalando. Que conste. Una de esas criaturas recientemente se documentó bajo estado caquéxico y, obvio, tambaleándose. Detectada su imagen hasta el domingo 13 a la media noche, por supuesto que solamente Invictus-Érika Ortigoza se apuntó para rescatarlo (GAD no la castradora Blanca Alicia Mendoza-ProFePA), aunque lamentablemente sin éxito. Mientras y casi al mismo tiempo, otro osito fue captado merodeando por la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma del Estado. Hasta el momento desconozco su destino, pero lo que sí es un hecho es que ¡URGE que Fundación Invictus se replique en esta zona de conflicto! ¿Algún patrocinador que levante la mano?

 

 

Y en esa preocupación me andaba cuando recibí un reporte levantado en periódico local, comunicando que otro perrito había caído al interior del socavón poblano (ahora, increíble, convertido en lugar turístico), más, sin sentirse el mismo interés por su rescate que el demostrado a favor de los “lomitos” SPAY y SPIKE, lo que me indica que sólo se trató de una llamarada de petate a presión por parte del gobernador Miguel Barbosa, al que ni caso hicieron para resguardar fuertemente el lugar o… no se hubiera dado esta segundo incidente. No tengo certeza de lo que a fin de cuentas pasó con el perrito, al que según, ni con drones pudieron ubicar tras la petición ciudadana. Y…

Para quienes reclamaron que no me hubiera tirado a matar -la semana pasada- con el caso de los dos perros de servicio y asistencia envenenados en Querétaro, solamente puedo citarles que simplemente no lo hice, por dudar que esa infamia… in-fa-mia… hubiera sido cierta. Envenenar perros usando salchichas ha sido histórico en nuestro México real, pero, haberlo hecho sobre estos reconocidos canutos in-va-lua-bles como ATHOS, certificado internacionalmente en Búsqueda y Rescate y por ello gran apoyo para la Cruz Roja, no tiene calificativo. No lo encuentro. Agradezco entonces a la MVZ Mercedes Paredes toda la documentación que me allegó y la paciencia que me guardó al insistirle en que no me cuadraba el asunto, y es que para empezar no entendía que teniendo tan especializado adiestramiento, tanto el Border Collie como su amiguito yorkie TANGO (terapista) hubieran probado alimento ajeno y fuera de horas. Hay fuerte sospecha sobre la identidad del culpable, que merece la aplicación más severa que para este acto dicta el Código Penal queretano, así que, en apego a estricto Derecho… ¡encuéntrese al infeliz, consígnese y aplíquensele los varios años de cárcel que merece, al incrementarse la pena en una mitad dada la agonía y el sufrimiento padecido por los perros. Es perversidad que no merece tener salida ni con “juicio abreviado”, sumándome por ello, además, al castigo social que se reflejó en el deseo que Sergio Sepúlveda -conductor de Tv Azteca- dirigió al desgraciado: ojalá algún día no estés debajo de un escombro porque sí, el perro al que mataste… ese… te salvará la vida y entonces te vendrá el cargo de conciencia total.

La primera vez que supe del dolorosísimo proceso por el que pasa un animal envenenado fue con un oso negro, durante mi debut al frente del Zoológico de Chapultepec. A tantísimos años de distancia, créaseme, todavía me persiguen esos gritos de dolor y desesperación, más la impotencia de no haberle podido ayudar.

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