Opinión


Servidores más humanos

Servidores más humanos | La Crónica de Hoy

Antes de escribir esta columna consulté con varias personas si mi apreciación y la de ellos era la misma respecto de un comportamiento más afable de los servidores públicos de contacto directo con la ciudadanía, al menos en la CDMX, y la respuesta en general fue que sí. 

Principalmente lo pude notar en los policías de tránsito: todavía hace 5 meses, el simple hecho de pasar cerca de ellos era ominoso para muchos capitalinos, porque eran responsables de hacer más hostil la vida en la ciudad; es decir, ciudadanos que de por sí teníamos la necesidad de pasar dos horas en el tráfico en la mañana para llevar al hijo a la escuela y después ir al trabajo y otras dos horas de regreso a nuestros hogares, con un estrés brutal y un largo etcétera, como para además cuidarse de los policías de tránsito que principalmente se dedicaban a “fregarse” al ciudadano a fin de llevar las cuotas de multas o “mordidas” que les exigían sus jefes. Esto ha cambiado súbitamente en los primeros 100 días del gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador y de Claudia Sheimbaun en la CDMX, y eso, aunque no se presuma, es algo que los ciudadanos debemos destacar pues es donde de forma inmediata la sociedad puede notar los cambios, lo que sucede con este trato amable con los policías sucede también con las enfermeras en los hospitales, doctores, agentes de aduana del aeropuerto, etcétera.

Aunado a lo anterior destaquemos que en la mayoría de las encuestas hechas sobre “felicidad” la respuesta que tiene mayores coincidencias es que lo que a las personas las hace “felices” es el buen trato, una sonrisa desde la otredad y la empatía que puedan sentir. En ese sentido, 100 días de haber logrado esta sencilla pero profunda transformación nos debe dar la certeza de que vamos por buen camino.

Un gobierno que pone en el centro el principio humano tiende a poder generar soluciones directas que van más allá de la visión miope de que para arreglar un problema hay que aumentar las sanciones, ya que como sucedía es que se tenían penas cada vez más severas pero ello sólo daba ­herramientas a a los jefes de los policías para corromper y hostigar más al ciudadano, olvidando el principio fundamental de todo “castigo” es pedagógico. Es decir, el castigo es para que la persona que incurrió en una falta aprenda sobre ella y no la vuelva a cometer; sin embargo, cuando era más por una mordida, el aprendizaje era opacado y, al contrario, generaba una cadena viciosa.

Sin embargo, poner en el centro los valores permite que al final el ciudadano tenga una forma ética de comportarse, y no el de “no cometer una falta” como ciudadano por “miedo al castigo”, sino que el respeto a las normas es por una forma de vivir y convivir decente y respetuosa.

Si todos nos sumamos a esta visión que ya inició el gobierno, la cadena virtuosa puede hacer de nuestras vidas una mucho más amena forma de convivir y dejar que el Renacer humano desde México inspire a otras latitudes del planeta.

 


@CesarG_Madruga
madrugacesardaniel@gmail.com

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