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Significado del Miércoles de Ceniza

Significado del Miércoles de Ceniza | La Crónica de Hoy

El Miércoles de Ceniza es una de las celebraciones litúrgicas en las que más personas acuden a los templos, ya sea por la simple tradición, o conscientes de su verdadero significado teológico e histórico. A partir de esta fecha, comienza la Cuaresma como un camino de preparación de 40 días para recibir a la Semana Santa y, finalmente, a la Pascua de Resurrección, que es la fecha más importante del cristianismo y el sustento de su fe.

La ceniza aparece en la Biblia desde el Génesis en el Antiguo Testamento, en recuerdo de que el hombre es polvo y de que la vida es efímera, de allí que sea un signo de arrepentimiento, conversión y penitencia, que culmina con la Pascua como una esperanza de liberación y eternidad. La ceniza es señal de humillación ante Dios, por eso, las personas se postraban y ponían su rostro cerca de la tierra, se ponían ceniza en la cabeza e incluso, como parte del ritual, solían utilizar una vestimenta burda.

La ceniza que se imparte en todos los templos se obtiene de la quema de las palmas benditas y de algunas imágenes religiosas que se encuentran deterioradas. Esto se hace en cada iglesia, en fechas cercanas a la Cuaresma.

En la antigüedad, el Miércoles de Ceniza era la fecha en la que la Iglesia aceptaba a los nuevos conversos valiéndose del simbolismo de que la imposición de ceniza es una señal de conversión. Hoy, los nuevos conversos adultos son recibidos por la Iglesia el Domingo de Pascua. 

La ceniza es un signo del compromiso personal afín al deseo de acatar la ley. Es la aceptación de la limitación del hombre ante lo pasajero de la vida. Juan el Bautista, en el río Jordán, llamaba al arrepentimiento, lo que necesariamente implicaba cuatro condiciones: un acto de conciencia, vergüenza por haber ofendido a Dios con los pecados, propósito de enmendar la conducta y cambiar de forma de vida, y, en la medida de lo posible, la reparación de cualquier daño.

Durante el pontificado de Inocencio III tuvo lugar el IV Concilio Ecuménico de Letrán que contribuyó enormemente al ordenamiento de la Iglesia, y dio un fuerte impulso al sacramento de la penitencia, con lo que la imposición de la ceniza también recibió mayor difusión, pero la confesión individual era una práctica anterior a la Edad Media. A México llegó este sacramento desde fechas tempranas del siglo XVI en el largo proceso de evangelización, aunque atravesó por muchas dificultades, entre ellas, por el desconocimiento de las lenguas indígenas, ya que no se permitía el uso de traductores y por los pocos sacerdotes que había.

Desde hace varios años, en la Catedral Metropolitana se vienen organizando jornadas cuaresmales de confesiones en las que participan varios sacerdotes, y en este tiempo litúrgico ellos reciben facultades especiales para perdonar varios pecados reservados a los obispos, entre ellos, el del aborto.  

 

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