Cultura


“Sin creatividad, libertad, poesía… la filosofía se vuelve propaganda e ideología”

Donde no hay creatividad no entran los cánones del sistema filosófico, señala la escritora Catalina Elena Dobre, quien hace referencia al pensamiento del filósofo Max Picard, sobre quien publica su más reciente libro 

“Sin creatividad, libertad, poesía… la filosofía se vuelve propaganda e ideología” | La Crónica de Hoy

“Picard fue un poco profético en el sentido de que vivimos tiempos de falta de tolerancia, degradación”, señala Catalina Elena Dobre, autora de Max Picard. La filosofía como renacer espiritual.

Vivimos tiempos donde la creatividad y el conocimiento deben estar organizados de forma metódica para que sean útiles; esto ha pervertido el pensamiento filosófico pues éste se ha realizado con un lenguaje metódico, sin flexibilidad ni creatividad, lo cual el filósofo Max Picard reconocía como un signo de la automatización de la vida y la persona, explicó la escritora Catalina Elena Dobre durante la presentación digital del libro. 

“Donde hay creatividad no entran los cánones del sistema filosófico; Picard, siendo un médico de profesión, viene y nos ofrece una lección profunda y dolorosa al recordarnos que si despojamos el pensar filosófico de la creatividad, la libertad, la poesía y la contemplación, prácticamente sólo nos queda un instrumento para propaganda o cualquier otro tipo de ideología”. 

Durante la presentación de Max Picard. La filosofía como renacer espiritual (Editorial Gedisa) de Catalina Elena Dobre, la autora puntualizó que el filósofo suizo, de origen judío, nació en el siglo XIX y vivió también en el siglo XX, “el siglo de las grandes catástrofes”. “Fue contemporáneo de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, de Auschwitz, así como de la tecnologización, por lo que advertía el peligro de la degradación espiritual y moral del hombre”. 

Picard se dio cuenta que entre más nos apegamos al progreso y a la tecnología, más nos perdemos desde un punto de vista espiritual. No obstante, reconoció la doctora en filosofía, esto también lo dijeron filósofos como Kierkegaard, quien cuestionaba ¿de qué sirve perder el alma para ganar el mundo? 

“Picard tuvo un poco la misma intención y sabía que entre más nos apartamos de estas realidades originarias –lenguaje, silencio y rostro humano–, más nos vamos a deshumanizar. Es interesante que en la literatura filosófica, aunque hay algunos filósofos que escribieron sobre el silencio, Picard es el único que tiene un escrito especial al silencio”. 

SILENCIO. En 1958 John Milton Cage escribió una obra musical titulada 4'33" para hablar sobre el silencio, pero 10 años antes Max Picard escribía su Mundo del silencio a forma de una paradoja, en la que usaba la palabra como espejo para el silencio mismo. 

Al respecto, la también autora de La nostalgia de Cioran, explicó que en esa obra, Picard utiliza la palabra para expresar el valor del silencio como algo que nos une con lo divino y con lo invisible. “Picard entiende la realidad de forma peculiar, me recordó un poco de Platón, de Heráclito y de los Presocráticos, que tenían la sabiduría de entender que la realidad que vemos no es la única realidad, sino que lo visible es una extensión de lo invisible y para Picard la realidad es una unidad de lo visible y de lo invisible y por eso, para él, el silencio es una manifestación de lo divino en el mundo, en la realidad y en el hombre”. 

“El mensaje de Picard tiene que animarnos y enseñarnos que siempre hay una puerta abierta hacia lo que tiene realmente sentido” 

MODERNIDAD Y POSMODERNIDAD. Marx Picard también escribió sobre qué hacer en un mundo en el cual hemos matado a Dios, cuyo título puede ser La huida de Dios o La huida ante Dios, en el que expresa que cuando se huye de Dios, se huye de nuestra propia esencia, que es: el silencio, la palabra. 

“Picard entendió que en la posmodernidad, y en la actualidad, la presencia de Dios se vuelve muy incómoda, por lo que el hombre quiere escapar más y más de él. Para Picard, Dios era precisamente el equivalente al silencio, la palabra, el diálogo, lo duradero, a lo eterno en el hombre”.

“Lo que queda es un mundo fragmentado en el cual todo fluye con rapidez; un mundo donde la indiferencia se ha vuelto un modo de ser aprobado mutuamente; un mundo de la falta de diálogo, donde sólo la información instantánea importa y destacaba que el peligro de esta forma de pensar es que en cualquier momento se puede dar lugar a una dictadura, a una guerra, a la falta de tolerancia y ¿por qué no?, a la degradación moral y social”. 

“Picard fue un poco profético en el sentido de que vivimos tiempos de falta de tolerancia, degradación, en fin… Picard no confiaba en esta cultura de progreso, en esta cultura sumamente logocéntrica donde hay mucho ruido y pocas palabras; tampoco confiaba en las vanguardias porque sabía que éstas se transformaban inmediatamente en ideologías; y también le temía a la organización metódica del conocimiento”.

Por lo anterior, algunos autores consideran a Max Picard como un pesimista. No obstante, Catalina Elena Dobre lo reconoce como un “pensador optimista”, pues hace el esfuerzo de recuperar lo que hemos abandonado: lo divino, el lenguaje, la palabra y el rostro. “Al final del día, el mensaje de Picard tiene que animarnos y enseñarnos que siempre hay una puerta abierta hacia lo que tiene realmente sentido”.

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