Opinión


Sobre los propósitos para el 2020

Sobre los propósitos para el 2020 | La Crónica de Hoy

Gerardo Gamba

 

Nadie quiere cambiar el estilo de vida. La fila de la ventanilla para comprar medicamentos está saturada. Todos queremos un remedio fácil. Una pastilla que nos resuelva los problemas. Desde que se popularizaron los analgésicos para el dolor hace mas de 100 años, hemos aumentando la lista de problemas que queremos resolver con una tableta. Ahora que inicia el año, a la población mexicana le vendría muy bien asomarse a la evidencia científica para orientar su decisión sobre los propósitos de año nuevo. Dejar de fumar, tratar de llegar al peso ideal, utilizar bloqueadores solares y hacer ejercicio son acciones que están claramente relacionadas con aumento en la calidad y esperanza de vida. Sin embargo, implementarlas requiere de esfuerzo y disciplina. Requiere de cambio en el estilo de vida. Pero la fila en esa ventanilla está casi vacía.

Lo que ha sucedido en los últimos años en relación con la obesidad y las enfermedades crónicas no transmisibles, es una evidencia más de que la población en general no presta mucha atención a las evidencias científicas, cuando de salud se trata. Hemos sido testigos del incremento en el peso corporal de la población de nuestro país. Desde hace al menos una década el asunto está en los medios todos los días y se han implementados diversas campañas al respecto. “Pésate, muévete, mídete”, decía una. Pero los resultados de la Encuesta Nacional de Salud dados a conocer hacia finales del 2019 muestran que a la población no le llega el mensaje. Al parecer la gente piensa que la obesidad es un problema de los demás, pero no propio.

El sobrepeso ocurre cuando se tiene entre 25.1 y 30 de índice de masa corporal. Ésta se obtiene al dividir el peso en kilogramos, sobre la estatura en metros al cuadrado (peso en kg/estatura en M2).  Una forma mas fácil de saber si uno está en el peso adecuado es que un adulto en general debe de pesar en kilogramos un número cercano a los centímetros que tenga después de un metro de estatura. Así, alguien que mida 1.75 metros debe pesar máximo 75 kg.  La obesidad se diagnostica cuando el índice de masa corporal es mayor a 30 y le llamamos obesidad mórbida cuando es mayor a 40.

En el 2012 el 71.3 % de los adultos mayores de 20 años tenía sobrepeso y obesidad.  Este porcentaje aumentó a 75.2 % en 2018. En efecto, si uno se sienta a ver pasar personas en un centro comercial o en la playa, 3 de cada 4 están con sobrepeso u obesidad. El asunto también afecta a los adolescentes y a los niños. La obesidad y sobrepeso en la adolescencia pasó del 34.9 % en 2012 a 38.4 % en 2018 mientras que en los niños pasó de 34.4 % en 2012 a ­35.­6 % en 2018. Esto sugiere que las campañas no han servido de mucho. Como la obesidad se asocia con la hipertensión arterial, esta última también ha aumentado y sabemos que el factor de riesgo para muerte número 1 en el mundo es la hipertensión arterial.

El tabaquismo es una actividad humana que está claramente relacionada con diversos efectos en la salud. Aumenta el riesgo de ateroesclerosis y por lo tanto de infartos cerebrales o del miocardio. Incrementa el riesgo de una diversidad de cánceres en múltiples órganos, varios de ellos muy agresivos y produce un número importante de enfermedades pulmonares. Pero hay gente que dice: “yo conozco a un tío que fumó 60 años y no le pasó nada”, a lo cual generalmente replico con la analogía de que “yo conozco a un amigo que ha manejado borracho y no le ha pasado nada”.

En el medio en el que yo me muevo, que es el de la salud, hemos visto afortunadamente una reducción considerable en el tabaquismo. En las reuniones sociales de mi gremio a las que acudo, a ratos parece que el tabaquismo ya dejó de existir. Sin embargo, en otros sectores parece que no les llega el mensaje. Tengo amigos en disciplinas diferentes a la salud y cuando tengo el gusto de que me inviten a algún evento social, parece que me transporto a otro mundo en donde el concepto de que el tabaco hace daño no les ha llegado. Un conocido me dijo un día, con un cigarro en la boca, que él no tomaba del refresco gaseoso sin azúcar que viene en una lata de color negro, porque le dijeron que da cáncer. No es raro que la gente escoja a qué restaurante ir en el fin de semana considereando si tiene o no terraza para fumar, independientemente de la calidad de los alimentos.

Finalmente, hacemos lo mismo con los bloqueadores solares. Sabemos que son buenos para protegernos de las radiaciones ultravioleta que incrementan el riesgo de cáncer y otras enfermedades, pero sólo los utilizamos cuando vamos a la playa. Confieso que me incluyo en este último grupo.

Invito a los lectores a que se basen en las evidencias científicas para tomar una decisión sobre los propósitos para el año nuevo y que se inclinen por aquellos que les van a traer beneficios a lo largo del resto que les queda de vida. Dejar de fumar, si lo hacen. Iniciar y consolidar una rutina de ejercicio, de preferencia cardiovascular. Observar una dieta, que junto con el ejercicio, les permita bajar de peso y utilizar bloqueador solar, aunque no estemos en la playa. Si llegamos al final del año sin fumar, con una rutina de ejercicio establecida, con presión arterial menor a 130/90, con índice de masa corporal de 25 o menos y ya utilizamos el bloqueador en forma rutinaria, créanme que será el año mas provechoso de sus vidas. Se requiere sin embargo. hacer lo más difícil que hay: cambiar el estilo de vida.

 

Unidad de Fisiología Molecular, Instituto de Investigaciones Biomédicas, UNAM e Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán

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