Opinión


Suerte con el viraje a la izquierda

Suerte con el viraje a la izquierda | La Crónica de Hoy

Entre 1920 y 1934 el territorio mexicano y particularmente la Ciudad de México, fue un sitio de intensa actividad y acogida de militantes de la izquierda latinoamericana. Sebastián Rivera sostiene que dichos militantes desplegaron sus prácticas políticas, conspiraron en contra de los gobiernos de sus países, debatieron proyectos revolucionarios, se prepararon intelectualmente para los desafíos que les esperaban y elaboraron mecanismos de comunicación y difusión de sus propias ideas.  Para 1930-1934, la presencia de izquierdistas latinoamericanos fue cada vez menor en buena medida por que México dejó de ser visto como un espacio políticamente solidario. (Militantes de la izquierda latinoamericana en México, 1920-1934, El Colegio de México-SRE, 2018, 488 p.)  Varias décadas después, México vuelve a ser novedad para las izquierdas regionales e internacionales. En esta ocasión como centro de atención —y de ser exitoso ejemplo a seguir— en el despliegue de acciones y procesos promovidos desde el gobierno mismo y no al margen de él. El triunfo electoral del movimiento social y político encabezado por el ahora presidente mexicano, representa un hecho histórico en sí mismo tanto por ser la primera ocasión en que la izquierda accede al poder nacional por la vía democrática, como por el hecho de que se le ha encargado al presidente, a su movimiento y aliados (algunos demasiados peculiares, por decirlo de alguna manera), el saneamiento del país, hundido en la inoperancia política y la corrupción, caminando en profunda disparidad económica y social, y moviéndose en los senderos de una violencia inusitada, asociada a la delincuencia y el narcotráfico, en un contexto en el que las condiciones del país lucen poco favorables dada la evidente dependencia del país con su vecino del norte y la hostilidad del gobierno trumpista, entre otros graves problemas que aquejan al mundo y al país por extensión.

Jean-Luc Mélenchon, prominente dirigente de la izquierda francesa, ha externado su interés por el hecho político que representa dicho triunfo a nivel continental e incluso mundial. Claramente no es un proceso uniforme, pues si bien goza de apoyo mayoritario, el proyecto no concita el consenso de todos los mexicanos. Como lo hemos dicho en varias columnas, las izquierdas no son monolíticas, ni poseen una sola visión, demás está elaborar sobre su dogmatismo, pero probablemente un elemento que inquieta más de la cuenta, es la decepción que han dejado distintas experiencias recientes de gobierno de izquierdas (el caso de Syriza en Grecia, por ejemplo). Otro elemento de peso pesado, es el escepticismo, con su respectiva dosis de reticencia, prevaleciente en ciertos grupos nacionales. Tal vez no podría ser de otra manera, ya que parecería natural desde una perspectiva, esperar la desconfianza respecto del proyecto lópezobradorista de sectores que han gozado de privilegios en el país al amparo de condiciones como las descritas anteriormente. Al final, las izquierdas se definen por su oposición al capital y a los privilegios. No parecería ser una mera cuestión de opiniones. A nivel de la praxis, en México, esos grupos privilegiados o poderes fácticos, no poseen la experiencia de lidiar con una izquierda hecha gobierno nacional —justo es decir que tampoco la izquierda con ellos desde esta nueva posición. Cabe suponer que tampoco están acostumbrados a buscar las condiciones para una sociedad más equitativa. La historia del país está plagada de ejemplos en ese sentido. Nuestra pobreza, subdesarrollo y autoritarismo son de viejo cuño frente a la historia más breve de avance democrático. Por decirlo fácil, aquí no ha habido, como a la española, una experiencia de transición política acelerada con un partido socialista gobernando por la vía electoral por largos años. Tampoco el país ha experimentado la alternancia política en condiciones de igualdad y maduración democrática de ese u otro estilo. En buena medida, tras el triunfo de AMLO, nos encontramos, como gusta decir a los expertos, en territorio inexplorado, con un compás de navegación que no gusta a todos. De manera que el reto es enorme y la oportunidad extraordinaria. Guste o no habrá que buscar la manera de avanzar considerando todos los puntos de vista.

Noam Chomsky ha planteado que el modelo predominante en el mundo se encuentra en desaparición, pero el nuevo no ha tomado forma a pesar de que fuerzas contradictorias contienden en esta especie de transición. El esfuerzo en favor de un mundo más equitativo y libre debe ser perseguido permanente y sistemáticamente pues no sucederá espontáneamente. En las condiciones actuales, es necesario crear algún tipo de esperanza y seguridad de que un futuro mejor es posible para las personas y las sociedades. Tal vez con ello en mente, al referirse al triunfo de AMLO, José Mujica externó con optimismo un “suerte México, y contigo la suerte de nuestra América” (videocolumna de 25julio2018, reproducida en www.newsweekespanol.com)

Seguiremos con reflexiones grosso modo.

 

gpuenteo@hotmail.com

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