Cultura


Tenayuca II, el sitio arqueológico cercado por una unidad habitacional

El fraccionamiento Izcalli Pirámide II se compone de 640 departamentos divididos en 64 edificios que rodean tres cuartas partes del sitio arqueológico

Tenayuca II, el sitio arqueológico cercado por una unidad habitacional | La Crónica de Hoy

Antes de 1986, el sitio arqueológico permanecía sin cerco alguno. Las personas que crecieron y jugaron en su infancia, ahora han creado mitos en torno al lugar

Los primeros residentes de la unidad habitacional Izcalli Pirámide II jugaron en los vestigios del sitio arqueológico de Tenayuca II hasta 1986, año en que se cercó la zona. Con el paso del tiempo se terminaron sus incursiones, pero crearon una serie de historias tales como que hay túneles que lo conectan con el Templo Mayor o que se escuchan los tambores de los ritos prehispánicos.

“En 1985, cuando se construyó la unidad cercana a la pirámide de Tenayuca II, comenzó una exploración en la que quedó la zona como parte de la unidad habitacional Izcalli Pirámide II, vigilada por los vecinos, custodiada por el INAH”, explicó en entrevista Beatriz Zúñiga Bárcenas, arqueóloga del Instituto Nacional de Antropología e Historia.

A diez kilómetros de la Ciudad de México, 640 departamentos divididos en 64 edificios rodean tres cuartas partes del sitio arqueológico. Tenayuca II fue una zona habitacional chichimeca. Su fundador fue Xólotl en el año 1250.  “Hay una distribución de cuartos en tres niveles y escaleras, y su arquitectura debe analizarse a detalle porque no sabemos bien lo que eran”, agregó la especialista.

Esta pirámide, 769 años después de que fuera habitada por grupos chichimecas,  pasó a formar parte del paisaje urbano del norte de la Ciudad de México, siempre a la sombra de Tenayuca I; sin embargo, los primeros habitantes que llegaron a Izcalli Pirámide II en 1985, la reconocen como importante en su entorno.

 “Quisiéramos volver a lo nuestra imagen original, a lo que fuimos, pero es imposible quitar la mancha urbana. Esta pirámide simboliza los recuerdos de mi padre, lo que él me contaba sobre los años 40 del siglo pasado, tiempo en que las carretas llegaban a Tenayuca. Aquí se reunían los tlachiqueros —pulqueros—, entre otros, quienes llegaban a vender su producto y visitar la pirámide grande”, expresó el vecino José Luis Arrieta.

“Llegué a la unidad en 1986. En ese tiempo la zona arqueológica estaba totalmente descubierta. Era un recreo para los niños y las amas de casa. La mayoría de quienes llegamos aquí éramos matrimonios jóvenes que teníamos uno o dos hijos.  Mi señora bajaba con los chiquillos a jugar hasta el atardecer. A veces bajaban 8 o 10 familias. Con el tiempo se dañó la zona y ése fue un motivo para que se bardeara”.

Juliana León Hernández, vecina de la zona, fue una de esas niñas que jugó dentro de la pirámide “como si fuera un patio”. Llegó desde los 5 años. “Antes íbamos y nos sentábamos o  nos dejábamos rodar por la pirámide. Podías entrar a la hora que tú quisieras. Yo iba con mis papás y mis hermanos, pero había como unos 20 niños más”.

Juliana coincide en el maltrato que representó para la pirámide el que no tuviera ninguna protección y que los vecinos pudieran visitarla a cualquier hora. “Lo mejor fue que la delimitaran para que no se vayan robar las piezas importantes”.

Luis Carmona Girón, custodio de la zona arqueológica, señala que desde el 2007 no ha existido vandalismo en la zona, “lo único que llega a suceder es que se vuelan las pelotas y se saltan la malla para recuperarlas”.

Para ordenar el acceso y darle más visibilidad, en 1986 se bardeó la pirámide; sin embargo, el esfuerzo sólo duró tres años y ahora se abre pocas veces al público. “Desde que la bardearon no voy a la zona, ¿sabes por qué? porque no dejan. Casi siempre está cerrada. A veces vienen extranjeros o camiones del municipio, entonces la abren”, señaló José Luis Arrieta.

Actualmente no es muy visitada, sin embargo, aún hay vecinos que anhelan el que la pirámide tenga el lugar que se merece. “Nunca le han dado el valor ni publicidad que le corresponde. Como vecinos siempre hemos estado al pendiente de la zona”, añadió José Luis.

HISTORIAS. La pirámide fue un elemento para desbordar la imaginación de los niños que crecieron jugando en los vestigios.

“Comenzaron como juegos de chiquillos. Mis hermanos decían que si me quedaba hasta la noche podría escuchar los tambores de los ritos prehispánicos. Una vez me escapé con mis amigos y sí, los escuchamos, pero estábamos chamacos”, dijo Juliana.

Otra de las historias que se han pasado de boca en boca es la existencia de restos humanos de la cultura que nos antecedió. César Sánchez, recordó: “Cuando era pequeño, estoy casi seguro que estaban excavando junto de la zona arqueológica, en la intersección entre la calle de la pirámide, el mercado y la pendiente. Me acuerdo que iba con mi papá y me dijo ‘mira, están sacando huesos’ y sí, efectivamente, habían dos personas que excavaban. Creo que eran del INAH”.

En ese mismo sitio, el custodio de la zona explica que hubo algunas excavaciones en las que se encontraron restos de un mamut, aunque tampoco lo puede confirmar porque recientemente se hicieron calas y no se encontró rastro alguno.

Como parte de los relatos que transitan alrededor de la pirámide, se dice que hay una serie de túneles que la conectan con diferentes pirámides. “Todo el mundo dice que hay uno que conecta Tenayuca I con Tenayuca II y Santa Cecilia, pero no se ha verificado”, señala Luis Carmona, a lo que José Luis, añade “los túneles conectan con la catedral de Tlalnepantla“. El vecino Ricardo Gómez incluso asegura que “llegan hasta el Templo Mayor, al Zócalo.”

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