Opinión


"The Economist" y López Obrador

La revista británica The Economist dedicó su artículo de portada (27/05/2021) a quien llamó “El falso mesías de México”. El subtítulo dice: “Los votantes mexicanos deben frenar a un presidente hambriento de poder.” Quienes conocen el estilo de redacción anglosajón saben la importancia que en esta lengua tiene lo que se denomina “the main paragraph” (el párrafo principal) y, sobre todo, la última línea de ese párrafo que es, de hecho, la que orienta todo el mensaje. Esa línea definitoria dice: “En su haber, López Obrador habla claro, fuerte y con frecuencia de los desposeídos de México, y, personalmente, no es corrupto. Sin embargo, es un peligro para la democracia mexicana.”

The Economist no es una más de las muchas publicaciones que circulan en el mundo. Tiene una influencia notable en los cinco continentes; ha ganado prestigio con base en su tradición (fue fundada en 1843) y de cubrir con profesionalismo una serie de temas que fue incluyendo en sus páginas a lo largo del tiempo: economía política, finanzas, comercio, editoriales, reportes especiales, política internacional, pandemias, problemas sociales, cartas de los lectores, crítica literaria y artística, presentación de libros y películas, innovación tecnológica. En el espectro político está ubicada en el centro. Goza de una enorme audiencia: entre su edición impresa y las diversas plataformas digitales en las que tiene presencia se calcula que la leen alrededor de 35 millones de personas. Influye, especialmente, en los círculos académicos, intelectuales, en las élites políticas y financieras. Ha recibido innumerables premios y distinciones.

En este artículo sobre “el falso mesías mexicano”, The Economist afirma: “En un mundo plagado de populistas autoritarios, el presidente de México de alguna manera ha logrado eludir los reflectores.” Por lo general se mencionan a personajes como Viktor Orban de Hungría, Narendra Modi de India o Jair Bolsonaro de Brasil. Pero, ahora, con la influencia y cobertura internacionales de esta revista, el tabasqueño a sido descubierto y puesto en evidencia: sus jugarretas y marrullerías ya no se quedarán en casa: serán vistas y denunciadas por muchas publicaciones (no sólo norteamericanas) y, sobre todo, por las redes sociales. Eso es lo que, acaso, más le dolió al hombre de Macuspana. Por eso despotricó contra The Economist calificándola como “majadera y muy grosera”, además de defensora del neoliberalismo.

El editorial en cuestión señala: “El desdén del presidente por las leyes es una de las razones por las cuales las elecciones del 6 de junio son importantes.” El tabasqueño no estará en las boletas, pero es mucho lo que estará en juego el próximo domingo: la Cámara de diputados completa (500 curules), 15 gubernaturas, 30 congresos locales, 1,926 presidencias municipales y 16 alcaldías de la Ciudad de México. Por eso, en el artículo en cuestión se lee: “Los votantes tienen la oportunidad de frenar a su presidente rechazando a su partido Morena.”

The Economist, reconoce que López Obrador: “Ha hecho cosas buenas como aumentar las pensiones, subsidiar la capacitación de los jóvenes…ha mantenido bajo control el gasto público y la deuda de manera que los niveles de crédito para México se mantienen tolerablemente firmes. Sin embargo, sufre de lo que, el periodista venezolano, Moisés Naím, llama ‘necrofilia ideológica’—el amor por ideas que han sido puestas en práctica y han fracasado.” Por ejemplo, AMLO añora la época de auge del petróleo, o sea, los años setenta y ochenta cuando el monopolio del Estado sobre los hidrocarburos, aparentemente, enriqueció al país; pero, la irresponsabilidad, el autoritarismo, la necedad y las extravagancias de los presidentes de aquél entonces llevaron al país a la ruina.

Otro asunto extremadamente peligroso es que le está encomendando al Ejército muchas cosas: la construcción del aeropuerto “General Felipe Ángeles”, el manejo de las aduanas, el control de la seguridad pública: “En otros países, invitar a las fuerzas armadas a manejar cuantiosas sumas de dinero público con escasa supervisión ha mostrado ser catastrófico como cualquier egipcio o paquistaní lo puede atestiguar. Pero López Obrador es conocido por no escuchar consejos, su eslogan en las reuniones de gabinete es “cállate” (en español en el original) (shut up).”  

The Economist destaca la conseja obradorista frente a la violencia de los cárteles: “abrazos y no balazos.” Por mi parte, considero que ese dicho ha quedado en ridículo frente al número de candidatos a puestos de elección popular y políticos que han sido asesinados por el crimen organizado. A esto hay que sumar a quienes han sido secuestrados y/o amenazados para que retiren sus candidaturas.

 La bandera propagandística predilecta de Andrés Manuel ha sido la lucha contra la corrupción. Empero, vemos que poco o nada se ha hecho por combatirla. Seguimos igual o peor que antes: allí están los casos de Manuel Bartlett, su hermano Pio, su prima Felipa y Félix Salgado Macedonio.

Un aspecto que también destaca The Economist es la polarización provocada por AMLO: “el pueblo”, quienes lo apoyan; “los conservadores” quienes están en su contra.

Por último, The Economist, resalta la forma lenta y errática en que AMLO reaccionó frente a la pandemia del Covid-19.

            El Rey desnudo. ¡Vaya exhibida!

 

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