Opinión


Tienen marido y saben latín

Tienen marido y saben latín | La Crónica de Hoy

A  él lo recuerdo muy bien, era alto, esbelto, de pelo rojizo y, si la memoria no me traiciona, llevaba barba y era el director de Prensa Extranjera de la cancillería cuando yo, mexicana hasta los huesos, trabajaba como corresponsal de The Associated Press y por eso debía tratar con Agustín Gutiérrez Canet, hoy día columnista del diario Milenio y mi vecino de barrio en Washington, DC.

Diplomático de carrera, entre muchas otras actividades y cargos, fue después director de Comunicación Social de la Secretaría de Relaciones Exteriores, consejero de la embajada en Italia; representante alterno de México ante la FAO, jefe de cancillería de la embajada en España, cónsul general en Hong Kong y Macao, embajador en Irlanda, luego en Finlandia y Estonia y su último puesto antes de jubilarse, fue embajador en Bucarest.

Actualmente está de regreso en esta capital, donde de muy joven trabajó como corresponsal, ya que su esposa, Martha Bárcena Coqui, es la primera mujer embajadora de México ante el gobierno de Donald Trump. De ella —dice— “estoy sumamente orgulloso, no sólo por su experiencia, sino porque se ha sabido ganar el respeto de la Casa Blanca, del Congreso, del Departamento de Estado, de la Iniciativa Privada y de la comunidad mexicana aquí”.

Y es que, éstos son definitivamente otros tiempos, la mujer mexicana y de muchos otros países ha logrado abrirse camino en un mundo que hasta hace poco era predominantemente masculino; y sus esposos y sus naciones las respaldan y aunque  todavía, sobre todo en la diplomacia y la política, no están en número a la par del hombre y en muchos casos en sueldo, sí han dejado de estar relegadas al papel de acompañante social del marido.

En el caso del embajador Gutiérrez Canet y la señora Bárcena Coqui, ellos fueron la primera pareja del Servicio Exterior Mexicano que ambos han sido embajadores al mismo tiempo, empezando cuando ella fue nombrada embajadora en Dinamarca, concurrente con Noruega e Islandia y el embajador ante el gobierno de Helsinki. De hecho, hubo un tiempo en que ella vivía en Copenhague; él, en Finlandia, mientras sus hijas, una estudiaba en Londres y la otra en Ámsterdam.

La embajadora de México, aunque no muchas, tiene varias colegas en Washington, donde de 177 embajadas, el número de mujeres embajadoras  nunca ha pasado de 30 y en la actualidad difícilmente llega a las dos docenas. Destaca el caso de la recién nombrada embajadora  de Arabia Saudita, la princesa Reema bint Bandar bin Sultan, también primera representante mujer de su país, un lugar donde, hasta hace poco, las mujeres no podían manejar y tienen que salir a la calle cubiertas y acompañadas por un varón.

Graduada de la Universidad George Washington en esta ciudad, donde su padre fue embajador durante 15 años, su designación ha sido interpretada como un gran esfuerzo de Riyad por parecer que está abriendo oportunidades de género.

 Por otra parte, paradójicamente, mientras Estados Unidos tiene un presidente con una reputación controversial con mujeres e incluso acusaciones de infidelidad y acoso sexual, el Congreso tiene por primera vez 102 mujeres en la Cámara de Representantes, en comparación con 1992, el llamado Año de la Mujer,  cuando sólo había 27 mujeres electas en ambas cámaras.

 Actualmente, el Congreso estadunidense tiene a la primera mujer de religión musulmana, Rashida Tlaib de Michigan; la primera abiertamente lesbiana, Sharice Davids de Kansas; la primera nativa americana, Debra Haaland de Nuevo México; y las dos diputadas más jóvenes en la historia, Alexandra Ocasio-Cortés y Abby Finkenauer, ambas de 29 años de edad.

México a su vez, tiene un Congreso con igual número de hombres y mujeres y embajadoras mujeres no sólo ante la Casa Blanca y la OEA (Luz Elena Baños), sino en al menos otros 12 países, entre ellos algunos donde la mujer está relegada a segundo plano, como es el caso de Qatar (Graciela Gómez), los Emiratos Arabes, (Francisca Méndez Escobar), Marruecos (Mabel Gómez), y en sitios claves como Madrid, (Roberta Lajous), Rusia (Norma Pensado) y Japón (Melba Pría).

Eso y el hecho de que en España el gobierno esté actualmente integrado por un gabinete con mas mujeres que hombres desde que es democracia  y que la primera ministra de Nueva Zelanda, Jacinda Ardern,  haya dado a luz a una hija estando en el cargo, dejan claro que el conocido refrán de que “Mujer que sabe latín, ni tiene marido ni tiene buen fin”,  es anticuado, sexista y de risa.

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